La era desolada - Capítulo 65
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Capítulo 65: Capítulo 65.
¡Ji Ning Está Aquí!
Capítulo 65: Capítulo 65.
¡Ji Ning Está Aquí!
Editor: Nyoi-Bo Studio El niño observó nerviosamente al joven sobre la bestia negra.
Solo podía percibir que se trataba de una figura muy poderosa, pues la tribu entera parecía temerle.
El joven bajó de la bestia, caminó hacia él y le extendió la mano mientras decía: —Piedraazul, ven conmigo.
Vamos a la tumba de tu hermana a rendirle tributo.
Ji Ning tomó la manito de Piedraazul mientras el infante, estupefacto, se dejaba guiar, sin atreverse a poner resistencia.
A su lado, Dientenegro y otros hombres de la tribu tampoco se atrevieron a discutir.
Y así, en pocos momentos, atravesaron la tribu hasta llegar a un gran cementerio en la parte trasera del lugar.
Una vez más visitaron esa tumba.
—Hierba de Primavera, he venido.
Ji Ning había preparado unos cuantos objetos sacrificiales que fue recolectando al pasar por las diversas tribus.
Las colocó con cuidado frente a la lápida mientras al mismo tiempo decía: —Ese Río He de la tribu de la Ribera está muerto, Ala de Serpiente del Lago Ala de Serpiente también.
Todos tus enemigos murieron.
En cuanto terminó de pronunciar esas palabras, Dientenegro y el resto de la tribu se quedaron helados.
¿Qué?
¿el Terrible Monstruo Ala de Serpiente también estaba muerto?
Parecían decir con la expresión.
—Piedraazul debe ser el último hermano que te queda —dijo mientras jalaba de su mano, empujando al azorado niño al frente—.
Juro ante tu tumba que le daré un tutelaje digno.
Piedraazul estaba estupefacto, pero su padre Dientenegro se sentía totalmente extasiado y exclamó: —Gracias, joven maestro.
Él era tan solo el líder de una pequeña tribu, ¿qué podía darle a su hijo como futuro?
Pero si alguien tan especial como el joven maestro del clan Ji lo ayudaba, ese futuro podía ser completamente distinto.
—Siempre y cuando estés de acuerdo —dijo Ning mirando a Dientenegro— en el futuro me quedaré por largos tiempos en el Lago Ala de Serpiente.
Si quieres ver a tu hijo, ve a buscarnos ahí.
—Entendido —respondió el hombre respetuosamente.
—Piedraazul, honra a tu hermana mayor —ordenó Ning mirando al niño que estaba a su lado.
—Está bien —respondió mientras se arrodillaba y se inclinaba tres veces.
—Pueden irse —dijo Ning agitando la mano.
—Sí, joven maestro.
Todos, incluida Hoja de Otoño, se fueron.
Hasta Piedraazul fue retirado por su padre.
El único que quedaba en esa tumba desolada y salvaje era Ji Ning.
—Solo quedamos tú y yo —aseguró mientras sacaba una caña de bambú y empezaba a beber vino—.
Hoy, tu joven maestro pasará un rato charlando contigo ya que en el futuro me temo que no podré visitarte muy seguido.
Ning bebió vino frutal frente a la tumba mientras hablaba con Hierba de Primavera.
En un abrir y cerrar de ojos, una hora había transcurrido.
¿Qué?
De pronto Ning frunció el entrecejo: como una entidad de clase Dios Demonio, sus sentidos eran extremadamente agudos.
Detectó al instante temblores minúsculos en la superficie.
—¡Miles de guerreros!
Y la distancia debe ser de solo veinte kilómetros.
¿Miles de guerreros a tan corta distancia?
¿Será que una tribu está a punto de atacar a la tribu Dientenegro?
—se preguntó.
Cuando se trataba de conflictos entre las tribus, el clan Ji solía hacer de cuenta que no existían.
—Dientenegro era originalmente un mercader viajante así que debe ser muy habilidoso para establecer relaciones —dijo Ning confundido—.
Desde su fundación, nadie antes ha atacado a la tribu Dientenegro, ¿por qué hacerlo ahora y con tantos guerreros?
Mejor averiguo qué sucede.
Se levantó de un salto, pues más allá de si lo hacía por Hierba de Primavera o Piedraazul, no podía soportar quedarse de brazos cruzados.
Aunque generalmente el clan Ji hacía de cuenta que no sucedía nada, una vez que decidían intervenir, las tribus que controlaban jamás los desobedecían.
Ning caminó por la tribu directo hacia las puertas.
—Joven maestro —dijeron Hoja de Otoño y Mowu mientras caminaban detrás de él.
—Joven maestro —exclamaron Dientenegro y varios hombres que también hicieron lo mismo.
—A veinte kilómetros, miles de guerreros avanzan en esta dirección.
Bien.
En realidad deben ser unos dos a tres mil.
Su tribu necesita prepararse —advirtió Ning.
Dientenegro estaba impactado.
—¿Dos a tres mil guerreros?
Eso es imposible.
