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La Dyalquimista - Capítulo 51

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  4. Capítulo 51 - Capítulo 51: ¡Fuego! - Parte 5
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Capítulo 51: ¡Fuego! – Parte 5

Aria suspiró.

—Iba a decir que, puede que tenga una receta que haga que el Estryzor nos ignore.

Una ceja de Vin se levantó en señal de intriga.

—¿Ah, sí?

—Cuando estuve en Blutmar, un alquimista creó un campo imágico que tenía dos funciones —dijo Aria alzando su mirada—. Una era de atracción, se trataba de un foso repleto de sangre y miembros de Therfos muertos, pero la otra parte, eran unos grabados en Nitaal colocados sobre monolitos, que enmascaraba a cualquier presencia que estaba dentro de su rango. Estoy viva porque, aunque caí al foso y estaba cubierta de la sangre que atraía a los Therfos, ninguno me prestó atención cuando salí porque estaba dentro de ese campo. —Aria se puso a meditar. Su mirada se puso seria—. Según recuerdo, las anotaciones del alquimista no mencionaba que los monolitos fueran estrictamente necesarios. Si grabamos las inscripciones en el barco, podría servir para ocultarlo del Therfos.

La segunda ceja de vin se alineó con la otra, sorprendida.

—Me ahorraré conocer los detalles sobre eso ahora. ¿Tienes la receta contigo?

—Copié todas las fórmulas que encontré de ese alquimista antes de irme de Blutmar. Están en mi mochila, que creo… que quedó arriba, en la cubierta.

—Tráelo aquí inmediatamente. Y ya que te vas arriba, necesito un pulmón disecado de Crimaria para finalizar el anzuelo —comentó mostrándole una imagen del órgano en uno de sus libros—. Este laboratorio no tiene gran cosa, pero el navío enemigo es más completo. Puede que tengamos suerte.

Aria tragó saliva.

—¿Quieres que vaya al otro barco…?

—¿Estás demente? ¡Te arrancarían las tripas! —replicó Vin—. Solo encárgaselo a alguien que pueda cumplir la orden con rapidez. ¡Es de vida o muerte, así que apúrate!

Aria emergió a cubierta en medio de una escena caótica y desbordante. El humo de los cañones se esparcía con densidad. Buscó con desesperación entre cuerpos, restos de barriles, munición dispersa y tablones destrozados, hasta que la vio: su mochila estaba tirada en una esquina del barco, junto a una viga caída en diagonal que se apoyaba sobre la borda.

Se lanzó hacia allá sin pensarlo; por fortuna, la cubierta, a esas alturas de la batalla, se encontraba casi desierta. La mayoría de los piratas había cruzado al navío enemigo, y el fragor del combate se concentraba ahora en la otra borda.

Cuando se inclinó para tomarla, su corazón dio un vuelco.

Detrás de la mochila, encogido como un gato asustado, estaba Stelian. Su rostro estaba cubierto de suciedad y sudor, y respiraba con un temblor incontenible. Había usado la mochila como escudo, abrazándola contra el pecho, como si eso bastara para protegerlo del infierno que se desataba alrededor.

—¡Carajo, Stelian! ¡¿Qué haces ahí?!

—¡NO MORIR, ARIA! —respondió él, completamente fuera de sus casillas a causa del temor.

—Escucha. Sé que tienes miedo, pero debes concentrarte. Necesito tu ayuda… y la mochila.

—No te daré ninguna de las dos… —De repente, Stelian se percató de que Aria estaba demasiado al descubierto—. ¡ESCÓNDETE! ¡Si te mueres, yo también muero!

—¡Stelian! ¡Es en serio! Si quieres salir vivo de aquí, tienes que ayudarme. Estaremos bien bajo cubierta, pero tengo que usar la mochila para una receta y además… necesito que me consigas un ingrediente.

Stelian levantó la cabeza lentamente, sus ojos vidriosos estaban a punto de romper en llanto.

