Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Dyalquimista - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Dyalquimista
  4. Capítulo 25 - 25 Rakkra - Parte 2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: Rakkra – Parte 2 25: Rakkra – Parte 2 —¿¡Que te pasa!?

—bramó, le costó hacer foco para visualizar a Gaward hasta que sus ojos se templaron a la luz—.

¡Déjame dormir!

El muchacho se dio la vuelta e ignoró por completo al hombre.

—Levántate, hay mucho por hacer.

Tu madre quiere… —¡Vete!

No me interesa.

Gaward suspiró de manera acentuada.

—Te invitaré un Zorog en el pueblo.

Zuhon se volteó todavía tumbado en el suelo.

—Tengo ganas de un Zorog.

—Entonces sígueme.

Gaward y Zuhon se internaron en la selva trazando rumbo hacia el sureste.

Grand´Kal no era una isla de dimensiones tan extensas, contaba con un solo pueblo ubicado en la costa este; el resto se encontraba relleno de una naturaleza intacta por el hombre.

Al menos eso es lo poco que Gaward recordaba.

Había pasado por aquí en una ocasión, hace años, y nunca había vuelto hasta la fecha.

No se trataba de una isla muy transcurrida pese a ser un recurso agropecuario un poco decente.

La media de la población mantenía un nivel de pobreza que le permitía lo justo para sustentarse día a día.

La principal fuente de trabajo de la isla, además de los cultivos y el mantenimiento de tierras, era el puerto: funcionando como punto de parada de barcos, y venta de recursos, alimentos y provisiones.

En el transcurso por las colinas que sucedían a la selva, pudieron divisar el pueblo, rodeado de un mar azul de proporciones inmensas, y un barco que parecía haber arribado al puerto; el resto de la isla estaba recubierto de un verde que se salpicaba en las resinas oculares de ambos.

Gaward permaneció en silencio el resto del trayecto.

Aunque era habitual en él ser de pocas palabras, en esta ocasión había algo rondando en su mente que le generaba un ruido molesto.

Al llegar al pueblo, el ambiente pacífico y calmado de la naturaleza se cortó con la navaja de una gran civilización.

Al parecer ese pequeño poblado que había visitado en el pasado había crecido bastante, puesto que parecía más una ciudad que un pueblo.

Algo que le sorprendió para bien.

Si no recordaba mal, debería de haber una taberna cerca de la costa.

Así que se dirigieron hacia allá.

—¿Crees que podemos salir de aquí?

—Ya lo veremos.

Gaward empujó las hojas de dos puertas de madera que rechinaron al abrirse de forma dispareja y fue el primero en entrar.

Zuhon le siguió.

Ambos ignoraron las miradas furtivas de los locales y trazaron rumbo hacia la barra.

El cantinero, un hombre robusto, cuyo ojo derecho había perdido su color natural hace años, los atendió al instante.

—No parece haber mucha gente —dijo Zuhon.

—Mejor.

—Sean bienvenidos —dijo el tabernero—.

No son de por aquí, ¿verdad?

¿Qué se les ofrece?

—Dale un Zorog al chico —dijo Gaward posando los brazos en la barra—.

Cárgalos a la cuenta del Albatroz.

No hacía falta voltearse para saber que, en ese momento, todos a su alrededor fijaron sus miradas en Gaward y Zuhon.

Los murmullos se intensificaron y el dueño de la taberna tragó saliva.

—¿El Albatroz está aquí?

Lo siento mucho.

No vi el barco anclar en el puerto.

—Luego se dirigió al muchacho—.

Sírvase a gusto, por favor.

La casa invita.

—El hombre dejó una botella de Zorog y en cuanto se dio la vuela para buscar dos vasos, pulsó un pequeño interruptor bajo la barra, tomó los vasos y se los ofreció a ambos con una sonrisa.

—Escuche… —empezó a decir Gaward—.

Necesito contratar gente para la tripulación.

Quiero que deje un aviso en la puerta de la taberna.

Elda Skygger le pagará por los gastos cuando venga al pueblo.

El hombre arrugó el entrecejo, un tanto confundido, pero le siguió el juego.

—Por supuesto, señor, dígale a la capitana Skygger que no deberá pagar nada.

Solo, por favor, no quiero problemas aquí.

Le daré todo lo que necesite.

¿Tienen hambre?

—¡Seh!

Muero de hambre —dijo el joven Zuhon tras terminarse el primer vaso de Zorog.

—Ya mismo le sirvo algo.

Tenemos un guiso de Laguerto delicioso.

—Bien —dijo Gaward—.

Sírvanos dos.

Ambos se dirigieron hacia una de las mesas del establecimiento, la simple presencia de Gaward ahuyentó a los comensales cercanos, quienes prefirieron alejarse a mesas más distantes.

El cantinero se apresuró y acercó a la mesa la botella, y unos pocos minutos después, trajo dos platos de guiso que humeaban emanando un hedor a especias esquisto.

—¿Qué carajos es un Laguerto?

—preguntó el joven.

—No sé, solo come.

Zuhon observó a su alrededor con curiosidad y luego se inclinó hacia Gaward.

—¿Cuánto crees que nos durará la amabilidad de los locales?

Si se enteran de que nuestro barco naufragó… —Solo se enterarán si sigues mascullando sobre eso.

Quédate en silencio.

Come rápido y nos vamos.

Ya no tenemos nada que hacer aquí.

Hay algo en este lugar que no me da buenas vibras.

No recordaba Grand’Kal tan… grande.

La isla que yo conocía era más pequeña.

—No pasa nada.

Siempre podemos enviar una carta por ayuda.

No es como si estuviésemos solos… —Estamos solos, desprotegidos y sin un navío.

Más de la mitad de la tripulación ha muerto.

Cuando esto sucede, por lo general, la gente comienza a impacientarse…  —¿Qué?

¿Temes que haya un motín o algo así?

—preguntó Zuhon con la boca llena y un aire despreocupado.

Sacudió la mano y se inclinó hacia atrás en el respaldo de la silla con una sonrisa confianzuda—.

Hay que ser estúpido para amotinarse en contra de mi madre.

Ella se comería vivo a cualquiera.

—No entiendes nada, chico.

El motín no se trata de asesinar a un capitán.

Si no para sacar ventaja de una situación.

De hecho… —Gaward escupió un pedazo de hueso que había en su comida hacia el suelo—.

Quizás tu madre te envió aquí conmigo por esa razón.

No te quería cerca por si algo pudiera pasar.

Los ojos de Zuhon se entrecerraron ante aquella sentencia.

—Entonces… ¿Crees que hay un motín ahora mismo y nosotros estamos aquí perdiendo el tiempo?

—Es probable.

Es bastante probable al decir verdad.

—¿Pero quién…?

Runk ya está muerto… —preguntó Zuhon, pero su semblante cambió de repente y sus ojos se ensancharon.

Ya tenía la respuesta a su pregunta—.

Pirata uno…  ***** Zuhon cerró los ojos y esperó… pero por fortuna, ninguna soga se cortó.

Sonrió satisfecho y echó un vistazo confiado hacia Aria.

—El que avisa no miente… Aria resopló en una negativa molesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo