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La Dyalquimista - Capítulo 53

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  4. Capítulo 53 - Capítulo 53: Golpe de suerte - Parte 1
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Capítulo 53: Golpe de suerte – Parte 1

Steph abrió la boca para recibir un disco extraño y de sabor espantoso que la alquimista del barco le había ensartado en la boca con bastante más brusquedad de lo que se esperaba.

—Esto no actuará sobre el dolor del tobillo —explicó Vin, acomodándose el cabello detrás de la oreja con un gesto distraído—, pero cerrará el resto de tus heridas. Cuando se rompa por completo, lo escupes. No se te ocurra tragarlo como el idiota del Grafista, o te dará diarrea por varios días.

Steph levantó una ceja. Luego, de uno de sus bolsillos, Vin extrajo un frasco diminuto que contenía un líquido ambarino en su interior.

—Esto sí es para el esguince. Siete gotas en la lengua, una vez al día, durante dos semanas. ¿Entendido?

Steph asintió con un gruñido bajo y el disco encajado entre los dientes. La muchacha estaba sentada sobre la cubierta, apoyando la espalda contra el costado tibio del Laguerto que reposaba enroscado sobre sí mismo.

De repente, en ese momento, un grito desgarró el aire.

—¡Vin, ven aquí! —Era la inconfundible voz de la capitana Elda Skygger; que al parecer llegaba desde la cubierta del otro navío.

Vin exhaló hondo y se puso en pie. A su alrededor, los piratas del Albatroz iban y venían cargando cofres, barriles, armas y cajas que tintineaban con municiones dentro, mientras que otros arrastraban los cuerpos de los cadáveres enemigos por la borda hacia una muy, muy larga caída hacia el mar.

Vin avanzó con paso sereno hacia la rampa que unía ambos navíos y la tabla crujió y se tambaleó un poco cuando caminó sobre ella; mientras avanzaba la mirada de la mujer se deslizó hacia el abismo entre los dos cascos que se extendía bajo sus pies, sin siquiera inmutarse. Y pensar que de joven sufría vértigo.

Al llegar al navío tomado, avanzó por la cubierta enemiga, observando cómo los soldados Tyrianos permanecían en fila, de rodillas, y con las manos atadas a la espalda. Gaward rondaba entre ellos, quizás convenciendo a algunos de unirse a la tripulación.

Sin detenerse, ascendió por los escalones que llevaban a la zona alta del barco. Allí encontró a Elda, de pie, junto al timón dual, con una cuerda gruesa en las manos mientras sujetaba las muñecas del timonel al eje del mando.

—P-pero así no podré accionar los propulsores de aterrizaje… —balbuceó el soldado, pálido del miedo—. Si descendemos desde esta altura, el barco se partirá en dos. Por favor…

—Entonces va a tener que lucirse. —Elda meneó la cabeza, evaluándolo con una sonrisa que rozaba la diversión—. Piense en el ascenso que le darán si logra aterrizar en una pieza. Úselo de incentivo.

Le dio dos palmaditas suaves en el hombro y se apartó, dejando al hombre temblando entre los timones. Vin se le unió en silencio, y mientras se marchaban para volver a las escaleras, la capitana le soltó un susurro.

—Se harán puré.

Vin sonrió, negando con un leve movimiento de cabeza.

—¿Qué pasó? Pensé que habías considerado la idea de Borles de cambiarles el barco. No está en mal estado.

—No. Vamos a seguir con tu plan, por eso te llamé —Elda encendió un cigarro—. Subestimamos a estos perritos y parece que solo tenían carga para una elevación, en caso de que quisiéramos robarles. Así que tendremos que escapar por mar, y prefiero hacerlo un barco más pequeño, pero que sea rápido.

—Entiendo. No podía ser tan fácil.

—Entonces. ¿Qué hay del anzuelo?

—Listo y colocado en uno de los cañones de proa —respondió Vin, cruzándose de brazos—. Cuando disparemos, la señal atraerá al Estryzor. Si tiene hambre, claro.

Elda soltó una risa breve.

