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La Dyalquimista - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 No Brach no Phyrat - Parte 3
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22: No Brach, no Phyrat – Parte 3 22: No Brach, no Phyrat – Parte 3 —Informe de estado —dijo ella, a secas.

El tesorero dio un paso al frente.

—B-bueno.

Hasta dónde puedo ver —dijo Borles examinando a los convocados en la playa—.

Todos permanecen de pie, así que podríamos decir que no hay heridos de extrema gravedad.

Pero corríjanme si me equivoco… —dijo a la tripulación, pero nadie objetó nada—.

Por otro lado, y si la marea no trae más cuerpos a la costa, yo diría que tenemos entre unas cincuenta bajas, quizás más, quizás menos.

C-creo que no hace falta aclarar que ya no disponemos del navío, Capitana.

—Excelente observación, Borles.

—La mujer avanzó un paso, su pierna derecha presentaba una herida horizontal de aspecto profundo.

Recorrió a toda la tripulación con la vista y esbozó una sonrisa despreocupada—.

Sí, sí… Ya sé lo que todos están pensando ahora.

«No brach, no phyrat».

Pero déjenme aclararles que a pesar de no tener un barco, no quiere decir que no continuemos siendo quienes somos.

Es verdad que puede suponer una desventaja, sin contar las pérdidas que hemos tenido, pero no es el primer navío que pierdo, ni tampoco será el último.

Nos repondremos y volveremos al mar lo más pronto posible.

Eso es un hecho.

—No… —Irrumpió una voz en el montón.

Kyleon: un hombre robusto de cabello casi tan abultado como su barba—.

El único hecho aquí es que hemos naufragado por culpa de tu impertinencia como capitana.

¿Cómo crees que nos repondremos?

¡No tenemos un puto Vhal en los bolsillos!

Lo perdimos todo.

¿Qué haremos?

¿Vivir en la selva?

Skygger tenía una creencia.

Los murmullos son el habla de los cobardes, y luego de que Kyleon irrumpiera la conversación, estos se hicieron presente en boca de varios tripulantes.

—Cuida tu tono… —comenzó a hablar Gaward, clavando una mirada siniestra en Kyleon, pero Elda lo detuvo con tan solo alzar su mano.

—¿Cómo te llamas, querido?

—dijo ella sin borrar su actitud relajada.

—Kyleon Runk.

—¿Hace cuánto que eres parte de esta tripulación, Runk?

—No sé.

Algo de cuarenta días de mierda… —Ya veo.

—Es de la nueva camada, Capitana —intervino Borles—.

La cuarenta y seis.

Es un Aheromante.

De los mejores que tenemos… o teníamos.

—Oh, ¿en serio?

—Skygger inclinó su cabeza y echó un paneo visual a Runk—.

No veo tu «Trayzer».

¿Dónde está tu equipo, Runk?

El aludido echó un escupitajo tan espeso, tan pesado y tan voluminoso que se hundió en la arena.

—No lo tengo.

¿De qué carajo me serviría?

Ya no tenemos un barco.

—¿Y por qué no lo tienes?

—insistió la capitana.

—¡Yo qué sé!

—No lo tiene porque se lanzó por la borda, cuando la orden que todos teníamos era luchar —La voz de un joven superapuesto y varonil se hizo notar entre la multitud.

La máquina absoluta de virilidad, dio un paso al frente; y vistiéndose con un aura de altanería y soberbia que lo hacían el terror de todos los navegantes de Espheria, observó con una mirada de cabeza gacha, pero de ojos tan deslumbrantes como penetrantes, directo hacia Runk.

Su cabellera negra, con un peinado de estilo mohicano corto que le quedaba fenomenal, parecía no sufrir las consecuencias del agua, puesto a que se veía igual de prolijo que siempre; su increíble tez, perlada por el… ***** —¡Ya!

—espetó Stephyr, furiosa—.

¡Sabemos que eres tú!

¡Deja de ser tan imbécil y continúa!

—Ya tendrás tu momento, Rakkra —contestó Zuhon sin inmutarse—.

Déjame disfrutarlo.

***** —¿Aheromante tú?

—dijo el extremadamente apuesto pirata—.

¡Ja!

Más bien solo es un puto arrogante.

—¿Y me lo dices tú, niñito?

—Runk se perfiló hacia él sin moverse de su posición—.

Si fuese tú no me metería en asuntos de mayores.

Puede que no vuelvas a respirar por la mañana.

Repito, por si no les queda claro.

¡Estamos jodidos!

Todo por culpa de Skygger —Su dedo acusador la apuntó con fiereza—.

Nos vendiste la promesa de un tesoro sin igual.

Podríamos haber alcanzado ese acorazado si seguíamos la ruta establecida.

Este desvío fue pura decisión tuya.

¡Y aquí estamos!

En una playa de «smerdak» mirándonos las caras como estúpidos.

—Kyleon se volteó hacia los miembros de la tripulación y alzó la voz—.

¿Esta es la capitana que queremos?

Si me lo preguntas, tu reputación es solo habladurías.

Gaward avanzó con decisión, pero una vez más, su capitana se lo impidió.

—¿Tienes algo que decirme, Runk?

—dijo Elda, acomodando la visera de su sombrero con una mano y apoyando la otra sobre su cadera—.

Toda mi atención está sobre ti ahora, aprovéchala.

—Solo eres famosa porque eres una vieja decrépita —arremetió Kyleon—.

La única razón por la que estás viva es porque tienes a tu marioneta de chatarra cuidándote el culo todo el día.

Haznos un favor a todos y retírate de los mares.

Quizás todavía tengas una oportunidad como prostituta.

El silencio que le precedieron a esas severas palabras fue acompañado por una brisa marina que silbó a los oídos de la tripulación.

Todos esperaron la respuesta a esa evidente declaración de guerra que Kyleon lanzó hacia su capitana, pero ella, así como algunos otros más en la tripulación… echaron a reír.

El único que no lo hizo fue Gaward.

—Tú sí que tienes ganas de morir hoy, hombre —dijo otro pirata, cuyas rastas blanquecinas combinaban muy bien con su tonalidad morena.

—Si es mi pericia en combate la que está puesta en duda —comenzó a decir la mujer—.

¿Por qué no lo aclaramos de una vez?

—No tenemos tiempo para estas estupideces —aseveró Gaward molesto.

—Oh, vamos… —contestó ella sonriente—.

No seas amargado.

Después de todo lo que sucedió.

Necesito descargarme un poco.

¿Te apuntas, Runk?

El pirata esbozó una sonrisa depravada; hizo sonar los huesos de su cuello y desenvainó su espada, vibrante en deseos por sentir la delicada carne de su capitana con su acero.

De acuerdo a las escrituras de la orden de las Banderas Negras —líderes a la cabecera de todos los piratas de Espheria—; los motines piratas se castigan con la persecución y muerte inmediata de los traidores, sin excepción; pero sí un capitán comete un error de suma gravedad, un pirata puede reclamar su lugar en una batalla a muerte.

Skygger había cometido el peor error en un capitán: hundir su barco.

Y ahora era Kyleon Runk el encargado de demostrarle la madera de un verdadero pirata.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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