—¿Y por qué yo? ¡¿Y-yo qué puedo hacer?! ¡No sé luchar, no sé ni siquiera respirar ahora mismo! —De repente, una explosión lejana le hizo sobresaltarse—. ¡¿TE PUEDES ESCONDER!?

—¡Stelian Gibwhoop! —dijo Aria con severidad—. ¡No necesito que luches, necesito que le des un mensaje urgente a alguien fuerte! ¡Es importante, de vida o muerte!

Stelian suspiró, cuando Aria ponía esa cara, lo sabía, no había manera de hacerle cambiar de parecer. Era una testaruda hasta hartazgo. Suspiró de nuevo, y de nuevo, y de nuevo… y muchas veces más, a gran velocidad.

—¿D-d-d-de qué se trata?

—Necesitamos un pulmón disecado de una Crimaria.

—¿Un que-disecado-de-cri-qué?

—¡Crimaria! Es como… —Aria dudó, tratando de recordar cómo lucía—, algo así como un pulmón seco, muy feo, con aspecto… ¿Esponjoso? ¡Y marrón! Algo viscoso, lo reconocerás porque es bastante pequeño y entra en un frasco. Es como una pasa de uva, pero del tamaño de una manzana.

—¡Eso no me sirve de nada! —respondió Stelian al borde de la desesperación—. ¡¿Cómo diablos voy a encontrar eso?!

—Tú solo pásale el mensaje a alguien que pueda encontrarlo—insistió Aria con prisa, tomando la mochila—. En la bodega del barco enemigo debería haber uno. Cuando lo tengas, llévalo al laboratorio bajo cubierta. ¡Gracias!

Aria se marchó. Stelian tragó saliva, se puso torpemente de pie, y con un esfuerzo colosal reunió la poca valentía que le quedaba. Corrió torpemente hacia la baranda, desde donde observó que Zafron, que a lomos del Laguerto, repartía golpes y embestía a soldados enemigos en la cubierta rival.

—¡Zafron! —chilló Stelian, con voz aguda y temblorosa, agitando frenéticamente los brazos.

Zafron se giró en medio de la batalla.

—¿Qué pasa, colega?

—¡Necesitamos algo urgente! ¡Un pulmón de… una cosa llamada Crimaria! Está… disecado, creo que es esponjoso… tal vez sea una pasa de uva. Como una manzana, en realidad no sé qué demonios es. ¡Está en la bodega enemiga y Aria lo necesita para salvarnos la vida!

Zafron, desconcertado y sin saber qué responder, esbozó una mueca de confusión. Miró a su alrededor, pensando rápidamente qué hacer con esa información confusa y extraña. En ese momento, Stephyr pasó velozmente, sobrevolando ambas cubiertas con su Trayzer, esquivando un raíl enemigo que pasó rozando su hombro.

—¡Stephyr!—gritó Zafron con todas sus fuerzas—. ¡Steph!

Stephyr giró en pleno vuelo, impulsándose con sus propulsores para aterrizar en un mástil enfrentado a Zafron.

—¿Qué pasa? ¿Estás bien?

—¡Sí! ¡Necesitamos un ingrediente! ¡Una pasa de uva viscosa o esponjosa de… de… no sé, algo llamado manzana de Crimaria! Parece que es muy, muy, muy urgente.

—¡¿Crima-qué?! —Stephyr esquivó con rapidez otra ráfaga enemiga y devolvió el ataque con la última carga de su pistola de chispas.

—¡Es un órgano! ¡No una manzana! —gritó Stelian desde el otro barco.

—Lo que él dijo —comentó Zafron—. Está en la bodega enemiga. Tú solo ve por él y dáselo a la alquimista.

Stephyr lanzó una maldición al viento y soltó un profundo suspiro.

—¡Como sea…! —gritó antes de impulsarse hacia abajo, atravesando la cubierta enemiga como un rayo en dirección a la bodega.

Zafron contempló cómo desaparecía, luego se giró hacia Stelian.

—¿Crees que haya entendido?

Stelian solo se encogió de hombros y volvió a agazaparse detrás de unos barriles, esperando que la pesadilla terminara pronto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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