La era desolada - Capítulo 631
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 631: Capítulo 631.
Isla Volcánica Capítulo 631: Capítulo 631.
Isla Volcánica Editor: Nyoi-Bo Studio —El Dao de la Espada… Ji Ning cerró los ojos.
Lentamente, una oleada invisible de poder comenzó a manifestarse en el área alrededor de Ning.
Se formó la imagen borrosa de una espada negra que lo cubrió y se arremolinó a su alrededor.
Normalmente, a los que dominan el Dao de la Espada se les conoce como Inmortales de la Espada, ¡pero ese era solo el comienzo del camino del Inmortal de la Espada!
Solo al comprender la Fuerza de la Espada se podría seguir la verdadera esencia de la espada en sí.
—Está vivo.
Ning abrió los ojos y miró la borrosa espada negra que lo rodeaba.
Esta manifestación de la Fuerza de la Espada en la cuarta etapa le permitió a Ning sentir claramente la alegría juguetona de la espada ilusoria.
Era como un niño pequeño al que le encantaba estar pegado a Ning, lo que hacía que su corazón se llenara de alegría.
Sensaciones.
Vida.
Las primeras tres etapas de la Fuerza de la Espada solo involucraban la aplicación rígida del poder, pero durante la cuarta etapa de la Fuerza de la Espada realmente se ganaba vida y sensibilidad.
Aunque el nivel de inteligencia era muy bajo, era suficiente para aturdir a Ning hasta lo más profundo.
Antes de esto, antes de que su Fuerza del Corazón alcanzara la cuarta etapa, Ning nunca había sentido esto de su Fuerza de Espada.
En cuanto a la Fuerza del Corazón, venía de sí mismo: era el poder de su propio corazón.
En cambio la Fuerza de la Espada provenía de una esencia arcana, inexplicable e insondable de la espada en sí.
El camino que seguía Ning era el camino para encontrar la esencia original de la espada.
Whoosh.
Ning se puso de pie, agitó la mano y la Fuerza de la Espada negra respondió en consecuencia.
—Tremendo poder.
Antes de esto, era un poco más débil que la hermana aprendiz mayor Lunaplateada y que Nieverroja, ya que no me había entrenado durante el tiempo suficiente.
Aunque mi Fuerza del Corazón es formidable, se consume demasiado rápido en batalla.
Cuando quiero vencer a enemigos más débiles que yo, me permite ganar la victoria en solo uno o dos golpes, pero cuando peleo contra expertos del mismo nivel, simplemente no dura.
La Fuerza de la Espada, en cambio, no consume mi poder divino y surge en una corriente constante, ininterrumpida —pensó Ning absolutamente encantado.
Al comprender realmente la Fuerza de la Espada, incluso un mortal común sería capaz de infundir golpes y patadas con la Fuerza de la Espada en la cuarta etapa.
—Puedo sentir vagamente que el poder de esta Fuerza de la Espada es casi igual al 80% del poder desatado cuando uso mi Fuerza del Corazón al máximo efecto.
Ning suspiró con asombro.
Aunque era “solo” el 80%, podía usarse en cada golpe en una batalla prolongada.
Eso sería mucho más útil para Ning que la Fuerza del Corazón.
—Desde este día en adelante, en una batalla uno contra uno soy el igual de fuerte que la hermana aprendiz mayor Lunaplateada y que Nieverroja.
Después de calmarse, Ning echó un vistazo a la isla volcánica.
Esta isla tenía un volcán imponente en el centro que ocasionalmente lanzaba columnas de lava.
Sin embargo, debido a que el mar alrededor de la isla volcánica estaba completamente congelado mientras muchos copos de nieve caían a su alrededor, los bordes de la isla estaban a una temperatura perfecta.
Solo el volcán en sí estaba ardiendo.
Whoosh.
Ning lo pensó y una segunda persona apareció junto a él: Dios Empíreo Picoduro.
—Hermano aprendiz menor Norte Oscuro —dijo Picoduro.
Inmediatamente sonrió a Ning al salir, pero, al ver su entorno, se quedó atónito.
Un volcán que lanzaba lava era una vista completamente diferente a la de la isla nevada.
—E-Este lugar es…—tartamudeó Picoduro.
—Esta es la segunda isla.
La llamo Isla Volcánica —dijo Ning.
—En realidad lo has logrado.
¡Ja, ja, ja!
¡Maravilloso!
¡Maravilloso!
—dijo Picoduro mirando a Ning con los ojos llenos de emoción—.
Hermano aprendiz menor Norte Oscuro, a decir verdad, realmente no creí que pudieras tener éxito.
De hecho, después de pasar unos días en tu finca Inmortal, temía que ya hubieras fallado.
¡Pero lo lograste!
Maravilloso, simplemente maravilloso.
Picoduro no tenía mucha fe en Ning.
Vio cómo mataba al clon de Demonio de Nieve en la isla nevada y había notado que las artes de espada de Ning solo estaban al nivel de la Fuerza de la Espada de tercera etapa.
Sin embargo, la espada de Ning fue sorprendentemente rápida, por lo que pensó que podría haber una posibilidad de que Demonio de Nieve lo reconociera.
No era necesario derrotar a Demonio de Nieve para pasar: si uno peleaba el tiempo suficiente y era reconocido por él, se le permitiría pasar.
Ning había analizado la estela de piedra por largo tiempo.
Aunque para él la sensación fue que solo había pasado un breve momento, en verdad había pasado más de dos días en ello.
Después de esperar tanto tiempo dentro de la finca Inmortal, Picoduro sintió que la razón por la que Demonio de Nieve había dejado pasar a Ning era porque los dos habían luchado durante tanto tiempo que Demonio de Nieve había reconocido el poder de Ning.
Ning se rio entre dientes.
—Ser capaz de pasar a Demonio de Nieve demuestra tu poder —dijo Picoduro y suspiró—.
Lo importante es que finalmente hemos dejado la isla de nieve.
He tenido más que suficiente de ese lugar.
—La isla era bastante bonita —dijo Ning.
—Cuando pasas innumerables años aterrorizado en un solo lugar, se convierte en un infierno para ti, sin importar lo bonito que sea —dijo Picoduro—.
¡Vamos!
No hablemos aquí, echemos un vistazo a lo que está por venir.
Veamos si hay otros Dioses Empíreos en esta isla.
Mientras más avancemos, más fuertes serán los Dioses Empíreos que sobrevivan e incluso si no pueden llegar a la siguiente isla, seguro podrían con vida durante bastante tiempo.
—Sí, vamos a echar un vistazo —respondió Ning.
Ning y Picoduro caminaron a través de la isla volcánica y observaron el paisaje.
Poco después encontraron una serie de palacios sinuosos.
—Por allí.
Si hay algún Dios Empíreo sobreviviente, debería estar viviendo allí—dijo Picoduro y apuntó apresuradamente hacia los palacios.
Tan pronto como dijo eso, ¡zas!
Un hombre musculoso y de ojos de bronce apareció en la entrada de uno de los palacios y vio tanto a Ning como a Picoduro.
—¡Hermano mayor!
¡Segundo hermano!
¡Tercer hermano!
¡Cuarto hermano!
¡Quinto hermano!
¡Séptima hermana!
—gritó el hombre musculoso.
¡Swish!
¡Swish!
¡Swish!
Una figura tras otra comenzó a aproximarse desde los otros palacios y se congregaron para mirar a los dos recién llegados: había seis hombres y una mujer.
Todos iban vestidos con pieles.
—¿Es mi joven amigo Picoduro?
—dijo un hombre con cara arrugada.
—Siete Dioses del Dragón, ¿todos ustedes todavía están vivos?
—dijo Picoduro y comenzó a rugir de risa.
—¿Los Siete Dioses del Dragón de la Era Primordial?
Ning estaba realmente conmocionado.
Antes de venir a este lugar había leído sobre los Dioses Empíreos que habían entrado en el Lago Lunabaja.
¡Los Siete Dioses del Dragón habían entrado en el Lago Lunabaja durante la Era Primordial!
Habían pasado innumerables años desde entonces y durante su conversación con Picoduro, Ning se había enterado de que la isla de nieve había sufrido ataques cada mil años.
Era probable que también sucediera en las otras islas.
—Joven amigo Picoduro, ¿por qué has venido a este maldito infierno?
Nunca deberíamos haber venido a este lugar —dijo el hombre de más edad mientras Ning y Picoduro caminaban hacia el grupo.
—Demasiado tarde para arrepentimientos.
Ya estoy aquí—dijo Picoduro y dejó escapar un suspiro—.
Estuve atrapado en la isla de nieve durante más de cien millones de años y ustedes llegaron aquí durante la Era Primordial.
¡Estoy completamente asombrado de que pudieron sobrevivir durante tanto tiempo!
—¡Ja, ja, ja!
¿Y quién es este nuevo amigo?
—preguntó un hombre de pelo de fuego y miró hacia Ning amistosamente—.
Aunque no lo reconozco, puedo sentir que es uno de mis hermanos, un humano.
—Déjame hacer las presentaciones.
—Hermano aprendiz menor Norte Oscuro, confío en que ya has adivinado, pero estos siete son los Siete Dioses del Dragón que una vez siguieron al Soberano Humano Suiren en sus campañas en todo el mundo.
En el pasado, cuando nuestra raza humana estaba creciendo y todavía estábamos probando diferentes caminos de cultivo, el Soberano Humano Suiren cosechó sangre dracónica de un Dios Verdadero y la usó para cambiar cualitativamente el cuerpo de un humano.
