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La Dyalquimista - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 No Brach no Phyrat - Parte 4
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23: No Brach, no Phyrat – Parte 4 23: No Brach, no Phyrat – Parte 4 El joven más apuesto que se haya visto con vida alguna vez en la faz del planeta, Zuhon Skygger, también desenvainó un sable, y lo lanzó hacia Elda; por su lado, la capitana hizo lo mismo con su sombrero.

Con ambos disputantes armados y preparados, el grupo de piratas se conglomeró formando un círculo alrededor.

Los filos de las espadas se alzaron y la batalla comenzó.

El primero en atacar fue Kyleon; su arremetida fue veloz y brutal a partes iguales, intentando terminar todo en un solo corte transversal.

La capitana se perfiló, quebró su muñeca, apuntó el extremo del sable hacia abajo y acompañó el movimiento del ataque de Kyleon.

El filo de las espadas apenas se acariciaron.

Skygger dio un paso leve hacia atrás; que en perspectiva de su contrincante, se movió hacia su lateral.

Con destreza y rapidez, su muñeca sacudió la hoja, haciéndola bailar en forma de «S» y abriendo dos heridas superficiales pero sumamente dolorosas en el hombro y el brazo de Kyleon.

—Muy predecible, Runk.

Esperaba más de ti.

El pirata sintió el acero helado, desgarrando su piel en apenas un imperceptible movimiento.

La sangre brotó al instante.

Apretó sus corroídos dientes con fuerza, corrompido por la ira, y atacó de nuevo.

Las espadas colisionaron de manera consecutiva.

Kyleon asediaba y Skygger bloqueaba; pero fue en el quinto encuentro de los aceros, en dónde la mujer volvió a repeler el ataque y se distanció.

El siguiente espadazo de Kyleon cortó el aire de manera frontal; ella volvió a acompañarlo con el filo de su sable; su mirada de ojos celestes como el cielo, saltó de un lado a otro y determinó los puntos vulnerables de su enemigo.

En el bloqueo, viró su cuerpo sobre su eje y atacó: muñeca, costilla y tobillo derecho fueron alcanzados con una facilidad y velocidad impresionante.

Kyleon chilló y se apartó.

Su visión parecía empezar a fallarle.

La claridad se había esfumado para abrir paso a un panorama borroso.

La cantidad de sangre que se escurría de sus heridas era alarmante.

Cada segundo que pasaba, su espada parecía cobrar más peso y manejarla resultaba en un calvario con su muñeca herida.

Cambió el arma de su mano, pero, aun así, a su brazo nuevo todavía le costaba realizar movimientos simples.

«Skygger, la serpiente blanca», el apodo más popular entre los enemigos de la capitana, resonó dentro de la cabeza de Kyleon.

Cada herida, cada trozo de piel cortado, había sido minuciosamente seleccionado para entorpecer su nivel de batalla.

La sangre escapaba junto a las fuerzas de Runk a la misma vertiginosa velocidad.

Tenía que hacer algo.

No podía rendirse todavía.

Valiéndose de toda su fuerza de voluntad, y de una artimaña sucia que surcó por su cabeza a último minuto; simuló caer al suelo de rodillas, solo para tomar un poco de arena húmeda con su mano libre.

La tripulación vitoreó, animándolo a levantarse.

La capitana, por otro lado, no modificó su posición salvo para sacudir su sable en el aire y echar la sangre de Runk de su hoja.

El semblante de ella no admitía un ápice de temor; le miraba desde lo alto, rebajándolo con ese delineado oscuro difuminado por el agua que le brindaba un aspecto siniestro y macabro.

Kyleon volvió a levantarse y arremetió con ira.

Solo el sable de Skygger modificó su posición para esperar el ataque.

El hombre se acercó a una distancia prudente y le echó la arena a los ojos.

La capitana sacudió su cabeza, el tiro había dado de lleno y su visión se vio totalmente obstruida en esos escasos segundos.

Era la oportunidad de Runk de asestar el tajo final: no perdió tiempo, apuntó a al cuello de la mujer, ascendió su brazo izquierdo —el que sostenía la espada—, y atacó con todas sus fuerzas… ¡Plank!

El aire volvió a susurrar el final del encuentro, la lluvia amainó su intensidad con pereza, hasta detenerse del todo, y franjas de sangre tiñeron la arena esa noche.

Una espada curva cayó en el suelo, y poco después, le siguió un cuerpo… El de Kyleon Runk.

Elda Skygger terminó de limpiar su rostro de arena y esbozó una sonrisa satisfactoria.

Ninguno de los allí presentes había comprendido lo que había sucedido.

La capitana había defendido el golpe y atacado un segundo después completamente a ciegas.

¿Cómo había sido eso posible?

Fue la pregunta que primaba en la mente de todos, menos de los que ya la conocían.

Gaward era uno de ellos.

El modus operandi de la capitana en batalla era simple en teoría, pero en extremo complicado para su aplicación.

Atacar a los puntos clave, allí dónde la sangre escapa con fervor y debilita a su contrincante.

Por otro lado, cortar la muñeca del brazo bueno de Kyleon tampoco fue una selección azarosa.

Le obligaría a usar su brazo débil y recortar sus maniobras de ataque al lado zurdo, para así ella tener la ventaja en el resto de la batalla.

A sabiendas de eso, bloquear el ataque sin ver a su oponente, fue una cuestión de lógica pura.

Kyleon solo podía asestar un golpe lateral con su brazo más sano; y Skygger, valiéndose de su astucia, solo levantó su sable para bloquear sus propios puntos vitales.

Pero la verdadera capacidad y profesionalidad en batalla fue dada por el hecho de sentir el bloqueo a ciegas con el acero, desarmar a su oponente, y asestar un corte horizontal y preciso que particionó la garganta de Kyleon sentenciando su destino en apenas un movimiento de su muñeca.

—Muy bien… —dijo la capitana observando a lo que quedaba de su tripulación—.

¿Hay alguien más que tenga alguna duda que quiera compartir?

No sean tímidos —insistió—.

¿Quién más es parte de la camada cuarenta y seis?

Un grupo reducido de cinco piratas levantaron sus manos, dubitativos.

—¿Tienes alguna duda?

¿O tú?

—preguntó ella, apuntando a cada uno con su sable.

—N-no, capitana.

—¡No, capitana!

Skygger asintió para sí misma, devolvió el sable a su dueño y se volvió a apropiar de aquella gorra húmeda y sucia que había encontrado en la orilla.

—D´Atlas… —dijo ella mientras avanzaba hacia la zona selvática de la isla, en dirección a los restos que aquel monstruo había arrojado de su barco—.

Montaremos campamento aquí.

No confío en nadie de la nueva camada.

Hazlos hacer todo el trabajo y si escuchas alguna queja… los matas.

¿Está claro?

—Ella esperó.

Gaward asintió—.

Primero veremos si hay algo del barco que podamos reutilizar o vender.

Nuestra prioridad es conseguir un nuevo transporte.

Mañana quiero que envíes a un grupo a explorar el poblado y otro a la costa para ver si tenemos suerte y la marea nos regala algo de nuestro navío.

—Sí, capitana… —Gaward avanzó junto a ella y dirigió un sonoro grito hacia lo que quedaba de tripulación—.

¡Atentos!

El que no escuchó lo que ella dijo se jode.

¡No voy a repetir una sola palabra!

¡A trabajar todo el mundo!

¡Ya!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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