La Dyalquimista - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - Capítulo 52: ¡Fuego! - Parte 6
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Capítulo 52: ¡Fuego! – Parte 6
Stephyr aterrizó en la cubierta enemiga con un estruendo, haciendo crujir la madera bajo sus botas. Dos soldados reaccionaron al instante, desenvainando sus sables y lanzándose sobre ella. Sin tiempo para juegos, bloqueó un sablazo con el brazo derecho protegido por el brazal del Trayzer y empujó con fuerza al soldado contra un mástil, aturdiéndolo.
El segundo enemigo intentó alcanzarla por la espalda, pero antes de que pudiese hacerlo, un raíl certero atravesó la cubierta y se clavó en su armadura. Al instante siguiente, Zuhon pasó volando con la velocidad de un proyectil, arrastrando al soldado por el aire antes de arrojarlo al vacío con indiferencia.
—¡Sé más atenta, Rakkra! —gritó Zuhon desde las alturas, girando ágilmente en dirección a otro enemigo—. ¡No puedo estar cuidándote toda la tarde!
Stephyr masculló entre dientes una maldición dirigida al arrogante pirata y continuó su camino a paso acelerado hacia la trampilla. La abrió con un golpe seco y bajó rápidamente al interior del navío enemigo.
Una vez llegó al laboratorio, un alquimista enemigo de aspecto desaliñado y barba poblada se sobresaltó al verla aparecer de pronto. Antes de que pudiese reaccionar, Steph desenfundó rápidamente su pistola y lo apuntó con firmeza al rostro. Ya no tenía ninguna carga, pero eso no evitó que el enemigo alzara los brazos con un claro temor marcado en sus ojos.
—¡Necesito una puta pasa de uva y una manzana de Crimaria! ¡Ya! —exigió con una voz fría y amenazante.
El alquimista parpadeó varias veces, confundido. Intentó descifrar lo que quiso decir.
—¿Un… corazón de Crimaria, quizás?
—¡Exacto! —dijo Steph, intensificando la presión en el gatillo—. Y como me des otra cosa que no sea eso… estás muerto. ¿Queda claro?
El hombre levantó todavía más las manos, señalando con cautela hacia una serie de estantes en el fondo del laboratorio.
—Puede buscar allí, pero creo que no tenemos corazones de Crimaria.
—Por tu bien que no sea así.
Stephyr avanzó, sin dejar de apuntar al alquimista. Al llegar al estante observó decenas de frascos y recipientes regados en varios estantes. Por fortuna, algunos de ellos estaban etiquetados. Buscó entre los frascos hasta que leyó la palabra Crimaria en solo uno de ellos.
—Esto no es lo que busco… —Steph acercó lentamente el frasco a sus ojos y, efectivamente, la tapa decía en letras pequeñas y elegantes: «Pulmón de Crimaria. Almacenar en frío»—. ¿Seguro que no tiene corazón?
—Lo siento. Eso que ve, es lo único que tenemos de las Crimarias.
—Bah —chistó la ladrona—. Supongo que es mejor que ir con las manos vacías. Además, ni siquiera sé para qué quieren esto.
Sin perder más tiempo, guardó el frasco con cuidado y retrocedió hacia la salida, dedicándole al hombre una última mirada.
—Gracias por nada, cerebrito.
Sin esperar respuesta, Stephyr salió disparada por la escotilla, emergiendo de vuelta a la cubierta. Activó los propulsores de su Trayzer y saltó con agilidad hacia el Albatroz. Al aterrizar, Aria corrió hasta ella con urgencia.
—Stelian me dijo que fuiste a buscar el pulmón de Crimaria. ¿Lo conseguiste?
Steph se congeló durante un segundo procesando que lo que tenía, en realidad, si era lo que buscaba. Quien lo diría.
—¡Claro que lo tengo! —dijo Stephyr entregándole el frasco con una sonrisa confiada—. No fue nada fácil, así que más te vale que eso sirva para alg…
Pero antes de que pudiera decir algo más, un Aheromante enemigo surgió desde el lateral en picada, embistiendo con fuerza a Stephyr y arrastrándola violentamente por encima de la barandilla.
Ambas figuras cayeron al vacío en un violento torbellino de cables y golpes, desapareciendo de la vista de Aria en apenas un instante.
Stephyr forcejeó con el soldado Tyriano mientras ambos caían al vacío, envueltos en un torbellino de golpes. El enemigo la sujetaba desde la espalda e intentó asirla del arnés, pero ella giró bruscamente, efectuando un codazo hacia la mandíbula del hombre. El golpe resonó seco; el Tyriano perdió el control y se alejó de ella girando en el aire.
Steph se precipitó sin contról, con el mundo entero girandole mientras se alejaba cada vez más del barco. La presión del aire le zumbaba en sus oídos, y por un instante, recordó la voz burlona de Zuhon: «Si caes desde esta altura hasta el mar, estás frita…».
Intentó estabilizarse y su mano izquierda buscó la manivela del trayzer con un golpe de muñeca. La sujetó con fuerza, presionó el gatillo inferior, y el raíl de su pierna izquierda salió disparado con un chasquido metálico.
El cable viajó a una velocidad vertiginosa, extendiéndose más y más, vibrando bajo la tensión. La mirada de Stephyr seguía el recorrido con el corazón a punto de estallar. El casco del Albatroz parecía inalcanzable, una sombra cada vez más lejana, y la cuerda ya empezaba a temblar en su límite.
El raíl cortó el aire con un silbido agudo y, tras un recorrido que pareció eterno, finalmente, se incrustó con un chasquido violento en la base del casco.
El impacto fue tan brusco que el cuerpo de Stephyr se sacudió como una cuerda tensa, y por un instante creyó que el arnés se partiría en dos. El tirón la golpeó de lleno, doblándole el torso hacia atrás con una fuerza que le arrancó un gemido. Los propulsores de los hombros se activaron al instante, liberando ráfagas de aire que amortiguaron parte de la embestida, aunque no evitaron que su espalda protestara con un dolor agudo. Su sable, sin embargo se desenganchó y cayó hacia el vacío.
La inercia la hizo girar sin control colgada boca abajo. Jadeó con la garganta seca, una pierna suelta que apenas le respondía y los brazos rendidos a la gravedad.
Intentó estabilizarse, pero el balanceo del cable la hizo girar lentamente, hasta que la escena ante ella cambió por completo.
A apenas a unos metros, colgado del brazo derecho, el Aheromante Tyriano forcejeaba con su propio raíl, con el rostro contraído por el esfuerzo, pero fue lo que llevaba en el otro brazo libre lo que hizo a Steph sentir un estrmecimiento que le recorrió toda la columna.
Una pistola corta y que reflejaba la luz del cielo, apuntaba directo a ella. De repente, el tiempo pareció detenerse. En un movimiento puramente instintivo, el dedo del soldado presionó el gatillo de arma, y el dedo de Steph accionó el gatillo del Trayzer.
El raíl vibró con un chasquido metálico que se fusionó con rugir del disparo. El cable se tensó de inmediato y su cuerpo se elevó bruscamente, arrastrándola hacia arriba con una fuerza brutal. La bala le rozó la coleta, pero no llegó a darle.
El tirón la lanzó a un vertiginoso ascendente hasta que se acercó a la base del casco del barco; estiró su otra pierna y lanzó el segundo rail, para finalmente engancharse con ambas piernas.
El impacto la recibió de golpe. Los raíles se tensaron al mismo tiempo, y el cuerpo de Stephyr se detuvo en seco, sacudido por una fuerza tal que le dobló el cuello hacia el pecho y golpeó los brazos contra la madera, para luego volver a colgar boca abajo.
Gritó a todo pulmón. Un dolor seco le subió desde el talón hasta la cadera. Había calculado mal la retracción y todo su peso había recaído sobre la pierna izquierda. Sintió cómo el tobillo le palpitaba bajo la presión de las botas, enviándole una descarga de agonía que la hizo estremecerse.
Por si fuera poco, justo frente a ella, el Aheromante enemigo apareció; y valiéndose de una gran habilidad, dio un giro brusco del torso, liberó el raíl de su brazo y, en un mismo movimiento, disparó los de ambas piernas hacia la base del casco.
Los cables se tensaron, estabilizándolo al instante. Usó el impulso del balanceo para erguirse frente a ella, suspendido también boca abajo, pero con el control absoluto de su cuerpo. El hombre desenvainó lentamente su sable con una mirada que buscaba terminar con todo el sufrimiento de la ladrona en los próximos segundos.
Steph apenas podía permanecer consciente. La pierna no le respondía, su cuerpo era un constante de temblor, sus fuerzas ya se habían drenado por completo y aunque buscaba alguna manera de salir de aquella situación en su cabeza, sabía perfectamente que no estaba en condiciones de ejecutar siquiera una mínima maniobra.
El Aheromante se colocó el sable entre los dientes. Luego accionó los pestillos de su Trayzer, liberando el anclaje de una pierna. La extendió hacia adelante, buscando nuevo apoyo, y cuando el raíl se fijó en la madera, repitió la maniobra con la otra. Así, avanzaba a pasos lentos y amenazantes, acercándose hacia ella hasta lograr colocarse a una distancia prudente, como para que su sable alcanzara el cuello de la chica.
Finalmente, se quitó el sable de los dientes y lo apuntó hacia ella, pero al notar la falta de reacción de la chica, no pudo evitar decir:
—Rendirte fue una buena decisión, pirata. Intentaré que tu muerte sea indolora. Solo mantente enganchada ahí, y lo más quieta que puedas, asi evito arruinar el Trazador.
Steph no modificó su mirada. Sus ojos eran dos estacas gélidas que se clavaban en los ojos del hombre.
—Dos cosas… —Empezó a decir ella—. Primero, no soy pirata. Segundo, no me rendí. Solo estaba esperándola. —Lo último hizo al hombre fruncir el ceño—. Ella siempre me encuentra cuando estoy en problemas.
El sonido de un galope violento y brutal resonó en los oídos del hombre. Apenas tuvo tiempo de procesar lo que ocurrió, cuando sintió una feroz mandíbula cerrándose en su cuello. El Laguerto, aferrado con sus garras al casco, lo sacudió brutalmente, golpeando su cabeza contra el casco una y otra vez, hasta partirle el cráneo y volverlo una masa amorfa. Luego simplemente lo soltó, dejando que el cuerpo cayera al vacío.
—Buena chica —susurró Stephyr, acariciando la cabeza escamosa de la criatura.
Con mucha paciencia, Steph se desenganchó del casco y montó sobre el lomo del animal, ajustándose con fuerza a la montura. Con un silbido firme, lo animó a trepar hacia arriba.
El Laguerto escaló con agilidad la curvatura del barco con sus poderosas garras y saltó con fuerza al llegar al borde superior, se elevó por el aire y Stephyr disparó los raíles desde sus brazos hacia la cubierta, redirigiendo finalmente, la caída del animal hacia una trayectoria segura sobre la cubierta.
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