Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Dyalquimista - Capítulo 45

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Dyalquimista
  4. Capítulo 45 - Capítulo 45: El alma del Albatroz - Parte 3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 45: El alma del Albatroz – Parte 3

Ni siquiera terminó de hablar cuando Stelian, veloz como nunca en toda su existencia, ya había desarmado el equipo y lo ofrecía hacia ella, como si sostuviera dinamita encendida. Incluso la capitana se quedó altamente sorprendida por el cumplimiento tan bien ejecutado del jovencito.

—Me gusta este. Eres todo un cachorrito obediente —dijo ella acariciándole el pelo. Luego, clavó su mirada letal en Zafron—. ¿Y tú? ¿Crees que tu cara bonita te salvará? ¡Quítate el maldito Trayzer, bípedo de mar!

Zafron, sin chistar, forcejeó con las correas como un pez fuera del agua, tropezando consigo mismo, hasta que finalmente fue capaz de quitárselo tras unos vergonzosos segundos en que los piratas reían a sus espaldas. Cuando terminó, Zuhon se adelantó y le arrebató el equipo de las manos sin decir una palabra.

—Bien —declaró Elda, volviéndose para empezar la fiesta—. Zuhon. Gaward. Los quiero listos pronto…

Pero entonces, antes de que pudiera decir más, Stephyr dio un paso al frente.

—Yo también puedo ayudar. Soy capaz de usar un Trayzer.

Si había algo que Elda detestaba, era ser interrumpida. Aunque en esta ocasión decidió dejarlo pasar porque algo en la mirada de aquella muchachita de cabello rojizo y desarreglado le generó una pequeña gota de intriga en su interior. Se le arrimó y la recorrió por completo con los ojos, deteniéndose a un palmo de distancia, como si quisiera analizar sus intenciones en lo más profundo de su ser.

La realidad es que, por lo general, cuando ella hacía eso, esperaba una reacción de temor, angustia o miedo que se detectaba al instante en las pequeñas microexpresiones en los rostros de la carne nueva que ingresaba al barco. Poco a poco, una sonrisa empezó a crecer en su rostro. Esa muchacha no se había movido un solo centímetro y no había cambiado su expresión.

Pocas veces alguien podía esconder de esa manera sus sentimientos. Ahora tenía muchas ganas de probar sus límites. Por lo que llamó a Gaward con la sola mención de su nombre. Los pasos pesados empezaron a resonar por los tablones del navío. El hombre, ni bien la vio, chasqueó la lengua al reconocerla, y una risita grave y gutural de dientes cerrados le saludó.

—Pero mira nada más quién es… —murmuró, deteniéndose frente a ella. Se acercó tanto que el aliento le rozó la mejilla—. Esta Rakkra es la que nos robó el Trayzer de Runk.

Como si fuesen dos tiburones hambrientos asechando a una presa diminuta, ambos acorralaron a Stephyr desde los flancos, murmurando entre ellos, y girando de tanto en tanto, para arrebatarle todo espacio personal que ella pudiera tener.

—¿Ah sí? —comentó la Capitana, mojándose el labio inferior con la lengua, deleitándose—. ¿Sabes lo que les hacemos a los de tu clase?

—Ni en tres vidas lo imaginarías —respondió Gaward.

—¿Y me dices que puedes ayudar? ¿Por qué? ¿Acaso quieres unirte a nosotros?

—Todavía no sé cómo carajo te atreves a poner un pie en mi presencia, niña. Debería romperte todos los malditos huesos del cuerpo ahora mismo.

—¿Qué me garantiza que no te lanzarás al mar y robarás el equipo de nuevo? —le murmuró Skygger al oído izquierdo.

—¿Crees que tienes lo necesario para estar en este barco? —gruñó Gaward por la derecha—. ¿Siquiera sabes en dónde te has metido?

—¿Alguna vez has blandido una espada? —escuchó el susurro gélido rozar su nuca.

—¿O asesinado a alguien? —continuó Gaward mirándola desde el frente—. Porque dudo mucho que dures ni los primeros diez segundos de un enfrentamiento directo.

—¿De qué servirías entonces? —preguntó la capitana, ahora a su derecha.

—Serías un desperdicio de recursos.