—Siempre tiene hambre.

—Por cierto… —añadió Vin—, resultó que traer a la niña alquimista no resultó nada mal. Tenía una receta en su poder que nos servirá para ocultar nuestro rastro del Estryzor.

—A todo esto. ¿Era cierto? ¿Es una Dyalquimista? —preguntó la capitana, curiosa.

—Sí, eso parece —afirmó Vin, echando una mirada hacia la chica desde la distancia. Se hallaba junto al grafista, preparando los materiales para la receta, arrodillados en una esquina de la cubierta.

Elda la escaneó durante unos segundos, hasta detenerse en ese desalineado mechón blanco que llevaba en el cabello. A simple vista no parecía gran cosa.

—¿Es la que está junto al cachorro?

—Sí. Lo está ayudará a grabar los símbolos en los mástiles. Te dije que tener un grafista a bordo era útil en ciertos casos.

—Interesante… —susurró la capitana, con una creciente curiosidad colocada en la muchacha.

—Aunque… —continuó Vin—, nos queda el pequeño detalle del inminente cruce con la armada Tyriana en mar. ¿Gaward averiguó algo?

Elda exhaló una columna de humo y alzó la vista al horizonte.

—Sí, interrogó al capitán hace un rato. Dice que nos esperarán un total de entre cinco o seis barcos, pero de seguro son más. —Hizo una pausa, ajustando el abrigo de cuero en los hombros—. Así que tendremos que resistir hasta que el monstruo llegue. ¿Cuánto tardará en responder al anzuelo?

Vin soltó un resoplido leve.

—Eso depende completamente de él… y de la distancia a la que esté. Si tenemos en cuenta el encuentro de esta mañana, no debe rondar muy lejos, y sabemos que es rápido, así que si logramos mantenernos a una distancia prudente de la flota, quizá lo consigamos sin que lleguen a abrir fuego.

—Entonces estamos dependiendo de la suerte.

—Básicamente.

La capitana arrojó el cigarro por la borda.

—Detesto eso… —dijo al fin, y con un gesto firme alzó de nuevo la voz—. ¡Atención, bípedos de mar! ¡Prepárense para el descenso! ¡Esto todavía no se acaba!

En ese preciso momento, la cubierta entera se movilizó. Los piratas empezaron a retornar hacia sus puestos; las sogas se soltaron, liberando los ganchos que mantenían anclados los dos barcos; los cañones fueron recargados, las reservas de munición trasladadas a sus compartimientos, los escudos fueron reunidos y depositados en rincones estratégicos; y cuando los preparativos estuvieron listos, Elda tomo su posición frente al timón dual.

La mujer contempló la pequeña aguja de presión del sistema Kelvar, que temblaba al borde de la zona roja. Eso significaba que apenas le quedaban unos pocos minutos de energía restante antes de precipitarse hacia una espantosa caída al mar. Así que había que apurarse.

Sin perder tiempo, empujó las palancas hacia adelante con brusquedad y el barco comenzó a inclinarse y avanzó rápidamente hacia su descenso. Mientras tanto, Stelian trataba de no perder el equilibrio mientras grababa los símbolos de Nitaal sobre la madera del mástil, siguiendo a rajatabla las indicaciones de Aria, a sus espaldas.

En la otra punta, Stephyr se aferró al costado de su Laguerto. La bestia había empezado a emitir un gruñido grave, inquieto por el cambio de presión y la inclinación repentina.

Steph sintió un leve crujido entre sus dientes y el disco se partió en su boca. El sabor amargo la obligó a escupirlo de inmediato. Respiró hondo, y se acomodó en su posición. Estaba exhausta y su pie le dolía horrores. No pensaba moverse de ahí por nada.

En la cima, Elda ya podía ver cómo la línea del mar crecía vertiginosamente. El momento estaba cerca. Activó una palanca y los propulsores de aterrizaje inferiores se encendieron con un rugido violento, escupiendo columnas de vapor y llamas que hicieron temblar el barco.

Y entonces, el impacto se sintió como un trueno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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