Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Dyalquimista - Capítulo 40

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Dyalquimista
  4. Capítulo 40 - Capítulo 40: Recordarán este día - Parte 3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 40: Recordarán este día – Parte 3

El silencio fue breve y enseguida habló el miedo: uno de los marinos soltó su espada, cayó de rodillas y empezó a quitarse el uniforme, y tras él lo imitaron dos más, y luego cinco, hasta que, poco a poco, una docena de hombres se desnudó de su lealtad con un solo gesto, arrojando sus chaquetas con el escudo de Tyria al agua.

—¡Cobardes! —vociferó Virion, retorciéndose como una serpiente amordazada—. ¡Traidores! ¡Juraron proteger este continente!

—La lealtad está muy sobrevalorada, teniente. Déjelos elegir el rumbo de sus vidas. No sea mezquino —dijo Elda con una sonrisa mientras se le acercaba.

—Yo me encargo de este charlatán… —añadió Gaward arrastrándolo y llevándolo hacia la plancha.

—Voy a asesinarla, Skygger. Escúcheme bien. Voy a verla rogar por su vida. Voy a clavar su cabeza en una estaca y voy a encender una hoguera con su maldito cráneo.

—¿Una hoguera con mi cra…? —Se interrumpió para echar una breve carcajada—. Y dicen que los piratas somos los retorcidos.

Gaward no meditó más; lo agarró del cuello de la camisa, le ensartó la hoja en el estómago, y lo arrojó por la borda; Virion pegó un único quejido ahogado, que el viento se llevó y el mar se devoró.

Después, mientras enderezaban el barco y cerraban las heridas de la cubierta, apareció Vin. Había interrogado a uno de los soldados de Tyria; lo traía delante como prueba. El soldado, tembloroso, se proclamó Imago comunicador y dijo haber escuchado con atención sobre el juicio en el que figuraba Zuhon Skygger.

—Lo que sospechaba es verdad, capitana —empezó a decir Vin—. El tomo que trajo Gaward pertenece a una nueva Dyalquimista, y está en ese juicio junto a Zuhon.

—¿Y eso me importa porque…? —preguntó la mujer, con una sagaz ironía en su tono.

—Podría ser valiosa. Cualquier nación daría todas sus malditas riquezas por obtener a un nuevo Dyalquimistas en sus filas —barajó Vin—. Incluso los reyes piratas de Nassúb. Inclinaría mucho la balanza a nuestro favor. Por lo que parece, es apenas un polluelo recién salida del cascarón con delirios de grandeza.

—¿Y eso? —preguntó Skygger sin darle tanta importancia a la plática.

—Nada del otro mundo. Dice que quiere terminar con las maldiciones de Aldamer —comentó la alquimista con una risa ronca—. ¿Te lo imaginas?

Elda alzó la barbilla, asintió una sola vez y simplemente se apartó hasta la borda alta, para mirar la ciudad de Esenjyar a lo lejos.

Aquella última frase había rebotado en los oídos de la tripulación, pero en ella, en cambio, algo se había removido. Su mirada vislumbró la sombra de un viejo recuerdo de sus inicios como pirata y el nombre de una vieja colega apareció en su mente, haciéndole esbozar una pequeña sonrisa: Lynna Ember.

—Así que erradicar las maldiciones… —murmuró para sí misma, mientras su mente calculaba las posibilidades—. Interesante.

Elda se enderezó, giró sobre sus talones y bajó a la zona baja de la cubierta; al cruzarse con Gaward, este se le acercó con el sombrero que le correspondía entre las manos. Ella le ofreció el suyo sin palabras de por medio.

—Muy bien, Vin. Vamos a traerla aquí… —dijo ella al colocarse el ala ancha sobre la cabeza. La alquimista asintió y la capitana se dirigió a otro de sus hombres—. Borles. Informe.

El mencionado emergió de entre las sombras como una comadreja obediente. Levantó una tabla de madera con papeles húmedos sujetos por clavos y se aclaró la garganta, colocándose firme.

—Tenemos diez cajas de munición recuperada y suficiente pólvora para una fiesta pequeña. Ah, también hay un equipo Trayzer recuperado en buen estado. Estaba sujeto al cadáver de un oficial. No parece usado.

—Hermoso. ¿Y el Sistema Kelvar del navío?

Borles le lanzó una mirada que casi titilaba de orgullo.

—Cargado, y las reservas indican dos elevaciones completas. Quizás una tercera si no hacemos idioteces.

Elda contempló el cielo cargado de nubes como si hablara con él directamente.

—Oh, querido. Las idioteces son mi plato preferido.

Se giró hacia el resto de la tripulación.

—¡Atentos, bípedos de mar! ¡Los quiero a todos en sus puestos! ¡Gaward, ponte ese Trayzer! —rugió con la frente por lo alto—. ¡Preparen el sistema Kelvar! ¡Vamos a hacer un poco de ruido en Esenjyar!

El Heraldis vibró bajo los gritos de guerra de los piratas, y en ese momento, el cielo, la tierra y el mar supieron… que se avecinaba una tormenta.

*****

Desde lo alto del campanario, el mundo parecía más lejano de lo que cualquiera de los dos hubiera querido.

Stelian se aferraba al borde de piedra, con el torso inclinado hacia adelante, como si acercarse un poco más le fuera a permitir entender la locura que estaban por intentar.

Abajo, la plaza de Esenjyar hervía de murmullos. Desde esa altura, la multitud se reducía a un mosaico de puntos inquietos, todos expectantes frente a la plataforma de los acusados, donde tres figuras inmóviles aguardaban en el centro, y aunque Stelian sabía que una de ellas era Aria, no lograba distinguir cuál.

—Zafron… —murmuró, apenas girando el rostro hacia él—. ¿Y si mejor cambiamos de plan?

Zafron, a su lado, ni siquiera parpadeó. Tenía la mandíbula tensa, la mirada fija en la plaza, como si estuviera midiendo la distancia exacta entre cada poste, cada guardia, cada posible punto de escape. El equipo Trayzer ya estaba completamente ceñido a su cuerpo. Aun así, no dejaba de apretar y aflojar las palancas con los dedos, como si calentara los nervios para lo inevitable.

—Con la cantidad de gente rodeando la plaza, nos harían picadillo antes de llegar siquiera al centro —respondió con voz baja—. Si usamos los Laguertos, nos verán venir a tres kilómetros de distancia. La idea es que, cuando se den cuenta de nuestra presencia, ya estemos ahí. Cortamos las sogas, bajamos con ellas hasta la fuente y nos vamos hacia la entrada sur a toda velocidad, donde los Laguertos estarán esperando y nos largamos antes de que cierren los portones.

Stelian soltó una risa amarga.

—No sé qué tantas posibilidades tengo de rescatar a nadie si termino hecho un puré estrellado en el asfalto…

Zafron se volteó hacia él.

—Sí, lo sé —dijo apretando los labios—. Es una locura, pero es la única manera. —Guardó silencio un instante. Luego, añadió en voz más baja—. Pero tiene que ser así, por ellas.

Stelian cerró los ojos.

—Supongo que… no queda otra. —Los abrió con una sombra de pesimismo—. Fue lindo vivir mientras duró.

Ambos se posicionaron sobre la cornisa de piedra como si el borde del mundo terminara justo allí. El viento les batía las ropas, enredaba sus cabellos, y el corazón de Stelian retumbaba como un tambor de guerra sin control.

Zafron ajustó una última vez el arnés del Trayzer y respiró profundamente.

—Voy a contar hasta tres. ¿Okey?

Stelian asintió con la cabeza sin poder evitar que las manos comenzaran a temblarle.

—Uno.

Sus dedos comenzaron a sacudirse con violencia. Intentó cerrarlos, fijarlos al borde de piedra, pero las yemas apenas rozaban la superficie sin fuerza.

—Dos.

Su respiración se contrajo y durante ese instante lo sintió todo: la adrenalina trepándole por la espalda, la presión punzante en las sienes, el sudor frío resbalándole por el cuello.

Visualizó el salto.

Visualizó el fracaso.

Y por alguna razón, también visualizó el rostro del pequeño Vante sonriendo de manera macabra.

Y entonces, justo ahí, antes del «tres», el mundo entero se quebró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo