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La Dyalquimista - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Una nueva Dyalquimista - Parte 2
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5: Una nueva Dyalquimista – Parte 2 5: Una nueva Dyalquimista – Parte 2 Si Aria algo había estudiado hasta el hartazgo en la academia de alquimia, era exactamente sobre lo que el alcalde había mencionado ahora: las maldiciones de Aldamer.

Aldamer… Un nombre que no se pronunciaba a la ligera, y no porque estuviese prohibido, sino porque su mera mención evocaba a un tiempo en donde el Espheria se había quebrado por completo.

Un nombre cuyo poder transcendió al de los dioses, y que, en vez de emplearlo para ayudar al planeta… terminó por condenarlo.

Los antiguos registros dictan de que Aldamer maldijo Espheria provocando la llegada de criaturas inhumanas y completamente agresivas que se agolparon en lo alto de los cielos, en las profundidades de los mares y en el corazón de las tierras.

Por aquel entonces, los mapas tuvieron que ser redibujados, ya que los núcleos de efervescentes civilizaciones tuvieron que emigrar hacia las costas para buscar refugio, lo que transformó ciudades enteras en tierra de nadie, y siendo, una a una, conquistadas por los cientos de criaturas que hoy en día se conocen como Therfos.

Los Segadores eran solo un tipo de estas peligrosas criaturas, con un hambre de destrucción tan voraz y despiadado que incluso uno solo de ellos podría complicarles la batalla a un grupo experimentado de guerreros.

Por eso, hoy en día Blutmar era, en sí mismo, una rareza.

El último poblado rodeado de vegetación, montañas, praderas… y no de agua.

Para algunos, quizás era un acto de fe… pero indudablemente, para muchos, no era más que uno de terquedad.

—Últimamente, se han avistado gran cantidad de segadores ascendiendo la ladera y saliendo de sus escondrijos en los bosques.

Hemos organizado una avanzada para contenerlos, pero necesitamos algo que los aleje de forma definitiva —continuó el alcalde con seriedad—.

Aquí está la receta que queremos que prepares.

El hombre arrastró un libro pesado sobre la mesa.

La tapa era de cuero oscuro, con inscripciones en el lomo que se habían desgastado por los años.

Lo abrió en una página determinada y lo deslizó hacia delante para que Aria pudiera verlo.

—La conseguimos del Compendio Alquímico de J.

Fendrick.

Aria se inclinó sobre la mesa.

A medida que revisaba los pasos y elementos necesarios que emplearían para la receta, Cesio se adelantó.

—Es básicamente un hechizo de campo de fuerza.

Necesitamos algo que cubra la totalidad del pueblo y que sea lo bastante fuerte para detener a esas criaturas.

—No va a funcionar —dijo ella, tajante, sin siquiera terminar la lectura y la sorpresa apareció en los rostros de todos—.

Esto de aquí es un campo de energía, no de fuerza.

Los campos de energía no garantizan protección.

Amaril chasqueó la lengua.

—Pero ahí habla de invisibilidad.

¿No es así?

¿No nos garantizaría eso que los Segadores no encuentren el pueblo?

—La escritura es ambigua, así que la confusión es válida, pero la invisibilidad es para el mismo campo, no para quienes están dentro de él.

Además… lo único que lograrán con esto es provocar que quienes estén dentro… duerman menos.

Es, de manera literal, un campo de energía.

—Apretó los labios en una sonrisa—.

Tan solo te permite estar despierto más tiempo.

—¿Es una broma?

—preguntó Darízoto, incrédulo—.

¿Íbamos a construir una cafetera gigante?

Aria exhaló por la nariz, dejando escapar una breve risa.

Luego, metió ambas manos en su mochila y empezó a rebuscar entre los múltiples frascos, herramientas y pergaminos que llevaba consigo.

Finalmente, colocó otro libro, mucho más liviano y corto que el anterior, sobre la mesa.

—Este es el Libro de Orphéon.

Fue uno de los alquimistas más respetados en el continente de Stratos.

—Aria palmeó la cubierta con delicadeza—.

Y a diferencia de Fendrick, él sí se versaba en campos defensivos.

Sus barreras no solo serán capaces de bloquear la presencia de seres hostiles, sino que también pueden alterar la percepción misma del entorno.

Es decir… no verán el pueblo, y si alguno se acerca a él, no podrá ingresar.

Cesio apoyó los codos sobre la mesa, evaluándola con renovada curiosidad.

—¿Y crees que esa receta es mejor?

—No lo creo… —respondió Aria, alzando la mirada—.

Lo sé.

Cesio sonrió.

—Bueno.

A mí me suena convincente.

Darízoto, por su lado, soltó un bufido y negó con la cabeza.

—Pero ya habíamos reunido todo lo necesario para que trabajaras en la receta de Fendrick —apuntó, golpeando el libro con dos dedos—.

Si ahora tenemos que reunir otros materiales, perderemos tiempo.

Aria inclinó la cabeza y se detuvo un segundo a pensar.

—Imagino que los puestos de avanzada que vi en el sur, cerca del bosque, son de aquí, ¿verdad?

—Darízoto asintió—.

En ese caso, podrían usar los materiales para hacer la «cafetera gigante» ahí.

Es más viable para mantener con energía a los soldados Blutmarianos en los enfrentamientos.

Amaril se reclinó en su asiento, meditando la propuesta y se dirigió al alcalde.

—La verdad es que no es un mal plan.

—Bien… —interrumpió el alcalde—.

Suponiendo que nos volcamos a la preparación de la nueva receta.

¿En cuánto tiempo la tendrás lista?

—Luego de tener todos los materiales.

Un día, o dos, quizás… —Chasqueó los dedos—.

Y antes de que lo olvide, también voy a necesitar a un Grafista.

¿Tienen a alguno en el pueblo?

De nuevo, los rostros de todos adoptaron la misma expresión de incertidumbre.

—No… —respondió el alcalde—.

La receta que íbamos a realizar no mencionaba Imagiagrafía.

—Entonces, vamos a necesitar contratar a alguien.

Es imprescindible para el último paso.

—¿Y no puedes hacerlo tú?

—Cesio se echó hacia atrás en su silla.

—Oh, no.

Ni hablar.

Tiene que ser un profesional.

Un solo trazo en falso y… podría ser catastrófico.

Por suerte, conozco a alguien cualificado que puede hacerlo.

El alcalde lo meditó durante unos instantes, pero terminó accediendo finalmente a la propuesta de la alquimista.

—Está bien, haremos la nueva barrera.

Por el Grafista, no se preocupe.

Me encargaré personalmente de contratar a uno.

Por lo pronto, necesito que ninguno se distraiga y empiecen a trabajar cuanto antes.

Amaril, ocúpate de asignarle una carpa para que Aria trabaje en el puesto de avanzada.

Necesitamos conseguir los materiales para la nueva receta lo antes posible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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