Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La diosa de la luna - Capítulo 97

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La diosa de la luna
  4. Capítulo 97 - Capítulo 97: Capítulo 39: El nuevo portal
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 97: Capítulo 39: El nuevo portal

Mi cabeza dolía, daba vueltas sin parar. Poco a poco comencé a recuperar cada uno de mis sentidos, sentí bajo mi cuerpo el frío césped y agua alrededor de mi cabeza.

—Majestad. —escuché que gritó Eriol un poco más lejos de donde me encontraba.

Sus manos tomaron mis hombros para girarme, hice una mueca de dolor. Al abrir los ojos observé su rostro sobre el mío con una noche nublada detrás de él, se veía preocupado con miedo en sus ojos. Me levanté de golpe al recordar que los atacantes nos habían abierto un portal, pero no tenía idea de adonde nos había llevado.

Llevé mi mano a donde me dolía para sentir mi mano llena de sangre, miré a mi alrededor y el agua que había sentido era eso mismo, a mi lado había una piedra con la cual suponía que me había caído al llegar. Alena, la guardiana de Seiko, noté que era sanadora por como trataba la herida de Atlas, mientras Seiko y Luca, el guardián de Atlas observaban.

Cuando Alena paró la sangre de Atlas, que la herida se había abierto más con el impacto, se acercó a mí. Seiko trajo un poco de agua, quizá había alguna fuente cercana y con ella limpió mi herida en la parte de atrás de mi cabeza, mi cabello estaba teñido de rojo que se fue poco a poco con el agua. Alena puso sus manos en mi herida, pude sentir como iba extrayendo el dolor que sentía y sanando la herida poco a poco. Todos observaban con detalle lo que Alena hacía, me parecía curioso el simple hecho que ella hubiera decidido unirse al ejército en lugar de los curadores, pero en la vida cada uno es libre de decidir qué hacer y ni siquiera unos poderes podían alejarnos de lo que realmente queremos. Al finalizar, Eriol me ayudó a levantarme, el dolor se había ido, sabía que la herida continuaba allí, aunque no doliera.

—¿Dónde estamos? —pregunté.

Luca puso su mano en el piso y cerró sus ojos, para responder: —No muy lejos hay un pueblo.

Era un giroa.

—Señor Gerlaria, ¿aún tiene polvo apertio con usted? —pregunté.

Él buscó entre los bolsillos de su uniforme y sacó una bolsita negra, hace mucho le había pedido que mantuviera un poco de polvo apertio en tal caso que algún ataque donde debamos huir, nunca pensé que en algún momento lo utilizaríamos. Tomó el último rastro de polvo dorado que le quedaba, después de la visita a su padre, pronunció en voz alta nuestro destino al palacio aureum y lanzó el polvo frente a nosotros, pero sorpresivamente nada ocurrió.

Ninguno contradijo los pasos que había seguido para abrir el portal puesto que era la única forma conocida y la única forma en la que se realizaba, pero todos quedamos sorprendidos al ver que nada ocurrió, había sido nuestra última esperanza, no teníamos más polvo apertio con nosotros y debíamos volver al palacio para tomar de nuevo el mando, proteger a nuestro pueblo, teníamos que encontrar una manera de regresar.

—Podemos buscar el bazar más cercano. —sugirió Luca.

—¿Alguien tiene algunas emas? —preguntó Seiko.

Éramos reyes, siempre que salía del palacio nunca me preocupaba por cargar algo de emas conmigo, no hasta ahora. Fueron los guardianes quienes revisaron sus bolsillos para asegurarse que tuviéramos un poco de emas para poder comprar el polvo apertio, pero claro, no teníamos ni idea del valor que pudiera tener.

Después que entre los tres guardianes reunieran las emas que tenían, comenzamos a caminar para poder salir del bosque, la noche se sentía un poco más fría que de costumbre, a los pocos minutos comenzó a nevar. Seiko y yo nos miramos, si bien cualquiera de las dos podía ocasionar lluvias con nuestras emociones, no tenía idea de cómo ocasionar nieve, pero sabía que podía hacerlo, por lo que era solo producto del clima y eso solo sucedía en la frontera de Crystal y Kisha, continuamos caminando hasta que llegamos a la salida del bosque.

No estábamos en un pueblo y comenzaba a dudar que nos encontráramos en Hirina, las casas en Hirina se encontraban hechas de piedras gruesas que con el paso del tiempo le comenzaban a salir plantas entre las divisiones lo que provocaba un aspecto muy hermoso y hogareño, con chimeneas para cocinar y sus tejas realizadas en barro para el techo, solían ser muy amplias y dependiendo del lugar, se encontraban muy alejadas las unas a las otras, pero aquí era diferente, el aspecto de la casa era muy geométrico, liso, sin plantas o incluso arboles a su alrededor, sin chimeneas y completamente iluminadas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo