La era desolada - Capítulo 47
- Inicio
- Todas las novelas
- La era desolada
- Capítulo 47 - Capítulo 47 Capítulo 47 Por La Tribu
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 47: Capítulo 47: Por La Tribu Capítulo 47: Capítulo 47: Por La Tribu Editor: Nyoi-Bo Studio Parada sobre las calles rotas, la viejita de cabello blanco, Tía Nieve, habló: —Maestro Ji Ning, si Río He te ha ofendido, merece la muerte.
Pero considerando que es aún muy joven, ¿no se le podría perdonar?
En las grandes tribus, cuando sucedía algún enfrentamiento o batalla entre los grupos era posible que una persona importante fuera disculpada a cambio de una recompensa o rescate.
Ning se limitó a mirarla fijamente sin decir una sola palabra, lo que bastó para que Tía Nieve entendiera el mensaje: la decisión del chico no iba a cambiar.
—¿Qué está pasando?
¿Por qué destruyeron las puertas?
—¿Qué está pasando en la Tribu de la Ribera?
—Mira, un grupo de guardias está rodeando a ese sujeto, debe ser alguien importante dentro del clan.
Un grupo de extranjeros que habían entrado en la ciudad comenzaron a cuchichear y a rodearlos.
Al percibir la situación, Tía Nieve gritó de inmediato: —¡Que esos metiches se vayan!
—Entendido —dijeron los guardias.
Rápidamente se encargaron de dispersar al grupo de mirones y a otros miembros del clan que se habían sumado para que no se acercaran.
—¡Salgan del camino!
¡Salgan del camino!
Una unidad de guardias tras otra que llevaban arcos y otra clase de armas se movían a alta velocidad.
Los líderes de dichas unidades eran miembros de alto nivel dentro de la Tribu de la Ribera.
Era evidente que habían escuchado todo el disturbio de hace unos momentos y, preocupados de que el enemigo tomara la ciudad, habían buscado refuerzos.
Un hombre mayor de cabello blanco lideraba uno de los grupos y al ver a Tía Nieve la llamó respetuosamente.
Ella se limitó a mirarlo de vuelta.
Llegaba un escuadrón detrás de otro, todos los miembros centrales de la tribu estaban reunidos en el lugar.
«¡Swoosh!», una sombra negra se acercó también y solo bajó la velocidad cuando llegó hasta los guardias armados que intentaron bloquearle el paso.
Sin embargo, cuando la sombra se detuvo y pudieron ver de quién se trataba, quedaron sorprendidos.
—¡Líder!
—exclamaron algunos.
El rostro de Río Sansi estaba duro como piedra.
Seguía sosteniendo a Río He y así atravesó el grupo de gente mientras los miembros centrales del clan lo miraban confundidos.
Río He era uno de sus nietos, posiblemente era al que le tenía más afecto.
Dentro de la tribu se encontraba dentro de los diez integrantes más importantes, ¿por qué su abuelo lo arrastraba hasta acá?
«¡Swish!», Río Sansi lo lanzó hacia los escombros, lo que le dejó rasguños en el rostro y otras partes del cuerpo.
Se levantó rápidamente y miró a su alrededor hasta detenerse en un jovencito que se encontraba rodeado de guardias.
—Joven maestro Ji Ning, lo he traído —dijo Río Sansi mientras se paraba junto a Tía Nieve.
—¿Tú eres Río He?
—exclamó y lo observó juiciosamente.
No podía evitar pensar en Hierba de Primavera y esto le producía unas irrefrenables ganas de cortarlo en pedacitos.
Mientras tanto, Río He podía percibir que ese joven maestro Ji Ning emanaba un aura de poder inconmensurable, frente a él hasta la líder del clan Tía Nieve se doblegaba.
—Río He muestra sus respetos, joven maestro —dijo muy serio.
—Río He, Río He, ¿tienes idea de por qué estoy aquí?
—murmuró Ning mirándolo con odio.
Su voz era apenas un susurro, pero al escucharlo, Río He pudo percibir la maldad asesina que velaba en ella.
—No lo sé, joven maestro Ji Ning, ¿ha venido a matarme?
—Sí—asintió.
El lugar estaba en el más completo silencio.
Río Sansi y Tía Nieve solo miraban, al igual que los miembros centrales.
Podían notar que este joven era capaz de destruir su mundo en tan solo un segundo: hasta los líderes se sometían a sus designios.
Sumado a eso, el deseo de ver muerto a Río He en Ning era notable, así que se limitaron a suspirar pues le había llegado la hora al apuesto nieto de Río Sansi.
Río He no mostraba ni una pizca de miedo.
—Joven maestro Ji Ning, si deseas matarme no tengo más opción que morir.
Pero al menos quiero saber el motivo.
—¿Que por qué voy a matarte?
Una Espada de Norte Oscuro apareció de pronto en las manos de Ji Ning.
Un rayo de luz atravesó el cuerpo de Río He e instantáneamente un aura opresiva y aterradora lo asoló, pero no movió ni un músculo.
Río Sansi y la tía Nieve seguían limitándose a observar la escena.
Así lo matara, no dirían una palabra para intervenir.
¡Chi!
¡Chi!
¡Chi!
De pronto aparecieron seis hoyos en el cuerpo de Río He de los que emanaba sangre a borbotones.
Estaban en lugares no letales como las piernas y los hombros.
Los miró horrorizado y dijo: —¡Esto!
Ella, ella era tu… —¿Ahora sabes el motivo?
—dijo Ning mientras lo miraba fijamente.
La técnica con espada que había usado Ji Ning para herirlo era la de Hierba de Primavera.
Ella la había utilizado cuando Río He ordenó a sus súbditos que la capturaran y los había herido casi a muerte.
—Una simple mujer…
¿Piensas matarme por una simple mujer?
Son objetos de intercambio, nada más.
Estoy dispuesto a ofrecerte cien, mil mujeres, joven maestro.
Además, era solo una esclava.
Estoy dispuesto a cualquier cosa con tal de que me perdones.
—A mi parecer, no vales ni un solo cabello de ella —respondió con frialdad.
Palideció y sacó una daga del bolsillo que tenía en el pecho mientras decía con voz lastimosa: —Joven maestro Ji Ning, yo, Río He, te he ofendido.
Merezco la muerte.
No es necesario que te ensucies las manos, Río He se encargará personalmente de lidiar con el asunto.
«¡Dang!», un espadazo mandó lejos la daga y Ning dijo: —¿Crees que te vas a librar de esto tan fácil?
Ella murió en agonía, siendo humillada.
De ningún modo voy a permitir que mueras tan fácilmente.
Río He rechinó los dientes mientras miraba a su enemigo.
—¡Mowu!
—gritó Ning.
—A la orden, joven maestro —dijo Mowu dando un paso al frente.
—El castigo de suspensión.
Cuélgalo de la parte más alta de la ciudad.
El rostro de Río He se puso blanco como papel.
Ese castigo generalmente constaba en atar de pies y manos a la víctima y luego colgarlo de cabeza sin darle nada para comer o beber mientras el sol lo cocinaba lentamente.
Sumado a eso, Ning le había dejado seis hoyos en el cuerpo.
Debido a la fuerza que tenía Río He, era evidente que no moriría desangrado pero la sangre atraería a unos cuantos pájaros que seguramente lo picotearían hasta arrancarle la carne.
Moriría lenta y dolorosamente en medio del dolor, el terror y el hambre mientras varios hombres de la tribu lo verían a lo lejos.
Con lo orgulloso que era Río He, eso le dolería aún más.
Mowu se movió rápidamente y sacó un juego de cadenas con las que empezó a atarlo.
Río He se limitó a bajar la cabeza sin pronunciar una sola palabra.
—¡Padre!
—lloriqueó un niño que se acercaba desde lejos.
—¡Lárgate de aquí!
¡Lárgate!
—gritó Río He.
Al ver a la criatura acercándose, se llenó aún más de ira.
—¡Papá!
Aunque era estricto con él durante los entrenamientos de espada, el niño sabía que su papá lo amaba.
A lo lejos, Río Sansi frunció el entrecejo y ordenó que se lo llevaran.
De inmediato dos guardias avanzaron hacia él, lo levantaron y se fueron, aunque el niño opuso resistencia mientras miraba con un odio profundo a Ji Ning que le devolvió una mirada tranquila.
Cuando era muy joven, Ji Yichuan, su padre, lo había entrenado en el arte del coraje mandándolo a matar prisioneros.
Había presenciado ojos mucho más aterradores que esos.
En los mercados de esclavos de la Ciudad de la Prefectura del Oeste había presenciado desesperanza, insensibilidad, locura, odio, súplica.
Había visto toda clase de miradas.
—Cuelguenlo del punto más alto de la ciudad.
Mowu pidió ayuda a dos guardias armados.
Río He estaba completamente encadenado y tenía el cabello totalmente revuelto.
El cuerpo le temblaba de la humillación que sentía al ser observado por varios miembros de la tribu: algunos parecían apenados, otros se regocijaban al verlo sufrir.
—Joven maestro —susurró Mowu a Ji Ning—, ese chiquillo, el hijo de Río He, cuando uno corta la mala hierba ¡debe deshacerse también de las raíces!
