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La Dyalquimista - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - Capítulo 37: Contrato de sangre - Parte 5
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Capítulo 37: Contrato de sangre – Parte 5

Virion se tomó un momento, evaluando la propuesta con detenimiento. Aunque pasarían siglos para que él bajara la guardia ante la palabra de una sucia y vil pirata como ella, finalmente, tras un breve silencio de replanteamientos, se levantó y abrió la puerta de su despacho, llamando a uno de sus asistentes.

—Traigan al alquimista de inmediato. Necesito verificar la validez de este contrato.

Minutos más tarde, un alquimista de la Marina entró con rapidez y tras examinar cuidadosamente la escritura, expresó:

—Todo está en orden, teniente. El contrato es legítimo. Si ella incumple su parte, morirá. Usted, en cambio, no tiene ningún riesgo a menos que ataque a la señora Skygger. Es un contrato tácito de no violencia entre ninguna de las partes hasta que el Therfos sea eliminado.

Kyrst miró a Elda por última vez, intrigado por aquella pirata que parecía jugar con la muerte como si fuese una apuesta casual. Luego desvió la vista hacia el contrato de sangre y, con una mirada empapada en frialdad, detectó el resquicio.

El vínculo estaba condicionado únicamente a la cacería del monstruo, por lo que, una vez que la criatura cayera, si ese fuese el caso, el contrato finalizaría, y con él, toda obligación hacia aquella mujer.

El plan se delineó en su mente al instante. Podría dejar que Elda hiciera el trabajo sucio, que se manchara las manos con la sangre del Therfos y cargara con el peso de la batalla. Después, cuando el contrato se disolviera, él tendría vía libre para girar el cañón contra ella y reducir a la capitana más temida del mar.

Se imaginó a la multitud recibiéndolo como a un héroe, a los superiores estrechándole la mano, y a ella… arrodillada en el centro de un tribunal, con sus cabellos manchados de sal y una mirada empapada de derrota, finalizando así, de una vez por todas, con esa sobrevalorada leyendita pirata.

Sin embargo… todavía podía hacer más que eso.

Actualmente, la nación enemiga de Tyria, Edara, había demostrado con la reciente masacre de uno de los puestos de avanzada principales en las islas del oeste, que sus flotas podían atravesar defensas y arrasar territorios con una facilidad escalofriante. En ese tablero de guerra, ¿qué mejor pieza que una de las piratas más aguerridas? Si ella estaba dispuesta a morder la correa, podría transformarse en un arma clandestina que jamás aparecería en los registros oficiales y poder sacar una ventaja sin manchar los colores de la bandera Tyriana.

Si jugaba bien sus cartas, la alianza de Synova agradecería la audacia… y su propio nombre podría escalar peldaños en la jerarquía naval con gran rapidez. Tenía a su disposición una poderosísima decisión que lo podría cambiar todo.

—Está bien, capitana Skygger —dijo Virion, con la voz firme, sin conceder un ápice de indulgencia—. Aceptaré su propuesta, pero bajo una condición innegociable.

—Lo escucho… —dijo ella, borrando la sonrisa de diversión de su rostro.

—El trato será así —continuó—. Si su tripulación y usted acaban con el Estryzor según lo prometido, yo aseguraré su inmunidad pública inmediata frente a cualquier acción legal ordinaria. No habrá procesamientos ni confiscaciones, siempre y cuando se cumplan los términos que voy a dictar a continuación. En contrapartida, usted y su gente operarán bajo mando directo mío en tres operaciones concretas y contra tres objetivos militares de la bandera Edariana que yo designaré. Si en algún momento incumplen, la inmunidad se anula al instante y la Imagia que sustenta este pacto cobrará la deuda en sangre.

—¿Me quiere tener con la correa al cuello para sus fines políticos? No creí que fuese tan ambicioso, teniente.

—Solo serán tres objetivos —repuso el Teniente—. No pretendo una vida de servidumbre. Si su pericia iguala la leyenda que la ronda, esas operaciones serán breves y concretas.

Hizo una pausa y luego, dirigiéndose al alquimista que esperaba junto a la mesa, añadió:

—Reformule el acuerdo tal como lo he expuesto. Que conste la inmunidad condicionada, las tres operaciones designadas y la pena máxima por incumplimiento.

El soldado asintió, inclinó la cabeza y comenzó a anotar. Virion se inclinó hacia él y, en voz baja, sin que la pirata pudiera oirla, le ordenó que añadiera una nota oculta al contrato, bajo el nombre de «Facultad de prórroga».

No era más que una trampa cuidadosamente disimulada: una cláusula que, al cumplirse las tres operaciones contra los Edarianos, le permitiría prolongar el acuerdo tantas veces como quisiera. El documento quedaría redactado de forma que la capitana jamás pudiera negarse, quedando atada a sus órdenes de manera indefinida.

Cuando el alquimista terminó, Virion tomó el contrato ya reformulado y lo dejó frente a la mujer para que lo leyera. Observó con atención su rostro, esperando que sus ojos se deslizaran por las líneas sin detectar aquel anexo escondido entre el mar de palabras.

Si todo salía bien y la capitana lo pasaba por alto, quedaría encadenada a él para siempre.

Elda tomó el contrato con desparpajo, como si no tuviera nada que temer, y lo repasó con la mirada. La cadena tintineó cuando giró el pergamino hacia la luz de la lámpara, y en su boca apareció una mueca divertida, casi burlona.

—Tanta formalidad para una simple carnicería —dijo finalmente, dejando el contrato en la mesa—. Está bien, teniente, supongo que acepto ser su perro de caza por un rato.

La sonrisa del teniente se ensanchó, esbozando la mueca satisfecha de alguien que acababa de reclamar una victoria monumental sin necesidad de disparar un solo cañón.

—Perfecto, capitana Skygger. En ese caso, le ofreceremos el Nymiria, un bergantín ligero con espacio reducido para maniobras rápidas. Tendrá una sola carga de munición. No pida más. Además, será escoltada por el Heraldis, un navío de media clase con sistema Kelvar integrado. En el caso de que usted no pueda completar su tarea, ellos lo harán.

El nombre Kelvar le provocó una ceja arqueada a Elda, pero no dijo nada.

Ambos extendieron sus manos sobre la mesa. Tomaron una daga y se hicieron un corte en el índice, dejando caer una gota de sangre sobre el contrato. Al contacto con el pergamino, este resplandeció brevemente con un fulgor rojo oscuro antes de apagarse lentamente, sellando finalmente el pacto.

—Trato hecho —susurró Virion, con el pecho inflado de orgullo—. Espero que sea capaz de cumplir con la primera parte del contrato.

Elda le dedicó una sonrisa amplia y desafiante, limpiándose lentamente la sangre del dedo con la lengua.

—Siempre lo hago, teniente. Ahora, si me disculpa, tengo un Therfos que asesinar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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