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La Dyalquimista - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 El tomo de Aldamer - Parte 1
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15: El tomo de Aldamer – Parte 1 15: El tomo de Aldamer – Parte 1 Los pies de Stelian tocaron el andén tras bajar por la escalerilla del tren, levantando un polvillo a su alrededor.

Era un muchacho rubio, con un flequillo gracioso y ondulado que le caía por la frente y una coleta alta que recogía el resto del cabello.

Los ojos, de un celeste limpio, resaltaban sobre unas pecas salpicadas en las mejillas.

La chaqueta de viaje mostraba remiendos recientes y en el bolsillo asomaba una nota arrugada.

Abrió los brazos como quien estrena la mañana y dejó que el aire fresco le llenara el pecho.

Luego apuntó su entusiasmo hacia el guardia ferroviario que custodiaba la puerta del tren, un hombre de chaleco raído y barba corta que luchaba contra el sueño.

—¡Hola, señor!

¡Soy Stelian Gibwhoop, Grafista matriculado!

¿Sabe hacia dónde queda Blutmar?

El hombre apenas levantó la cabeza.

Con un gesto lento, se rascó la sien y suspiró.

—Colina arriba, niño.

—Señaló con dos dedos flacos hacia el norte, sin siquiera molestarse en enderezar la espalda—.

Pero si fuera tú, ni me acercaría.

Stelian arqueó las cejas, curioso.

—¿Eh?

¿Y eso como-que-por qué?

—dijo, por alguna razón, exageradamente rápido.

El hombre alzó una ceja.

—Dicen que hubo temblores ayer —respondió el guardia, con un bostezo ahogado—.

Nadie ha ido a investigar todavía… y nadie parece tener ganas.

Todo lo que esté fuera del perímetro seguro se arregla por su cuenta, pero ya que vas, si ves algo raro, avisa a las autoridades de Tyria, ¿bien?

El rubio se irguió, golpeándose el pecho con el puño cerrado como si acabara de recibir una misión de proporciones épicas.

—¡Pero por supuesto!

¡Gracias, buen hombre!

Y, sin esperar más, se lanzó hacia la colina con un brío tan desbordante que el propio guardia negó con la cabeza, murmurando algo sobre «locos con demasiada energía a primera hora».

Avanzó entre las colinas, durante bastantes minutos, hasta que detuvo unos instantes para respirar hondo y abrió los brazos, dejando que la frescura del aire le inundara el pecho y renovara sus fuerzas.

Mientras continuaba alegremente, sostenía entre sus dedos una nota arrugada, escrita con aquella caligrafía inconfundible y torpe que había leído mil veces desde la infancia: era la letra de Aria.

El corazón se le aceleró al pensar en ella.

Blutmar parecía ser el destino de una nueva y emocionante aventura.

Reajustó la mochila sobre sus hombros y aceleró el paso, anticipando la cálida bienvenida de su mejor amiga… Pero cuando alcanzó las primeras calles, la sonrisa se le borró de inmediato.

Sus pies se detuvieron en seco sobre el suelo empedrado, ahora teñido de charcos escarlata.

Definitivamente, esto no era lo que se esperaba.

Bajó lentamente la mano, arrugando la nota entre sus dedos, contemplando la absoluta y total desolación.

Blutmar ya no existía.

En su lugar había quedado un cementerio abierto, un pueblo devastado con edificios ennegrecidos por llamas recientes, escombros esparcidos por cada rincón, y cuerpos de humanos y monstruos que decoraban grotescamente las calles empedradas.

Los ojos del muchacho se abrieron, horrorizados, incapaces de asimilar la pesadilla que estaban presenciando.

Sus piernas flaquearon y toda la energía que había sentido minutos atrás se extinguió abruptamente.

—¿Qué… pasó aquí?

—susurró con voz apenas audible, temiendo despertar alguna presencia macabra oculta en los escombros.

De inmediato, el pensamiento sobre Aria golpeó su mente.

Sintió cómo el pecho se le oprimía con una ansiedad que nunca antes había experimentado.

¿Estuvo ella aquí durante este desastre?

¿Estaría…?

Con la respiración acelerada por el pánico, caminó a pasos inseguros entre los restos quemados del pueblo, sus ojos examinaban cada cadáver con una mezcla de temor y desesperanza.

Cada paso le exigía un esfuerzo titánico y el miedo era tan fuerte que parecía haberse adherido a todos sus huesos.

De repente, captó un crujido cercano.

Algo de vidrio rodó sobre lo que sonaba como tablas hasta estamparse en el suelo y estallar.

Stelian se estremeció, giró con violencia la cabeza y fijó la vista hacia lo que parecía ser una taberna con la entrada tapiada.

El muchacho, con la garganta apretada, dio un paso inseguro, arrimándose hacia los cristales ennegrecidos por la suciedad.

Tras ellos distinguió, bajo penumbra, la silueta de alguien que se encorvaba en una butaca rota, frente a la barra, y con decenas de botellas vacías a su alrededor como compañía.

El reflejo del vidrio deformaba los contornos, pero lo que alcanzó a percibir resultaba inconfundiblemente humano.

—¿Hola?

—preguntó con cautela y su voz tembló como una cuerda mal tensada.

Ni siquiera hubo una respuesta.

Decidió acercarse más y se adentró por la puerta, esquivando cadáveres, maderas quebradas y trozos de vidrio esparcidos que crujían bajo sus botas.

—Hola… —insistió, tragando saliva, mientras se inclinaba hacia la figura con toda la preparación mental para salir corriendo en cualquier momento—.

¿Estás bien?

De repente, el ser reaccionó.

Levantó la cabeza con un gesto tan lento que parecía arrastrar siglos de agotamiento.

La luz que entraba desde la puerta le iluminó el rostro y dejó ver él… horror.

Su cuerpo era un desastre; cabello enmarañado, heridas abiertas, costras de sangre reseca y una máscara siniestra hecha de suciedad y polvo.

Stelian lanzó un alarido a todo pulmón y retrocedió a trompicones, golpeó una silla rota, casi cayó, y giró sobre sí mismo para correr hacia la salida, pero cuando por fin alcanzó el marco de la puerta, un impulso interno le clavó los pies al suelo.

Con el pecho, hecho un tambor de guerra, se obligó a mirar atrás.

La sombra permanecía allí, quieta, mirándolo sin un parpadeo, medio iluminada por la claridad gris que se filtraba desde el exterior.

Había algo… en esa mirada, que le resultó familiar.

De repente, el terror se desmoronó, reemplazado por la sorpresa absoluta y una confusión estratosférica.

—¿Aria…?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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