La era desolada - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - Capítulo 45 Capítulo 45 Tribu De La Ribera
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Capítulo 45: Capítulo 45: Tribu De La Ribera Capítulo 45: Capítulo 45: Tribu De La Ribera Editor: Nyoi-Bo Studio Un dolor que había sido reprimido durante tanto tiempo pero que se había liberado repentinamente, ¡qué poderoso fue!
Ji Ning se quedó allí en silencio mirando a Dientenegro, sin decir una sola palabra.
—Como ya lo sabes, joven maestro, entonces no mentiré más.
Ven conmigo.
Dientenegro se levantó y salió de la habitación, Ning y Hoja de Otoño lo siguieron.
Dientenegro iba adelante y fue hacia el fondo de la tribu donde había una pequeña puerta de madera.
Se podía ver pasando la puerta un cementerio con varias tumbas recién hechas.
Claramente, este era un cementerio recién construido.
—¿Joven maestro?
—dijo Hoja de Otoño y miró hacia Ning, con los ojos llenos de preguntas.
Ning contuvo la respiración también, pues comprendía a dónde lo estaba llevando Dientenegro.
—Aquí—dijo y señaló una tumba aparentemente ordinaria.
Frente a ella había una piedra grande, que solo tenía algunas palabras grabadas: “Hija, Miwa.
Erigido por su padre, Dientenegro.” —Hierba de Primavera.
Ning se quedó quieto, mirando la tumba.
En su vida, rara vez había experimentado angustia.
En comparación con esas emociones fuertes y poderosas, Ning prefería las emociones calmadas, tranquilas.
La sensación de ver a alguien todas las mañanas y ese afecto que crecía de manera lenta y constante…
¡Eso era real!
Era alguien que formaba parte de su vida.
Al menos en esta vida, desde que era un bebé hasta ahora, había pasado probablemente más tiempo con Hierba de Primavera que con sus padres.
Ning no se había dado cuenta cuando estaba viva, pero ahora que sabía que estaba muerta, sintió como si le hubieran cortado un trozo del corazón ¡Dolía tanto!
—Dientenegro —dijo Ning mirando la lápida— cuéntame todo.
Cuéntame todo lo que sucedió después de que regresó a la tribu.
Dientenegro asintió.
—Al principio estaba un poco triste por haber tenido que dejarte, joven maestro, Pero después de que conoció a sus hermanitos, Miwa claramente comenzó a alegrarse más.
Frecuentemente pasaba tiempo con ellos, los días pasaban felices y en ese momento ella tenía la esperanza de que la visitaras algún día.
La voz de Dientenegro de pronto se agravó.
—Un día, Ala de Serpiente llegó, fue como una pesadilla.
Causó estragos y la muerte de muchos miembros de la tribu, entre ellos estaba uno de mis hijos: Frente de Agua.
Su muerte hirió profundamente a Miwa.
Ning recordó las partes de la carta en las que mencionaba varias anécdotas con sus hermanos, claramente los adoraba.
El chico meditó en silencio y decidió que a partir de ese momento debía proteger al hermano sobreviviente como modo de rendirle tributo a Miwa en el cielo.
Dientenegro continuó: —Después del ataque, la tribu entera cayó en un abismo de miedo y tristeza.
Los hombres estaban aterrados de que Ala de Serpiente volviera, algunos hasta huyeron a otras tribus más grandes.
El número de integrantes descendió a menos de mil.
Con tantas bajas, si eso seguía así, la tribu se desintegraría pronto.
He superado incontables obstáculos para construirla así que naturalmente no quería verla desaparecer.
Hierba de Primavera sintió pena por mí así que dejó de lado la vergüenza y te escribió una carta pidiendo que me ayudaras con la tribu.
Solo que nos enteramos de que habías salido de aventuras —dijo Dientenegro moviendo la cabeza.
Ning rechinó los dientes.
Genial.
Se había ido de aventuras mucho antes de que Ala de Serpiente alcanzara el nivel Xiantian.
Evidentemente no lo habían podido localizar.
—Los hombres de la tribu sugirieron que pidiéramos la protección de la Tribu de la Ribera —dijo con un tono sombrío—.
Podríamos obtener su protección y residir de forma temporal en la Ciudad de la Ribera para cuidarnos.
—¿Ciudad de la Ribera?
—murmuró Ning.
Como una de las hegemonías del área de la Monte Golondrina, el clan Ji naturalmente debía controlar a las tribus del territorio y ¡ninguna tenía permitido superar los cincuenta mil miembros!
Si superaban ese número podrían convertirse en una amenaza para el clan Ji.
Por lo tanto, si eso pasaba, debían usar métodos despiadados para controlarlo.
Así, una tribu de cincuenta mil hombres era considerada extremadamente grande y la Tribu de la Ribera fue una de esas.
Los muros estaban hechos de enormes rocas, como si se tratara de una pequeña ciudad.
Aunque no podía compararse con una ciudad grande como la Ciudad de la Prefectura Oeste que contaba con cientos de miles de ciudadanos, sí se trataba de una tribu extremadamente poderosa.
En general, las tribus que podían erigir una ciudad así tenían una forma de vida Xiantian que los protegía.
—La Ciudad de la Ribera tenía dos poderosas formas de vida Xiantian.
Los Terribles Monstruos no se atreverían a ir allí.
Nuestra tribu solo tenía unos pocos cientos de personas, así que mientras pudiéramos entrar a la Ciudad de la Ribera por un tiempo era suficiente.
Una vez que se deshicieran de Ala de Serpiente, todo volvería a la normalidad.
Fuimos a presentar nuestros respetos a una figura poderosa dentro de la Ciudad de la Ribera, Río He y le ofrecimos tesoros, con la esperanza de que nos dejara quedarnos por un tiempo —dijo Dientenegro, apretando los dientes— pero ese sujeto era muy delicado: no tuvo ningún interés en los tesoros que ofrecíamos sino en Miwa.
Quería que Miwa se convirtiera en su mujer y, a cambio, ayudaría a la tribu.
Ya sabes lo arrogante que es Miwa, que por supuesto no aceptó y se fue inmediatamente.
Una mirada feroz brilló en los ojos de Dientenegro.
—Ese tipo envió a sus subordinados a ir a capturar a Miwa para recuperarla por la fuerza.
Sin embargo, Miwa era muy poderosa y también usaba técnicas de espada de clase muy alta.
Golpeó a los criados de Jiang He casi hasta matarlos.
También había dicho que su maestro era el joven del clan Ji y que no irían muy lejos.
Jiang He se limitó a reír y le dijo que era una simple criada y que si realmente pudiera pedir ayuda a su maestro no habría ido hasta allí.
Además agregó: «Si te conviertes en mi mujer, protegeré a tu tribu.
De otra forma, ¡prepárate para morir!».
Después de eso, nos fuimos de la Ciudad de la Ribera.
Hoja de Otoño, tras escuchar esto, estaba furiosa: —¡Cómo pudo acceder Hierba de Primavera a eso!
—No accedió—dijo Ning moviendo la cabeza.
—Así es, no tenía ni la más mínima intención de hacerlo.
Pero al ver el pánico en los hombres de la tribu y como algunos hasta habían huido, además de hacerlo por mi bienestar, luego de agonizar tres días, accedió.
—¡Cómo pudo ser tan estúpida!
Hoja de Otoño estaba frenética, Ning cerró los ojos.
Podía imaginarse la lucha interior que se había librado dentro de Hierba de Primavera durante esos tres días por el bienestar de su padre, ¿había valido la pena?
—Minwa se convirtió en la mujer de Río He, pero cuando ella estaba totalmente indefensa, él lanzó un ataque sorpresa que aplastó los sueños de su mujer y le dijo: «Niña tonta, hay incontables tribus que buscan mi protección.
Solo porque nos casamos ¿tengo que ayudarte?
Jajaja.
Qué tontería».
——¡Detestable!
Hoja de Otoño estaba tan iracunda que temblaba.
Ning rechinaba los dientes.
¿Por qué había confiado en ese hombre?
¿ Porqué te sacrificaste por tu padre?
—El asunto con Ala de Serpiente rápidamente se calmó.
El clan Ji lo aprisionó en el lago provocando que no se atreviera a salir jamás.
Cuando llegaron las buenas noticias los hombres se calmaron y muchos de los que habían huido regresaron.
Estaba preocupado por mi hija, así que regresé a buscarla, solo en ese momento me di cuenta de que la situación había cambiado.
Luego de mil vueltas logré tener un encuentro a solas con ella y en cuanto me vio se largó a llorar.
Ning cerró los ojos, se podía imaginar la agonía, el arrepentimiento y el corazón roto de Pasto de Primavera.
—Dijo que había sido su error, que fue por su propia estupidez y no la mía pues lo había hecho por voluntad propia.
También dijo que no quería que te enteraras, joven maestro.
No quería que se te rompiera el corazón y por eso inventó esa historia de huir con el mercader en la carta que te dejó.
Luego de darme la carta, murió.
Yo sé la cantidad de agonía que había en mi hija y morir quizás fue un modo de alivio.
Murió diciendo tu nombre, no quería que te enteraras el motivo.
Ning asintió lentamente.
Entendía.
Él lo entendía.
Después de haber estado juntos por tanto tiempo, ¿cómo no entender lo que Hierba de Primavera pensaba?
Lo que ella quería era que él se quedara con la imagen de una Pasto de Primavera feliz, que nunca supiera las humillaciones que había sufrido.
«Toda mujer tiene un hombre a la que está destinada.
En cuanto lo vi, supe que era él.
Cuando vi su sonrisa me sentí feliz, cuando lo vi preocupado, me angustié yo también.
Solo verlo me parecía un regalo del cielo… De verdad estoy muy feliz, feliz de que hayas venido a visitarme…» Ning abrió los ojos.
Las lágrimas le nublaban la vista.
En silencio, caminó hacia la tumba y se sentó frente a ella con un tubo de bambú entre las manos.
Dijo suavemente: —Hierba de Primavera, en el pasado, siempre me servías vino.
Es mi turno de hacerlo para ti.
El vino dentro del tubo de bambú cayó sobre la tierra frente a la lápida.
—Yo entiendo, sé que estarás siempre feliz ¡por siempre feliz!
Tu ingenuidad es realmente adorable.
Ning se rio, pero tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Sé lo que te pasó, pero no te juzgo.
¿Cómo un hermano menor va a sentirse decepcionado de su hermana mayor?
Aunque a veces la hermana sea un poco tonta, siempre vas a ser mi hermana mayor.
Al escuchar las palabras “hermana mayor” Hoja de Otoño, que se encontraba ahí cerca, soltó un sollozo.
—Hermana, estabas demasiado cansada.
Duerme, duerme, duerme bien —dijo Ning suavemente—.
Esos que se aprovecharon de tu bondad, hermana, esos que te partieron el corazón, no perdonaré ni a uno.
Ning puso en el suelo el tubo de bambú y se levantó.
—Vamos a la Tribu de la Ribera, tengo asuntos pendientes con ese tal Río He.
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