Ning lo miró muy serio, por lo que Mowu bajó la cabeza y no agregó nada más.
—Me quedaré aquí los próximos días.
No necesito que se molesten, me hospedaré donde están los guardias.
Veré como Río He muere lentamente, una vez que haya fallecido me iré.
Todos los miembros centrales de la tribu estaban impactados, pues percibían el odio en la voz de Ning.
——————- Al principio Río He no tuvo mayores problemas mientras se cocinaba al sol.
Luego, cuando los cuervos comenzaron a comerle la carne y el sol le resecó y quebró la piel hasta dejarlo en carne viva, fue un verdadero infierno.
Debido al ki en su cuerpo, tenía mucha resistencia, pero la habilidad se le había vuelto en contra en esta situación.
Fue cocinado al sol hasta que la piel se le abrió y la carne quedó expuesta.
En medio de la agonía estuvo aullando de dolor tres días seguidos.
Durante todo ese tiempo, Ning se quedó en la ciudad.
Solo luego de que los guardias reportaran que había fallecido y Ji Ning viera el destrozado cadáver de Río He les comunicó a Hoja de Otoño y a Mowu que era momento de partir.
—————– Ning se fue de la ciudad esa misma noche.
Sansi de la Ribera se encontraba sentado frente a una mesa tomando vino del cráneo de una bestia que servía como copa.
Había un niño pequeño arrodillado en el piso.
—Cai, niño —dijo mientras levantaba la copa—, te lo voy a preguntar una vez más: ¿quieres matar al joven maestro Ji Ning?
—No me atrevo.
Cai no se atreve —dijo el niño apresuradamente.
—Qué desgracia —exclamó Río Sansi—, el odio que sientes será la ruina de mi tribu.
¡Sirvientes!
—llamó el anciano.
—Sí, señor.
—Ejecuten a todos los sirvientes de Río He, no puede quedar ni uno.
Vendan a sus mujeres a los mercados de esclavos.
El niño rompió en llanto.
Una de esas mujeres era su madre.
—Y en cuanto a él, el único hijo de Río He, ¡también vendanlo en el mercado!
—¡No!
¡No!
¡Líder del clan, por favor perdóname!
—suplicó el chiquillo.
—A la orden —respondió el sirviente mientras tomaba al niño y se iba.
El niño seguía llorando desconsoladamente mientras le preguntaba al sirviente por qué pasaban esas cosas.
Río Sansi miraba todo en el más completo silencio.
—Maestro, ¿vas a vender a las mujeres y a los niños como esclavos?
—preguntó una sombra desde la esquina de la habitación.
Río Sansi asintió con la cabeza.
Cuando su nieto se encontraba en el castigo, había mandado a sus sirvientes a que le preguntaran en secreto unas cuantas cosas ¡solo entonces entendió que el problema venía de la Tribu Dientenegro!
Hasta había mandado gente a que hablaran con el líder de la tribu para comprender de qué se trataba el conflicto y luego tuvo que matar a todos los sirvientes que sabían algo al respecto.
—Ji Ning no desea que el asunto de Hierba de Primavera se sepa —dijo tranquilamente Río Sansi— ella alguna vez mencionó que era la sirvienta de Ji Ning y todo el que haya escuchado debe desaparecer.
Tampoco tiene sentido conservar a las mujeres de Río He.
En cuanto a su hijo Cai, tiene demasiado odio hacia Ji Ning.
Se lo pregunté varias veces.
Aunque no lo dijo expresamente, un niño tan pequeño no puede engañarme.
Pude percibir sus intenciones con solo una mirada.
¡Temo que actúe de algún modo en el que termine siendo la ruina de nuestra tribu!
Todo lo que hago es para asegurarme de que el clan Ji sepa que la Tribu de la Ribera mantiene su fidelidad hacia ellos.
El hombre en la esquina oscura permanecía en silencio.
—Secuaz Tres —dijo Río Sansi.
—Amo —respondió el hombre de la oscuridad.
—Envía al Secuaz Nueve.
Rapta a Cai en la oscuridad y envíalo al territorio del clan Maderaférrea para que se una a cualquier tribu pequeña de la zona.
Encárgate de que se le dé un buen entrenamiento al niño.
Si tiene talento y se esfuerza, dale un buen tutor.
Si se olvida rápidamente del odio que siente y no se empeña en los entrenamientos, entonces mátalo y haz que el Secuaz Nueve regrese.
—Entendido —respondió.
—El odio es también una poderosa fuente de fuerza.
Nuestra tribu comparada con el clan Ji no es nada, nada —murmuró Río Sansi.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com