La diosa de la luna - Capítulo 99
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Capítulo 99: Capítulo 39: El nuevo portal_3
—Lo lamento, es que hace mucho que no estoy en Hirina, supongo que sigue siendo igual que siempre. —comentó ella hojeando un poco del libro. —Nunca se había visto a hirinarios por estos lugares, ¿qué les ocurrió?
—Nos atacaron. —respondió Seiko. —Uno de ellos abrió un portal de una forma diferente a la que conocemos.
—¿Algo como esto? —preguntó la mujer señalando algo en el libro, la misma esfera dibujada, nosotros asentimos a su pregunta. —Es una esfera locus. A diferencia del polvo apertio que ustedes conocen, esta esfera te permite viajar entre dimensiones.
—¿Dimensiones? —preguntó Luca sorprendido. —¿Quiere decir que estamos en otra dimensión?
—Así es.
—¿Cómo podemos volver, señorita…? —preguntó Atlas.
—Oh, lo lamento, no nos presentamos. —dijo la mujer levantándose, sujetando el libro entre sus manos. —Mi nombre es Runa Odola.
Se detuvo, por pocos segundos, pero sentí como mi corazón se detuvo y comenzó a pesar como si tuviera una piedra en lugar de un corazón, cuando pronunció esas palabras me levanté rápido de donde estaba, ya sabía porque su rostro me resultaba familiar, Ailis Rega me había mostrado un retrato de ella cuando estuvimos en su casa, no era mi madre… pero, era mi tía.
—Un placer, señorita Odola. —respondió Atlas. —Soy Atlas Skov, descendiente de Agnes.
—Mi nombre es Seiko Misu, descendiente de Crystal.
—Mi nombre es Agatha Iluna, descendiente de Amaris.
Atlas comenzó a hablar, presentó a los guardianes a la mujer, pero ella me observaba con mucho curiosidad, algo en su mente quizá hizo un chasquido porque su mirada cambió por completo y dejó caer el libro que sostenía, sus ojos se nublaron un poco y salió de la sala.
—¿Qué le ocurrió? —preguntó Seiko.
Atlas y ella comenzaron a hablar sobre las opciones que podríamos tener para volver a Hirina lo antes posible, cuando ella llegó con un papel en sus manos y me lo extendió, era una carta escrita a mano, estaba arrugada con un papel bastante áspero, se le veía un poco vieja por el paso del tiempo, comencé a leerla:
“Querida Runa,
Sé que fui una mala hermana en el pasado, pero ahora te necesito, necesito la ayuda de mi hermana. Verás, hace un tiempo conocí a alguien, un hombre maravilloso en mi vida, se llama Nathaniel Iluna, te agradará mucho, lamentablemente su pasado se encuentra lleno de dificultades, igual que el nuestro, pero a diferencia que a él estos problemas lo siguen atormentando hoy en día.
Hace mucho que no nos vemos, quería contarte también la noticia, ¡vas a ser tía! Si es niña se llamará Agatha y si es niño Magnus, estoy segura de que te encantará conocerlo y estar con él/ella.
Mi petición es por eso, Runa. Nathaniel, el bebé y yo nos encontramos en un peligro que no te puedo explicar en la carta, necesito que vengas lo antes posible a la mansión, el bebé está por nacer, sé que tienes los medios para venir, no puedo acudir a un sanador local, te lo suplico.”
Le extendí la carta de regreso, mis manos temblaban por el contenido de la carta, ¿por qué no fue a ayudarla?, si hubiera ido lo más seguro es que todavía siguiera con vida. No sabía que sentir al respecto, tenía un océano en mi pecho repleto de sentimientos que no lograba entender, tenía las ganas de llorar, pero no era capaz de hacerlo.
Al notar que no decía algo al respecto, aclaró su garganta y sus ojos se devolvieron al libro.
—Puedo ayudarlos a regresar. —dijo ella. —Existen tres maneras, de las cuales solo podemos usar dos.
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