La Dyalquimista - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Un viaje que jamás olvidarán - Parte 1
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27: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 1 27: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 1 Zafron Shandez se encontraba detrás de la barra improvisada que había armado con tablones pintados de colores vibrantes y adornados con frutas tropicales, haciendo honor a su estilo desenfadado.
Su cabello castaño claro caía cuidadosamente despeinado, y al sonreír revelaba unos dientes perfectos que habrían derretido a cualquiera con solo mirarlos.
Tenía un aspecto ridículamente atractivo, el tipo de apariencia que rompía corazones sin demasiado esfuerzo.
En ese momento, su atención estaba puesta en la preparación de un cóctel que exigía gran precisión.
Con un movimiento elegante y practicado, vertió lentamente licor de mango y piña sobre hielo triturado, sonriendo seductoramente a un grupo de muchachas que no podían quitarle los ojos de encima.
—Aquí tienen, bellezas —dijo, guiñándoles un ojo mientras acercaba las copas—.
Cuidado, saben tan bien como lucen.
Ellas se ruborizaron con risas tímidas, y recogieron sus bebidas, alejándose entre murmullos cómplices.
Zafron apoyó los codos sobre la barra con satisfacción, disfrutando del sol cálido y del agradable bullicio de Esenjyar.
Fue entonces cuando la vio.
A unos metros de distancia, avanzando lentamente por la arena junto a otro muchacho rubio lleno de pecas, caminaba una chica cuyo rostro lo atrapó al instante.
Zafron se incorporó levemente, entrecerrando los ojos mientras contemplaba a la recién llegada con discreta fascinación.
Tenía una belleza distinta, original, realzada por su cabello castaño y un mechón blanco que caía travieso sobre sus ojos.
Algo en ella, quizá en la forma distraída en que gesticulaba mientras conversaba con su acompañante, le hizo imposible apartar la vista.
***** —Espera, espera, espera… —interrumpió el relato Zuhon—.
¿En qué momento volvimos a situarnos en esta?
—preguntó, haciendo alusión a Aria—.
¿Y ese tipo «ridículamente atractivo», de dónde smerdak salió?
Ohhh, espera… ¿No será al que humillé en la taberna y que tuviste que salir a defender o sí?
La mirada de Stpehyr, si pudiera asesinar a alguien, hubiese sido en este mismo segundo a ese pirata.
—¿Qué mierda te dije de interrumpirme…?
De repente, una de las sogas de sujeción de la ladrona se soltaron.
—¡¿Qué?!
¡Si no mentí en ningún momento!
—bramó hacia Doss—.
¿Qué les pasa?
—Omitir información a cualquier pregunta que se realicen, incluso entre ustedes… también aplica al juicio.
—Doss sonrió con cinismo—.
Es por eso que estos son tan populares en Esenjyar.
Los dientes de Stephyr rechinaron con violencia y su mirada se asentó con más ferocidad hacia el pirata.
—Popular va a ser el codazo en la cara que le voy a dar a este pirata de mierda si no cierra el puto pico.
—Sacudió la cabeza—.
A ver… ahora estoy contando lo que mi compañero me dijo el día siguiente de la noche que robé el Trayzer.
Porque se relaciona con lo que sucederá más adelante en la taberna.
¿Está bien?
—¿Y tú qué hacías mientras tanto?
—preguntó Zuhon.
—¡Pedazo de hijo de…!
—Gruñó—.
No lo sé.
Solo estaba mi casa descansando… —respondió rápidamente, aliviada de todavía seguir con su cabeza pegada al cuello—.
Si vuelves a interrumpir te juro que vas a desear que ese monstruo marino te haya masticado cuando pudo.
—No lo sé, Doss, yo creo que está ocultando algo… —comentó Zuhon divertido por la situación.
—Suficiente, pirata.
Dejemos que hable —anunció el gobernador.
Aunque intentó ser contundente, no pudo evitar arrancar una sutil sonrisa de su rostro ante aquella escena.
***** —Ey, chico bonito ¿Planeas atenderme hoy?
—Enseguida —respondió Zafron hacia una de sus clientas, desviando brevemente la vista de aquella chica de mechón blanco, para servir otro cóctel.
Pero incluso mientras trabajaba, no podía dejar de lanzar miradas furtivas hacia aquella pareja que ahora se acercaba lentamente hacia él.
Cuando estuvieron frente a la barra, la muchacha se giró hacia él y sonrió amablemente.
—Hola —saludó ella con voz suave, aunque con un ligero toque de impaciencia que no pasó desapercibido—.
¿Podrías hacerme algo fresco?
Quizás algo con bayas.
—Claro que sí, encanto —respondió Zafron con rapidez, tomando enseguida las frutas más frescas a su alcance—.
¿Primera vez en Esenjyar?
Porque creo que jamás había visto tu rostro por aquí, y créeme, jamás olvido una cara bonita.
Stelian rodó los ojos, aburrido por la actitud exageradamente amistosa del bartender, pero Aria ignoró la galantería con una leve sonrisa educada.
—Llegamos hace poco —respondió ella—.
De hecho, buscamos un barco que pueda llevarnos al norte desde el puerto.
¿Conoces alguno?
Zafron arqueó las cejas con interés genuino, observándola mientras comenzaba a preparar con movimientos ágiles el trago solicitado.
—Puede que sí.
Conozco a bastante gente que zarpa desde Esenjyar con regularidad —comentó casualmente, lanzándole una rápida mirada inquisitiva al chico pecoso, que parecía distraído con la vista del mar—.
Si quieren, les ofrezco una sombrilla para que esperen más cómodos.
Déjenme hacer algunas preguntas por aquí.
—Eso sería genial —respondió ella agradecida.
Zafron salió de la barra, clavó rápidamente una sombrilla colorida en la arena y los invitó a acomodarse, sin apartar la mirada curiosa de Aria.
La muchacha se sentó bajo la sombra con calma, extrayendo enseguida de su bolso, algo que atrapó la atención del cantinero al instante.
Un tomo negro, antiguo y desgastado, apareció entre las manos de la chica.
Para cualquier persona, se hubiese tratado de un libro como cualquier otro… Pero no para Zafron, quien sintió cómo su respiración se detenía, incapaz de creer la suerte que tenía frente a sus ojos.
El legendario Tomo de Aldamer.
Intentó disimular la emoción, esbozando una sonrisa serena.
Fingió estar distraído, acomodando botellas vacías con gestos casuales, aunque su mente ya había empezado a trabajar en otro plan mucho más interesante.
Observó cómo Aria, concentrada, abría el libro y comenzaba a hojear las páginas doradas, completamente abstraída en su contenido.
Al ver aquella confirmación, Zafron se acercó nuevamente, adoptando un tono natural, casi indiferente.
—Tuve suerte, amigos.
Conozco a alguien que precisamente zarpa muy pronto —dijo él, cruzando los brazos con despreocupación—.
Puedo presentarlos hoy mismo, si lo desean.
Conozco una taberna estupenda, muy acogedora y con bebidas aún mejores, pero no tanto como las mías.
Aria levantó la mirada del tomo por un instante, sonriendo esperanzada.
—¡Genial!
Eso sería perfecto.
¿Dónde es?
—Una joyita de lugar, se llama «Cuervo Roto» Les prometo que les encantará.
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