—¿Qué es lo que puedes ofrecer al Albatroz?

—No te necesitamos.

—¿Qué puedes ofrecerme a mí? —sentenció finalmente Elda.

Zafron tuvo un breve impulso en el que su pierna dio un pequeño paso, pero fue detenido abruptamente por Zuhon. El pirata le dijo todo lo que necesitaba saber con una única, distante y severa mirada: «Si sabes lo que te conviene. No te metas».

Stephyr sintió que el aire era irrespirable. Elda y Gaward la rodeaban como dos fuerzas opuestas de un mismo abismo: ella con su sonrisa torcida, él con esa serenidad previa a la violencia. Cada uno parecía esperar el más mínimo temblor para abalanzarse.

El pulso le retumbó en las sienes, el corazón le martilló el pecho y el aire se volvió una aguja en los pulmones. Stephyr pensó inmediatamente en responder algo sobre Zuhon, en decir que sin ella, él no estaría allí, pero lo descartó.

Sabía que elegir a quién responder era como elegir a su próximo verdugo: si miraba a Elda, podía parecer súplica; si miraba a Gaward, desafío. Y ambos sabían leer a la perfección el miedo con tan solo un vistazo.

Los ojos de Elda eran dagas húmedas que la recorrían con deleite, estudiando el modo en que contenía el temblor. Los de Gaward, en cambio, mostraban el hambre de un animal que ya había decidido atacar, pero que se da el lujo de esperar.

Stephyr sintió el impulso de bajar la cabeza, de hacerse pequeña, de pedir que todo acabara rápido, pero algo en su interior le susurró que rendirse sería peor que morir. Así que, finalmente, tomó una decisión.

Giró el rostro hacia Elda, ignorando por completo la sombra imponente de Gaward a su costado. Levantó la cabeza con un gesto mínimo, pero lo suficientemente claro como para marcar territorio. Sus hombros se alinearon, el cuerpo se tensó en una vertical perfecta y el mentón ascendió con una seguridad que no parecía la de alguien en inminente peligro, sino más bien los de quien había decidido observar a la muerte a los ojos.

Y morir de pie, de ser necesario.

Sus ojos adquirieron una nitidez distinta. El reflejo del mar los llenó de una luz fría, pero dentro de ese sutil brillo, relucía una chispa de determinación: la misma que Elda había visto mil veces antes, en aquellos que estaban dispuestos a perderlo todo. Nada mal para una Rakkra.

—No se trata de qué es lo que puedo ofrecerles, porque yo soy quien los necesita. Yo necesito salir de esta ciudad. Tengo tres personas más a mi cargo que tengo que llevarme de Tyria, cuanto antes, y de la forma que sea. Necesito de su barco para hacerlo… —guardó silencio y ensartó su mirada más firme hacia la capitana—, y estoy dispuesta a ofrecerles, como pago, mi propia libertad.

—¿Y eso a mí qué me importa? —gruñó Gaward, colocándose frente a ella—. No has respondido la pregunta que más me interesa. ¿Alguna vez has asesinado a alguien?

Stephyr apretó los labios. No podía decir la verdad, no frente a esa mirada que parecía querer hundirse hasta alcanzar su alma.

—Sí —mintió.

Elda cruzó los brazos y sonrió, aunque no porque le creyese, sino que le intrigaba ver si la chica sería capaz de sostener esa mentira cuando el precio fuera sangre.

—¡Borles! —gritó la capitana, girando el rostro hacia la cubierta—. Ocúpate de armarla hasta los dientes. —Se volvió hacia la ladrona—. Veamos de qué eres capaz… y luego retomaremos esta charla acerca de tu «libertad».

El pequeño y calvo tesorero emergió de algún rincón, alzó las cejas con gesto nervioso, y se precipitó con rapidez para cumplir la orden. Mientras tanto, Elda empezó a marchar en dirección a las escalerillas de la cubierta, seguida por su segundo al mando.

—¡Al resto! ¡Todos a sus malditos puestos! ¡Quiero los cañones alineados! ¡Kazthielo, a las bombas! ¡Vin, al laboratorio! ¡Al que vea haciendo nada, le rebano el cuello! —vociferó, y el barco entero pareció estremecerse con la orden.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo