La Dyalquimista - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Un viaje que jamás olvidarán - Parte 3
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29: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 3 29: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 3 Stephyr irrumpió en la taberna con un paso firme y decidido, que desentonaba con el ambiente alcohólico del establecimiento.
Cada huella sobre la madera parecía reclamar el suelo como suyo.
Su abrigo, robado de camino hacia el punto de encuentro, se abría con elegancia, y el ala de su sombrero caía como un telón sobre una mirada calculadora y seductora a partes iguales.
Zafron avanzó por delante, sorteando bancos torcidos y charcos de licor seco hasta guiarla a una escalera angosta, donde la penumbra cedía espacio a una lámpara de aceite que oscilaba desde el techo.
Arriba, Stelian tamborileaba los dedos contra la mesa con ritmo inconstante, mientras Aria tenía la espalda recta y la boca apenas curvada hacia abajo.
Sus ojos, sin embargo, estaban muy abiertos.
—Así que estos son los dos jóvenes de los que me hablaste —comentó Stephyr al acercarse, observando atentamente a ambos con una ligera sonrisa burlona, simulando estar midiendo su valor—.
Voy a ser directa porque soy una capitana ocupada.
Voy a suponer que ustedes son conscientes de que embarcarse conmigo y no formar parte de la tripulación de trabajo… tiene un muy elevado costo.
Aria intercambió una rápida mirada con Stelian antes de responder con firmeza.
—Lo sabemos.
Zafron ya nos informó que tendríamos que pagar una cuota para abordar.
Aunque… —meditó Aria—.
Ambos podemos trabajar.
—¿Ah, sí?
Me agrada esa proactividad… —añadió la falsa capitana Stephyr—.
Pero les advierto que mi barco no acepta inútiles.
Necesito saber qué es exactamente lo que pueden ofrecerme.
Así que díganme… —Deslizó una silla frente a ellos y se sentó con elegancia, apoyando un codo sobre la mesa y dejando que su mirada analítica recorriera lentamente a los dos candidatos—.
¿Qué talentos tienen que puedan beneficiarnos en alta mar?
Aria intercambió una mirada rápida con Stelian, dubitativa, pero él le hizo un gesto animándola a hablar primero.
Ella se aclaró la garganta, acomodándose en su asiento con una mezcla de nerviosismo y orgullo.
—Soy alquimista graduada en la academia Sphyra —dijo con voz firme, mostrando su emblema identificativo—.
Especialista en las nueve instituciones Imágicas y adiestrada en la preparación de fórmulas diversas.
Sé de unas cuantas recetas para potenciar armas y también puedo crear barreras protectoras que podrían ser de utilidad en caso de enfrentarnos con amenazas en el viaje.
Stephyr alzó una ceja, fingiendo interés mientras tomaba mentalmente nota de cada palabra.
Miró hacia Zafron, quien permanecía apoyado en la pared con una sonrisa indescifrable.
—Impresionante, no nos vendría nada mal —replicó Stephyr, fingiendo escepticismo para mantener la credibilidad del papel—.
¿Tienes algún Grafo?
Aria titubeó apenas un instante antes de responder.
El Grafo de su brazo derecho se encontraba oculto bajo su manga y un guante que llevaba puesto, así que simplemente deslizó su flequillo hacia un lado mostrando el de su cien.
—No hace gran cosa.
Es del instituto Psíquico.
—Como dice el refrán, en casa de chatarrero, cuchillo de madera.
No importa.
¿Y el chico tímido qué?
¿Otro alquimista?
—Grafista, en realidad —respondió Stelian con una sonrisa que intentaba ser relajada—.
Me acabo de matricular, pero soy muy hábil.
Puedo plasmar Grafos en la piel con la precisión de los mejores en Tyria.
¡Sin importar cuánto se mueva el barco!
Y no quiero presumir, pero mi último trabajo fue… excepcional.
Stephyr entrecerró los ojos, adoptando un gesto pensativo mientras jugaba con el borde de un vaso vacío frente a ella.
—Curioso.
Una alquimista y un Grafista… una dupla que podría resultar útil, lo admito, pero díganme una cosa, ¿qué tan urgente es para ustedes salir de Esenjyar?
¿Están huyendo de algo?
—preguntó con inocencia, esperando provocar alguna reacción reveladora.
Stelian carraspeó, incómodo, pero Aria no mostró vacilación alguna.
—No huimos.
Podría decirse que vamos… tras de un objetivo.
—¿Y puedo saber cuál es ese objetivo?
—Stephyr inclinó su cabeza, permitiendo que su mirada se posara fugazmente sobre el tomo que descansaba frente a Aria—.
¿O es demasiado personal?
Aria cerró rápidamente el libro, ocultando su contenido.
—Digamos que es algo muy valioso —intervino Stelian—.
Algo que podría… cambiar sus vidas.
Stephyr volvió su mirada hacia él, fingiendo una seriedad absoluta, aunque en el fondo estaba disfrutando del juego.
—Bien.
Por mí es suficiente —sentenció, inclinándose ligeramente hacia adelante, colocando las manos sobre la mesa con autoridad—.
Podemos concretar el acuerdo aquí mismo.
El pago del pasaje se hará ahora, por adelantado, y no acepto regateos.
Stelian lanzó una rápida mirada a Aria, pero ella se atrevió a enfrentar a Stephyr con determinación.
—¿Cómo sabemos que cumplirás con tu parte?
No sé mucho sobre capitanes, ni navegantes, y tampoco es mi intención ofenderte, ¿pero no eres muy joven?
Stephyr sonrió lentamente, inclinándose sobre la mesa mientras bajaba la voz, adoptando un tono confidente y seguro: —Y eso, es exactamente lo que me llena de orgullo.
—Stephyr sonrió lentamente, inclinándose sobre la mesa mientras bajaba la voz—.
Miren, aquí, es mi reputación la que está en juego.
No suelo arriesgar mi honor por unas cuantas monedas.
Así que si tienen alguna duda respecto a mí, podemos dar por terminado nuestro acuerdo y puedes buscar algún otro capitán con más arrugas y pelos en la cara, para sentirte más a gusto.
Aria vaciló, aún inquieta, pero finalmente suspiró y asintió con resignación.
—No.
Está bien.
Pagaremos.
¿Dónde sería el encuentro para zarpar?
Stephyr se recostó en su asiento, satisfecha.
—Mañana al amanecer, en el puerto principal.
No lleguen tarde, mi navío no espera a nadie.
Se puso de pie, acomodándose la chaqueta, se giró hacia Zafron, dándole una mirada breve, y él le devolvió un asentimiento casi imperceptible.
—Bueno, grumetes.
Bienvenidos a bordo —dijo la pelirroja con firmeza—.
Prepárense, porque les aseguro que este será un viaje que jamás olvidarán.
Ahora, si me disculpan, voy a necesitar ese pago del que hablamos.
—Claro, dame un segundo… Pero entonces, mientras Stephyr contemplaba el rechinar de las monedas en el bolsillo de Aria, por el rabillo del ojo, algo captó su atención.
Su mirada se congeló al ver una silueta robusta y oscura que ascendía lentamente por las escaleras del fondo.
Stephyr sintió cómo toda la sangre se escurrió de su rostro al reconocer aquel semblante rudo, cicatrices marcadas en la mejilla derecha, y una mirada áspera que parecía querer despedazarla allí mismo: era ese pirata al que le había robado el Trayzer.
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