Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Dyalquimista - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Dyalquimista
  4. Capítulo 26 - 26 Rakkra - Parte 3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Rakkra – Parte 3 26: Rakkra – Parte 3 —Exacto… —continuó Gaward—.

Si no recuerdo mal, antes de zarpar, Pirata uno, Pirata dos y Pirata tres se mostraron bastante reacios a partir sin un pago por adelantado.

Elda ni siquiera los escuchó.

Solo eran un puñado de idiotas en ese momento, pero ahora las tornas cambiaron por completo.

Podrían intentar convencer a los demás para hacer «hablar» a Elda.

—No… además de ellos, el resto de la tripulación son personas de confianza.

No podrían amotinarse… ¿Verdad?

—¿Personas de confianza?

Chico, despierta… —sentenció Gaward con severidad—.

Somos piratas.

No personas de confianza.

La mirada de Zuhon se disparó en distintas direcciones de manera consecutiva.

Su cabeza todavía intentaba procesar el peligro latente que podría estar desatándose ahora mismo.

No podía quedarse quieto al saber eso.

Su cuerpo le pedía actuar.

—¿Qué vamos a hacer?

—preguntó el chico.

Todavía no había terminado su plato, pero en estos momentos el hambre era lo que menos le importaba.

—Vamos —dijo Gaward.

El sombrero que descansaba sobre la mesa volvió a su cabeza.

Dos esferas de un intenso color café brillaron desde debajo de la solapa frontal—.

Quizás todavía tengamos tiempo de…  De repente, algo interrumpió bruscamente la conversación.

Gaward se incorporó, estiró el cuello como si intentara confirmar lo que acababa de ver y su expresión relajada se endureció de golpe.

—La Rakkra… —masculló entre dientes, con ojos destilando una mezcla peligrosa entre furia y satisfacción—.

Esa maldita no se me va a escapar dos veces… Zuhon alzó la cabeza lentamente hacia el balcón superior, siguiendo la mirada de su compañero.

Allí arriba, con una mano apoyada contra la barandilla, mientras platicaba con otro grupo de tres personas, había una joven pelirroja, completamente ajena a la amenaza que la acechaba desde abajo.

Gaward apretó los puños con tanta fuerza que las articulaciones de su brazo de metal crujieron.

—Tenemos una deuda pendiente antes de irnos, muchacho —susurró con voz ronca y profunda, conteniendo a duras penas la furia que le vibraba en la garganta—.

Sube por las escaleras de atrás, yo tomaré las otras.

No la dejes ir.

Zuhon dejó escapar una sonrisa maliciosa, como si le acabaran de proponer el mejor de los entretenimientos.

—Ya era hora de un poco de diversión, viejo —contestó él, girando el cuello para liberar tensión—.

Considera esa deuda, saldada.

***** —Y el resto ya lo sabe.

Les di una paliza… —En un chasquido violento, la segunda soga del pirata se rebanó.

Su cuello sintió la tensión del movimiento abrupto y apretó los dientes—.

Auch… Stephy y Aria no pudieron evitar tentarse.

—Entonces, señor Skygger —interrumpió el gobernador pausadamente—, ¿está usted afirmando que asume toda la culpa por el altercado ocurrido en la taberna El Cuervo Roto?

Zuhon abrió los ojos con una mueca exagerada de indignación.

—¿¡Qué!?

¿De qué carajos habla?

¿Yo?

¡Si la taberna la quemó esta loca!

—respondió apuntando con la nariz hacia Aria.

—¡Porque tú empezaste a atacar!

—¿Te debo recordar que tú sacaste una maldita lanza de la nada?

—Porque era evidente que no tenían buenas intenciones.

Zuhon ignoró el comentario y volvió a dirigirse al gobernador.

—Escuche.

No puede culparme por eso.

Solo estaba recuperando lo que esa ladronzuela se llevó de nuestro naufragio.

Ni más, ni menos.

No hice nada ilegal.

—¿Empezar una pelea en una taberna no le parece ilegal?

—¡Pero si todo el jodido mundo lo hace!

¡Lo ilegal sería no hacerlo!

—A esta altura no sé como tu cabeza no salió volando todavía… —espetó Stephyr, intrigada.

El gobernador alzó una mano exigiendo silencio, dirigiendo la atención inmediatamente hacia la ladrona.

—Suficiente.

Quiero escuchar la otra versión de la historia.

Así que parece que llegó su turno, señorita Slayer.

¿Qué hacía usted en El Cuervo Roto?

Según consta aquí, no actuaba sola.

Había otros dos hombres acompañándola, ¿es así?

Stephyr alzó la cabeza con aire desafiante, acomodándose la trenza cobriza con un sacudón fastidioso.

—Solo uno, gobernador.

Mi colega.

El otro era el tonto amigo grafista de esta… —dijo refiriéndose Aria.

—Tengo nombre… —¿Y qué hacía en la taberna en primer lugar?

—preguntó el gobernador.

La ladrona suspiró.

—Quería robar el tomo de Aldamer a la crédula esta…  —Que tengo… —chistó, resignada—.

Da igual.

—Bien, bien, en ese caso, cuéntenos su versión de los hechos —continuó el gobernador Doss, claramente hastiado—.

Intente ser breve y precisa.

Ya me estoy cansando.

Stephyr respiró profundo, inflando ligeramente las mejillas antes de comenzar.

Pero antes de que pudiera emitir una sola palabra, el gobernador levantó una mano en advertencia.

—Y si me dice que todo empezó a sus diez, cinco o dos años… —¡No!

¡No lo haré!

—bramó Stephyr furiosa, golpeando el suelo con la punta del pie—.

¡¿Es que nadie puede hablar en paz aquí?!

Quiero ser muy clara… ¡Más les vale a todos callarse la maldita boca hasta que termine de contar mi relato al completo!

¡No quiero una jodida interrupción!

Un pesado silencio inundó la plaza.

Hasta los murmullos del público cesaron de inmediato ante la ferocidad de la advertencia.

—Como sea.

Todo empezó… —Tomó aire, bajando la voz a un tono más calmo—.

La noche en que el barco de estos piratas se hizo pedazos contra la costa.

Yo estaba cerca de ese sitio en ese momento y logré encontrar un equipo Trayzer de cuatro cilindros muy bonito que no tenía mucha custodia… —Su labio se arqueó en una mueca de satisfacción—.

Así que me lo quedé.

***** Los pies de Stephyr atravesaban la selva con una agilidad impresionante, saltando con rapidez sobre raíces nudosas y esquivando arbustos que intentaban frenarla.

Sus botas estaban cubiertas de barro y las plantas se abrían a su paso como heridas en la espesura nocturna.

De vez en cuando tropezaba, sintiendo cómo la humedad del suelo penetraba el cuero gastado, pero su agarre sobre el equipo Trayzer se mantenía firme entre sus brazos.

La respiración se aceleró en sus pulmones cuando escuchó las pisadas pesadas y veloces detrás.

Una maldición escapó entre sus dientes al sentir que ese pirata la ganaba terreno con cada zancada.

Sabía que en cuestión de segundos estaría sobre ella, pero no pensaba ceder.

Su determinación era más fuerte que el miedo que le tensaba los músculos de las piernas.

Un golpe seco resonó en su espalda, justo en el instante en que la mano áspera de Gaward se cerró sobre su hombro, obligándola a perder el equilibrio y caer pesadamente al suelo.

El equipo Trayzer rodó con violencia por el pasto húmedo, dispersándose en varias piezas brillantes entre la maleza.

Stephyr aprovechó la caída para rodar lejos de su atacante, desenfundó en un rápido movimiento su espada, una hoja delgada y flexible, apuntando hacia el hombre con ojos encendidos de rabia.

—No te acerques más, pirata asqueroso —advirtió ella con voz tajante, mientras retrocedía lentamente hacia atrás, apuntando la punta del acero hacia él.

Gaward la observó fijamente, su pecho subía y bajaba agitado por la persecución, pero en sus ojos no había temor alguno.

Con una sonrisa áspera extendió su brazo izquierdo, accionó una pequeña palanca metálica en el extremo inferior del antebrazo y, con un sonido seco, una navaja ancha y amenazante surgió desde la parte superior de su antebrazo, brillando bajo la tenue luz de las estrellas.