Eso le permitió entrenar en técnicas superiores de Dios Demonio.
Sin embargo, descubrió más tarde que el tipo de transformación forzada había tenido un impacto tanto en el cuerpo como en el alma, lo que resultó en que la mayoría no pudo avanzar más allá del nivel de Dios Empíreo.
—¿Por qué tienes que hablar de estas cosas?
—¡Al menos nos convertimos en Dioses Empíreos!
Los Siete Dioses del Dragón se rieron.
—Estos son los Siete Dioses del Dragón.
El mayor es Dios Empíreo Dragónmarchito.
Este es el segundo, Dios Empíreo Dragónferoz.
Este es el tercero, Dios Empíreo Dragónnegro.
Este es el cuarto, Dios Empíreo Dragónllamador.
Este es el quinto, Dios Empíreo Dragónbuho.
Este es el sexto, Dios Empíreo Dragóntirano.
Y este, el más hermoso de los siete, es, naturalmente, Dios Empíreo Dragónvacío —dijo Picoduro sonriendo.
Ning sentía una verdadera admiración por estos siete dioses.
Los primeros expertos humanos habían establecido una base para todos sus descendientes humanos, e incluso habían usado sus propios cuerpos para probar nuevos métodos de cultivo.
No fueron solo estos siete los que intentaron usar sangre dracónica para transformar sus cuerpos, muchos otros murieron en el acto.
Gracias a ellos la raza humana había avanzado.
No cualquiera podría soportar la sangre de un Dios Verdadero dracónico, después de todo.
Ellos eran siete de los primeros sujetos de prueba de Suiren y fueron conocidos como los Siete Dioses del Dragón.
Aunque no eran hermanos verdaderos, ¡estaban incluso más cerca unos de otros que los hermanos de sangre!
—Date prisa y presenta a este joven amigo tuyo —dijo la única mujer presente.
Estaba vestida con ropa de pieles que no escondía su belleza.
Su voz era clara, heroica y valiente como cualquiera de las otras.
—Es mi hermano aprendiz menor Norte Oscuro, uno de los discípulos bajo la tutela de Padre Dao Subhuti —dijo Picoduro con un suspiro.
—¿Norte Oscuro?
—Mi joven amigo Norte Oscuro, ha pasado mucho tiempo desde que nos hemos encontrado con otros humanos.
Casi hemos muerto de soledad aquí.
¡Ja, ja, ja!
¡Ven, ven, ven!
Prueba un poco de este vino que nuestra séptima hermana produjo durante la cosecha de energía elemental —dijo el hombre alto, musculoso y de ojos de bronce Puso su brazo alrededor de los hombros de Ning y tiró de él hacia su palacio.
Los Siete Dioses del Dragón de la Era Primordial, Dios Empíreo Picoduro, y Ji Ning.
Estos nueve humanos se sentaron ante la mesa y empezaron a beber vino en grandes tragos mientras charlaban.
—Supongo que ustedes siete ya saben que el mundo exterior está ahora en la era de los Tres Reinos —dijo Picoduro de repente.
—Sí, hemos oído hablar de eso.
—Algunos Dioses Empíreos que pasaron nos mencionaron el asunto.
Todos asintieron.
—Pero me imagino que esos Dioses Empíreos no sabían que los Tres Reinos han caído en un estado de crisis.
Una tribulación ha descendido.
—¿Una Tribulación?
Los rostros de los Siete Dioses del Dragón cambiaron.
—Una tan terrible como la tribulación que destruyó la Era Primordial —dijo Picoduro sombríamente.
—¡¿Qué?!
Los Siete Dioses del Dragón habían entrado en el Lago Lunabaja durante la Era Primordial, por lo que no experimentaron la guerra que la destruyó.
Sin embargo, los dioses empíreos que los habían visitado desde entonces les habían descrito la guerra.
Sabían exactamente cuán calamitosa había sido.
¡Incluso los poderes principales habían muerto, así como los Dioses Antiguos!
¡El mismo mundo caos de Pangu había sido destruido!
—Fue el hermano aprendiz menor Norte Oscuro quien me dijo esto —dijo Picoduro y miró hacia Ning.
—Déjame explicarte.
Ning comenzó a narrar los detalles de esta tribulación a los presentes.
Al escuchar la historia, quedaron estupefactos.
—¡De haber sabido, habría matado a todos los Dioses Empíreos de Puerta Perfecta que vinieron aquí!
—gritó el Dios Empíreo Dragóntirano.
—Maldición.
¡Maldición!
Realmente son como una manada de perros salvajes que no pueden ser domesticados.
Deben morir.
¡Cada uno de ellos debe morir!
Los Siete Dioses del Dragón estaban completamente furiosos.
Podrían imaginar cuán desastrosa sería esta nueva tormenta.
Cuanto más lo imaginaban, más se enojaban.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com