La era desolada - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - Capítulo 46 Capítulo 46 Colapsando Las Paredes De La Ciudad
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Capítulo 46: Capítulo 46: Colapsando Las Paredes De La Ciudad Capítulo 46: Capítulo 46: Colapsando Las Paredes De La Ciudad Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Vamos!
Montando en su bestia negra, Ji Ning y los otros dejaron la Tribu Dientenegro a alta velocidad, y luego desaparecieron en las distantes montañas del bosque.
—¿Jefe?
¿A dónde están yendo?
—preguntaron los hombres de la tribu.
Dientenegro simplemente se quedó mirando cómo el grupo se alejaba hacia el horizonte.
Negando con la cabeza dijo no saberlo, pero una mirada llena de expectativa lo delataba.
Él sabía que el joven maestro se dirigía hacia la Tribu de la Ribera para vengar a su hija, aunque no estaba seguro de que lo lograra porque sabía el gran poder que tenía esa tribu.
—Así el joven maestro no logre vengarse, su padre Espada de las Gotas de Lluvia, Ji Yichuan, definitivamente podrá.
El corazón de Dientenegro estaba lleno de odio, realmente detestaba a River He, pero desafortunadamente su fuerza era insuficiente.
———————— La Tribu de la Ribera estaba a cientos de kilómetros de distancia de la Tribu Dientenegro y las montañas atravesaban el camino.
Solo cuando amaneció al día siguiente pudieron llegar a destino.
Todas las tribus de la zona vivían en la ciudad.
Un lugar donde habitaban cerca de cincuenta mil personas era esencialmente una metrópoli.
—Todos ustedes, vengan.
—Bien, entren.
Los guardias de la entrada inspeccionaban los artículos que llevaban aquellos que ingresaban en la ciudad.
La tribu tenía enemigos y les preocupaba que intentaran entrar con grandes cantidades de armas o arcos.
—¡Ustedes tres!
—exclamó uno de los guardias.
Había visto a tres enormes bestias negras galopando a gran velocidad.
Al ver que no tenían intención de obedecer, gritó: —¡Deténganse en este instante!
Si se atreven a pasar las puertas de la ciudad, les dispararemos flechas.
Al instante, los arqueros prepararon las armas hacia el objetivo.
No mostrarían ni un poco de piedad.
¡Swoosh!
Ning, que estaba sentado en el lomo de la bestia, de pronto voló por el aire hacia el techo de la enorme muralla que rodeaba la ciudad.
Luego, una enorme ola de energía se movió hacia delante: las docenas de guardias que se encontraban ahí sintieron cómo eran lanzados hacia abajo con una tremenda fuerza.
De pronto, Ning era el único que quedaba en la torre.
—¿Qué fue lo que pasó?
—preguntó confundido un guardia.
—Él, él… Los guardias miraron con asombro a Ji Ning, quien estaba parado en la cima de los muros citadinos y luego se miraron las manos vacías.
Corrieron a levantar las armas que también habían caído al suelo.
Ji Ning observó la ciudad desde las alturas y exclamó con furia: —¡River He, te ordeno que salgas!
El rugido parecía que había salido del pecho de un Dios Demonio explotó como trueno.
Los guardias y ciudadanos que se encontraban en los alrededores se taparon las orejas por el dolor que les había producido el grito y algunos hasta comenzaron a huir.
Se había escuchado por toda la ciudad.
El rostro de Ning estaba sombrío.
Dio una fuerte patada en el suelo que resonó como una explosión: «¡DONG!» una enorme pared como esa de seis o siete metros de ancho era extremadamente duradera, pero la patada de Ning la hizo vibrar unas cuantas veces.
Comenzaron a aparecer fracturas a lo largo de toda la pared, que hicieron que se agitara violentamente como si el suelo estuviera hecho de agua.
Los guardias se asustaron tanto que decidieron irse.
«¡DONG!» otra patada hizo que la tierra se moviera nuevamente y aparecieran aún más grietas en la pared.
Estaba comenzando a desmoronarse: grandes piedras comenzaron a caerse de la construcción y esto desestabilizó incluso a la torre de guardia.
«¡DONG!», ¡dio la patada final!
La pared de la ciudad que ya estaba totalmente cubierta de grietas terminó de colapsar.
En un instante la puerta del lugar se convirtió en una pila de escombros.
Las enormes y altas paredes cayeron hacia la calle y formaron una nube de polvo.
Los guardias y los civiles quedaron impactados.
—Por Dios…
—Las torres de la ciudad… Nadie podía dar crédito a lo que veía: se suponía que las paredes que rodeaban a una ciudad eran la parte más fuerte y resistente de la zona.
Por lo general, los atacantes trataban de derribar las puertas, pero no las paredes, pues se supone que eran imposibles de tirar abajo.
¿Tirarlas abajo con solo tres patadas?
¡Swoosh ¡Swoosh!
Hoja de Otoño y Mowu llegaron rápidamente montados en sus bestias a la zona del desastre.
Para ese momento Ning ya estaba ahí también.
———————- Río Sansi se encontraba sentado en la posición del loto en una habitación silenciosa.
Era el jefe de la Tribu de la Ribera además de ser una persona sumamente conocida y respetada en el territorio controlado por las Cinco Prefecturas del clan Ji.
—¡Río He, te ordeno que salgas!
Un grito furioso se escuchó de pronto.
Río Sansi de pronto abrió los ojos sorprendido y pudo percibir el sonido de los golpes en la muralla: «¡DONG!
¡DONG!
¡DONG!».
Los subsecuentes estruendos causaron que el rostro de Río Sansi se transformara por completo y salió disparado como un rayo a averiguar lo que sucedía.
Ya que era una forma de vida Xiantiana, pudo llegar a las puertas en unos segundos.
Al ver las murallas destruidas y todo lleno de escombros los ojos se le pusieron rojos de ira: ¡eso era como escupirle directo a la cara a la Tribu de la Ribera!
—¿Tú eres Río Sansi?
—exclamó Ning mientras se paraba sobre las ruinas.
Al ver a este anciano de cabello negro aparecer de repente, inmediatamente le gritó.
La ciudad tenía tan solo dos formas de vida Xiantiana: una masculina y otra femenina.
Obviamente la masculina era Río Sansi.
El anciano miró fijamente a Ning con mala cara y le respondió: —No me importa quién seas, no puedes pisotear el honor y la dignidad del clan Ji de esta forma.
En cuanto terminó de hablar, le aparecieron en las manos un par de cadenas moradas.
Con un golpe certero intentó golpear a Ning, pues no había duda de que él era el causante de todo este desastre.
¡Swoosh!
El chico repentinamente se inclinó hacia delante con gran velocidad y se pudo percibir un grave ulular parecido al de un enorme Roc.
¡Swish!
Ning lanzó una patada directo al pecho del hombre y lo mandó a volar con tanta fuerza que dejó una marca en la pared de roca donde aterrizó.
Este inmediatamente se levantó tocándose el lugar del golpe, también tenía un poco de sangre en el labio.
Se veía totalmente atónito por lo que acababa de suceder.
—¿Quién eres?
¿Cómo pudo suceder esto?
Su tesoro mágico estuvo a punto de golpear a Ning, pero el chico lo había lanzado por los aires de una sola patada.
Por suerte su Ki Xiantian lo protegía.
—Dile a Río He que venga —dijo Ning con desdén.
¡Shua!
De pronto apareció otra figura, esta vez de color rojo: era una anciana de cabello blanco vestida de rojo.
Ayudó a Río Sensi a levantarse.
—Sansi, ¿estás bien?
—preguntó.
—Ten cuidado, es muy poderoso —susurró Sansi.
La anciana con ropas rojas miró a Ning y le gritó: —¡No sé cómo nuestra tribu te ha ofendido!
Además, ¿quién eres?
Has destruido nuestras puertas.
¡Supongo que no serás tan cobarde como para ni siquiera darnos tu nombre!
—Ji Ning —respondió fríamente.
—¿Ji Ning?
—preguntó la anciana confundida.
—¿Ji Ning?
—dijo impactado Río Sansi.
Se dirigió rápidamente a la anciana y le dijo en tono suave: —Tía Nieve, ya se ha decidido quién será el siguiente Señor de la Prefectura del clan Ji en la Prefectura Oeste.
Se trata de alguien llamado Ji Ning, pero tan solo tiene once años.
¿Cómo es posible que…?
La Tía Nieve lo interrumpió: —¿El Señor de la Prefectura de la Prefectura Oeste?
—preguntó sorprendida.
Aunque estaban impresionados de que Ning fuera una forma de vida Xiantiana a los once años, los sorprendía aún más el estatus que tenía: ¡era el próximo Señor de la Prefectura!
Podía llegar a ser común que alguien alcanzara el nivel Xiantian antes de los veinte, había unos cuantos casos en el clan Ji como Ji Lie, que tenía la esperanza de que los tres jóvenes que había criado llegaran al nivel antes de los dieciséis.
Si Ji Ning había entrenado con otros métodos de Refinamiento Corporal del Dios Demonio, era posible que hubiera alcanzado el nivel siendo aún muy pequeño.
En algunas otras tribus había individuos todavía más talentosos.
River Sansi era uno de los que había alcanzado el nivel Xiantian antes de los veinte.
Pero esas tribus no tenían ninguna técnica novedosa, conforme más entrenaban, menos potencial alcanzaban en comparación con el clan Ji.
—¿Clan Ji de la Prefectura Oeste?
La tía Nieve se quedó mirando al joven que tenía enfrente.
¡La Tribu de la Ribera estaba dentro del territorio del clan Ji de la Prefectura Oeste y ella era la autoridad directa!
Si el clan Ji de la Prefectura del Oeste quisiera destruir a la Tribu de la Ribera, era tan sencillo como levantar la mano.
—¡Joven maestro!
—llamó alguien de repente.
Más de cien guardias blindados negros aparecieron.
Al ver a Ning de pie sobre los escombros, el líder de los guardias blindados negros, muy sorprendido, cayó inmediatamente sobre una rodilla.
Los otros guardias exclamaron respetuosamente al unísono: —¡Joven maestro!
—Levántense.
Ning los miró de reojo.
En estas tribus extremadamente grandes, el clan Ji solía enviar un escuadrón de cien guardias para vigilarlos.
Los guardias corrieron apresuradamente y se colocaron alrededor de Ji Ning.
—Joven maestro Ji Ning —dijo la tía Nieve mientras hacía una reverencia—, dado que fue Río He quien te ofendió, naturalmente mi tribu no lo protegerá.
Sansi, trae a River He lo antes posible.
—Entendido.
El anciano se fue apresuradamente a buscarlo.
¡Un individuo XIantian no sería suficiente para que la Tribu de la Ribera bajara la cabeza!
Incluso si ese Xiantian pertenecía al clan Ji, eso no significaba nada.
Al final del día todo debía tener una razón.
El clan Ji tampoco podía actuar salvajemente, de lo contrario, ¿cómo mantendrían la paz entre las tribus?
Una sola forma de vida Xiantiana ordinaria no iba a destruir a una tribu de gran escala.
Pero si se trataba del propio Señor de la Prefectura, entonces la situación era diferente.
—————– —¡Sigan entrenando!
Río He era un hombre extremadamente apuesto de piel blanca.
Sus ojos miraban siempre con arrogancia.
En ese momento se encontraba sosteniendo un látigo mientras observaba a un niño que trataba de agarrar una espada corta para entrenar con ella.
—No importa cuánto te duelan los brazos, tienes que soportarlo, ¡vas a ser el siguiente líder del clan de la Ribera!
—Sí, padre.
El niño rechinó los dientes y siguió con el entrenamiento.
No se atrevía a parar, pues eso significaba recibir un latigazo seguro.
De pronto, una voz interrumpió el ejercicio: —Río He, ¡sal!
—gritó alguien furiosamente.
El rostro del hombre se transformó por completo.
—¿Quién se atreve a tales imprudencias actuando de esa forma en la Ciudad de la Ribera?
No puede ser alguien muy normal.
¡DONG!
¡DONG!
¡DONG!, resonaron las tres patadas que habían tirado abajo las murallas que hicieron que Río He sintiera pánico de modo inconsciente y se preguntara quién lo buscaba.
Sin prestar atención a nada más, salió rápidamente a averiguar de dónde venían los sonidos y lo que vio fue un caos.
Su mujer salió también tremendamente asustada.
—He, ¿qué son esos ruidos?
—Vamos a averiguarlo —dijo mientras se encaminaba hacia el lugar.
Algunas de las otras mujeres también parecían angustiadas, pero otras tantas parecían alegrarse ante el infortunio.
Al salir de la finca donde se encontraba, una figura negra se abalanzó rápidamente hacia él.
Río He se sorprendió al ver al líder del clan, Río Sansi, mirándolo con frialdad.
No se veía nada satisfecho y tenía un hilillo de sangre que le colgaba del labio.
Sus ropas estaban completamente sucias.
—Todo esto es culpa tuya —dijo mientras lo agarraba del cuello como si fuera un pollo.
¡Swoosh!
Se transformó en un rayo y salió disparado hacia las puertas de la ciudad.
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