—¿En serio, niña?

—se burló Gaward, avanzando hacia ella—.

Devuelve lo que no te pertenece y prometo que no sufrirás demasiado.

Stephyr no retrocedió ni un centímetro más.

Ajustó el agarre sobre la empuñadura de su arma y cargó hacia él en un ataque rápido y certero.

Gaward bloqueó fácilmente la espada con la hoja gruesa desplegada desde su brazo.

Un zumbido resonó en la selva y el impacto entre las hojas hizo que las vibraciones viajaron por el brazo de la ladrona, haciéndola retroceder varios pasos.

El pirata tomó la iniciativa esta vez y Stephyr apenas fue capaz de evadir el segundo golpe; sintió cómo el filo rasgó ligeramente la manga de su camisa, y antes de que pudiera reaccionar, él se arrimó como una gacela y efectuó una llave con su brazo libre que la hizo caer al suelo.

El hombre no dio tregua, pisó el hombro de la chica y se agazapó, depositando la punta de su hoja en su cuello.

Sus músculos se tensaron para dar el golpe de gracia, pero justo antes de terminar con el asunto, una fugaz duda cruzó los ojos del hombre.

No era más que una niñata, apenas mayor que un adolescente.

Su expresión vaciló solo por un segundo… pero fue suficiente para ella, quien aprovechó esa fracción de tiempo, lanzó una patada rápida hacia el pecho de Gaward y, con agilidad, retrocedió hasta las piezas dispersas del equipo Trayzer.

Las sujetó y llevó los dedos a su boca para efectuar un potente silbido que resonó a través de las hojas de los árboles cercanos.

Gaward se acercó despacio, con el filo goteando la resina de la humedad de la selva, y gruñó con el ceño fruncido: —Deja de estupideces y dame eso.

Ni siquiera entiendes lo que tienes entre las manos… Stephyr apretó la mandíbula y sonrió de costado, todavía con la respiración agitada.

—No es mi primera vez con un equipo para Aheromantes, viejo peludo.

Los ojos del pirata se abrieron como brasas encendidas.

—¿Qué demonios me dijiste…?

No alcanzó a terminar la frase.

Su propia furia lo arrojó hacia adelante en un impulso agresivo, pero justo en ese instante, algo irrumpió desde la maleza.

Una cola escamosa lo golpeó con la violencia de un látigo.

El impacto lo lanzó contra un tocón podrido, y el crujido del aire que se le escurrió de su pecho se mezcló con un gruñido de rabia.

Ante él se alzó un animal inusual; se trataba de una criatura del tamaño equivalente al de un caballo, alargado y con el lomo cubierto por escamas que destellaban a pesar de la lluvia.

Sus patas gruesas terminaban en garras curvas y su hocico largo exhalaba un vapor áspero, mezcla de calor interno y el barro que aún se le escurría de entre los colmillos.

Los ojos, grandes y ámbar, se clavaron en el pirata como cuchillos amarillos.

Stephyr corrió hacia el animal sin perder un segundo.

Con manos rápidas y torpes a la vez, ajustó las correas del equipo Trayzer sobre el lomo de la bestia, asegurándolo con urgencia.

—¡Gracias por esto!

—gritó con una risa burlona, encaramándose a la montura—.

¡Le daré mejor uso que ustedes!

Gaward, jadeante, alzó de inmediato su pistola.

El gatillo crujió, pero el arma empapada solo escupió un chasquido sordo, inútil, como un diente flojo en una mandíbula podrida.

El estallido de carcajadas de Stephyr lo atravesó como un dardo envenenado mientras el animal arrancaba con una fuerza devastadora, clavando sus garras en la tierra y disparándose hacia la espesura.

La selva se cerró detrás de ellos con un eco húmedo y ensordecedor.

El brazo de Gaward cayó con pesadez a su costado.

Apretó los dientes con tanta rabia que la mandíbula crujió, escupió al barro con asco y se colocó de pie con dificultad.

Cada paso de regreso al campamento fue un golpe contra su propio orgullo.

Si había algo que odiaba más que le robaran… era perder.

Y se juró, con un odio interno ardiente, que jamás olvidaría el rostro de esa sucia Rakkra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo