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La Dyalquimista - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 Un viaje que jamás olvidarán - Parte 4
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30: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 4 30: Un viaje que jamás olvidarán – Parte 4 Retrocedió apenas un paso, intentando conservar la calma mientras buscaba instintivamente una vía de escape.

Sus ojos se movieron hacia la escalera opuesta, solo para descubrir que otro hombre, igual de amenazante aunque desconocido, subía con intenciones iguales de agresivas.

—¿Pasa algo?

—preguntó Aria, notando su repentino cambio de semblante de la pelirroja.

La mujer respiró hondo, tratando de recobrar el control, pero sentía que la garganta se le secaba cada vez más rápido.

Improvisó una expresión preocupada y adoptó un tono bajo y urgente.

—No pensé que esto sucedería tan rápido —murmuró rápidamente, lanzando miradas de reojo hacia ambos piratas que acortaban las distancias lentamente—.

Esos hombres de ahí.

Son piratas.

Han estado siguiéndome desde el último puerto que atracamos, pensé que los había despistado en mar abierto… —Hizo una pausa—.

Pero nos encontraron, y créanme, no son nada, nada… amables.

Debemos irnos.

Podemos sellar el acuerdo en otro lado.

Aria y Stelian se pusieron de pie casi al unísono, lanzando miradas nerviosas hacia los dos hombres que continuaban aproximándose como depredadores.

—¿Estás segura?

—preguntó Aria.

Stephyr asintió.

Tenía que hacer algo cuanto antes.

No podía perder esta oportunidad, pero si se quedaba demasiado tiempo en este lugar… no lo contaría.

—Escúchenme bien… —les dijo a la alquimista y al grafista—.

Conozco a este tipo de sujetos.

Dirán cualquier cosa para confundirlos.

No les crean una sola palabra, pase lo que pase.

Solo síganme la corriente a mi colega y yo… y cuando tengamos una oportunidad, nos escabullimos.

¿Bien?

Entonces, desde el otro lado de la terraza, la voz profunda y áspera de Gaward resonó como un trueno lleno de resentimiento contenido: —¡Hey, Rakkra!

—rugió desde la distancia—.

Tienes algo que me pertenece, y no pienso irme sin recuperarlo.

Stephyr suspiró con una mezcla de resignación y determinación, midiendo la distancia entre los piratas y su propia salida.

No había escapatoria fácil.

Sus ojos oscilaron entre Aria y Stelian… no podía perderlos.

—Lamento profundamente tener que meterlos en una situación así —dijo con sinceridad—.

Pero si logramos despistarlos e irnos de aquí, consideren sus pasajes pagados.

Aria la observó por un momento, pero finalmente, asintió con firmeza.

Durante todos estos días de viaje, había estado sumergida en los conocimientos del Tomo de Aldamer, explorando fórmulas y hechizos, comprendiendo la verdadera extensión de lo que significaba la Imagia.

Entre todos los textos que había estudiado, había un concepto que siempre la había cautivado: la transmutación.

Para cualquier alquimista, aquello resultaba un acto inalcanzable de ejecutar de manera evocativa; solo podía lograrse mediante un grafo inscrito en un soporte material.

Sin embargo, para Aldamer aquello nunca fue una limitación: él había creado un hechizo evocativo capaz de alterar con sus propias manos el tejido del entorno a su voluntad.

Y ahora, esa misma posibilidad… se abría también para Aria.

Se incorporó con determinación y avanzó hacia la baranda metálica de la terraza de la taberna.

Apoyó ambas manos sobre la superficie y percibió en sus palmas la aspereza del óxido, la solidez densa del hierro y la resistencia del material.

Inspiró profundo, se concentró… y sus labios pronunciaron con claridad: —Exarphossia.

El metal tembló con un estremecimiento breve que sacudió sus manos.

Un hormigueo recorrió toda la baranda, y en lo que dura un suspiro, su forma comenzó a alterarse ante sus ojos.

Aria movió las manos con delicadeza, intentando ser lo más precisa posible, guiando cada curva del proceso.

El hierro se estiró, se torció, y lo deformado se fue moldeando, poco a poco, hacia una nueva identidad.

La pieza resultante fue rústica, improvisada, pero innegablemente poderosa: una lanza de filo irregular, que todavía desprendía un calor rojizo que advertía su reciente nacimiento.

Lista para ser empuñada.

Se la tendió a Zafron, quien la tomó con cautela, sin poder apartar la vista de lo que acababa de ocurrir.

—¿Te sirve algo así?

—preguntó Aria, expectante.

El joven apretó los dedos alrededor del arma y, con una sonrisa de medio lado, empezó a virar la lanza, adaptándose rápidamente al peso.

Asintió con admiración, y luego, dio un paso al frente, alzándola con una efervescente determinación.

—¡Atrás!

—gritó, amenazante.

Pero antes de que pudiera hacer nada, una silueta oscura se movió con una velocidad increíble.

Zuhon activó un Grafo oculto que llevaba en la nuca.

Era un símbolo similar a una flecha, discreto, pero con un fulgor candente que estalló en su piel.

Su peso corporal se redujo drásticamente, y en un parpadeo, desapareció de donde estaba.

Apareció en el aire, saltando la distancia que los separaba como si fuera un felino acechando a su presa.

Aterrizó sobre la mesa con una ligereza y, sin dar tiempo a reacción, giró sobre su propio eje en un movimiento perfecto.

Su pierna voló en un arco impecable hacia arriba, impactando la lanza en un punto estratégico.

El arma se clavó en el techo.

Y antes de que Zafron pudiera reaccionar, Zuhon aprovechó el mismo impulso para lanzar una patada acrobática.

Su pie golpeó el pecho del joven, obligándolo a retroceder tambaleante hasta casi perder el equilibrio.

—Tch… —se quejó Zafron, sacudiendo la cabeza por el aturdimiento del golpe.

Levantó la vista y vio cómo Zuhon caía de nuevo sobre la mesa con la elegancia de un depredador, sin esfuerzo, con la misma sonrisa confiada que había llevado desde el inicio.

—Me encantan los héroes… —musitó el pirata, colocándose en cuclillas.

La mesa no se había movido ni un solo centímetro, incluso con él en el borde—.

En especial cuando ponen esa cara de: me cago encima.

Zafron apretó los dientes.

Aria, a su lado, se preparó para reaccionar.

Stephyr sintió el frío sudor recorriéndole la espalda.

Stelian apretujó el brazo de su amiga con más fuerza que nunca.

Y la lucha comenzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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