La diosa de la luna - Capítulo 98
- Inicio
- Todas las novelas
- La diosa de la luna
- Capítulo 98 - Capítulo 98: Capítulo 39: El nuevo portal_2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 98: Capítulo 39: El nuevo portal_2
Las pocas personas que transitaban por allí nos observaban muy extraño, pero incluso ellos se veían ajenos a nosotros por su vestimenta…
—No estamos en Hirina… —puntualizó Atlas sacándome de mis pensamientos.
Al parecer no era la única que lo notaba, me empecé a preocupar, teníamos que llegar al palacio para tomar el control, ¿qué le sucedería al pueblo? Además, porque Hirina nos necesitaba no solo por lo que estaba ocurriendo, sino porque ella se nutre y subsiste con nuestra energía, todo el tiempo aun cuando dormimos le pasamos energía a Hirina para que las tierras y los océanos puedan tener mucha vitalidad, pero en estos momentos y de una forma muy irónica, los elementales agua y tierra, además del astro se encontraba fuera de ella.
—Caminemos, quizá podamos encontrar algo que nos ayude. —comenté.
Todos se veían muy asustados, saber que no estábamos en Hirina era algo que temer. No sabía como se había dado la posibilidad de salir, puesto que no era una magia muy conocida, sin embargo, sabía que las diosas habían nacido en otra dimensión, luego crearon a Hirina para no solo protegerse a ellas mismas sino todas aquellas criaturas mágicas. Desde hace muchos años no se conoce la posibilidad de que alguien haya salido o entrado de Hirina, no tenía los suficientes conocimientos como para tener alguna idea de como regresar, solo… no quería creer que fuera cierto.
Las personas nos miraban muy extraño, caminamos en línea recta buscando obtener alguna señal o indicio que pudiera decirnos donde estábamos o como llegar a Sylvara, en el camino vimos lo que parecía ser una taberna, pero al estilo de Hirina. Todos se emocionaron, los guardianes acordaron preguntar ellos por un bazar cercano donde pudiéramos comprar polvo apertio. Al entrar, el cantinero nos detalló, vi como Eriol se acercó al mostrador, cruzó unas palabras con el hombre que se reía con cada cosa que Eriol decía, hasta que se regreso a nosotros.
—El hombre no tiene ni idea de lo que le estoy pidiendo. —comentó Eriol.
—Dice que no sabe que es un polvo apertio. —dijo Alena. —¿Es eso posible?
No sabía ya que hacer, me sentía desesperada, así que decidí salir de la taberna, el olor allí dentro era nauseabundo. De una de las calles salió una mujer, su rostro me pareció familiar, pero no recordaba de donde, se le veía un poco pálida y sorprendida, se colocó cerca de nosotros.
—Hirinarios. —susurró ella.
Hace muchísimo tiempo que nadie utilizaba ese término, normalmente se usaba cuando llegaban personas de otras partes, para referirse a los locales, como hace mucho las visitas de mundo lejano dejaron de hacerse, por eso no se volvió a usar.
—Los ayudaré. —dijo la mujer.
Nosotros nos observamos ante sus palabras, no teníamos idea de donde nos encontrábamos y la mayoría de las personas nos observaban extraño, pero ella incluso había sido la única que se había acercado a nosotros para ofrecer su ayuda. Di un paso hacia adelante como para escuchar lo que tenía para decirnos, pero Eriol me puso su mano en mi hombro.
—¿Qué hace, majestad? —preguntó él a mi oído. —En momentos así no podemos fiarnos de cualquiera.
—Sé que no, pero es la única persona hasta ahora que nos ha brindado ayuda, además que nos ha llamado hirinarios. —le respondí.
Observé a Seiko y Atlas, ellos no opinaban algo, estaban igual que todos los demás y aunque no se le notaran, también estábamos todos asustados.
—¿Cómo puede ayudarnos? —pregunté.
—Reina. —dijo ella haciendo una reverencia. —Sé quiénes son, pero no es seguro que estemos aquí, entren a mi casa.
Señaló la calle por donde había llegado, ya que no teníamos más opciones decidimos seguirla. Su casa por fuera era igual a todas las demás, al ingresar, se le veía como una casa en Hirina, con muros de piedra y los muebles realizados en madera tallada a mano con diseños florales, nos sentamos en su sofá con poco incomodos, pero sintiéndonos seguros y ella nos ofreció agua, desapareció de la sala y cuando volvió trajo consigo un libro un poco pesado en sus manos, se le veía un poco emocionada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com