Solo una tribu enorme es capaz de movilizar tantos hombres y una tribu tan grande no se va a preocupar por una tribu como la de Dientenegro.
Nuestra población entera, contando a mujeres, ancianos y niños apenas llega a las mil personas más o menos.
¡No valemos una movilización militar de ese tamaño!
—¡Si lo digo es porque es así!
—exclamó Ning mirándolo fijamente.
—Está bien.
Dientenegro naturalmente no se atrevió a contradecirlo y rápidamente comenzó a gritar: —¡Rápido, rápido, rápido!
¡Vienen enemigos a atacarnos!
¡Reúnanse!
Se escuchó el grave silbido de un cuerno de bestia que se esparció por todo el lugar dando alarma.
Los musculosos guerreros, los ancianos y las mujeres, todos tomaron sus sables, espadas, lanzas y demás armas mientras los niños se escondían.
Ning miraba a lo lejos las puertas, mientras que todos los miembros de la tribu sostenían sus armas con gran aliento, listos para atacar mirando hacia los lejanos bosques de montaña.
De forma gradual, comenzaron a escuchar claramente los pasos que se acercaban.
Después de todo, ¿cómo podrían no hacer ruido dos o tres mil guerreros en marcha?
Esto causó aún más sorpresa en Dientenegro y el resto de la tribu.
Ning ya les había advertido la cantidad de personas que venían a atacarlos.
—Tantos.
—Tantos guerreros.
Los miembros de la tribu estaban completamente aturdidos: a lo lejos, emergían como enjambre figuras humanas desde los bosques con los del frente armados.
Era como una avalancha de metal que se abría paso a gran velocidad.
Esto hizo que los miembros de la tribu sintieran que los corazones se les helaban de terror.
—¡Deténganse!
Con la orden, los tres mil guerreros inmediatamente formaron filas de casi medio kilómetro de largo frente a las puertas de la tribu Dientenegro.
—¡Tribu Dientenegro, escuchen!
Al frente de las tropas enemigas bramaba un hombre calvo bien formado.
—Somos de la tribu Ala de Fuego.
Abran las puertas y ríndanse ante nosotros para tener la oportunidad de sobrevivir.
Si se resisten, morirán al igual que todos los que opongan resistencia y el resto de la tribu será vendido como esclavos —dijo y su voz resonó como un eco en el viento.
La tribu Dientenegro estaba entrando en pánico, ¿qué podían hacer?
—Son demasiados guerreros, hay miles —dijo alguien.
—Estamos acabados.
—¿No está tu maestro Ji aquí?
No tenían ningún espíritu de lucha: la tribu era relativamente nueva, ya que muchos de sus hombres habían sido incorporados luego de que huyeran de otros grupos, así que no sentían una fuerte lealtad hacia la tribu Dientenegro aún y, además, solo contaban con menos de quinientos, ¡mientras que la tribu enemiga tenía tres mil!
¡Una vez que empezara la batalla, serían derrotados de inmediato!
—¡A todos en la tribu Ala de Fuego!
No sé por qué han venido hasta aquí.
Si tienen alguna demanda, nos esforzaremos en cumplirla —gritó Dientenegro que había ido al frente.
—¡Basta de charla!
¡Ríndanse o luchen!
—respondió el hombre calvo.
Ning frunció el ceño mirando a Mowu que estaba a su lado.
Asintió al comprender lo que quería el joven maestro y fue hacia el frente gritando: —¡Nuestro joven maestro Ji Ning está aquí!
Líderes de la tribu Ala de Fuego, ¡¿por qué no han venido a presentarle sus respetos aún?!
«¡¿Por qué no han venido a presentarle sus respetos aún?!
¡¿Por qué no han venido a presentarle sus respetos aún?!
¡¿Por qué no han venido a presentarle sus respetos aún?!», resonó el eco de la pregunta a través de los bosques, lo que causó conmoción entre la tribu enemiga.
Al centro de la formación, había un grupo de hombres en monturas que comenzaron a hablar entre ellos: —¿El joven Ji Ning?
—¿El que estuvo en la tribu de la Ribera?
—Además de él, ¿quién se atrevería a ordenar a los líderes que se le presentaran respetos?
Las altas figuras dentro del clan estaban impresionadas.
La tribu Ala de Fuego era una tribu bastante extensa con más de veinte mil integrantes, pero no tenían ninguna forma de vida Xiantiana por lo que ya habían llegado al límite de expansión.
Comparada con la tribu de la Ribera, era bastante menor.
La tribu de la Ribera no estaba demasiado lejos.
Después de un mes, todos los altos miembros de la tribu estaban al tanto de lo sucedido y sabían quién era Ji Ning.
—Jefe.
—Jefe.
Todos miraron al hombre de barba oscura que fue escoltado al frente.
A su lado, un joven con cabello hasta los hombros dijo en tono grave: —No es más que un descendiente del clan Ji.
No hay por qué prestarle atención a alguien así en una guerra tribal como esta.
Hagámoslo.
—¡Ataquen!
—gritó el hombre de barba negra.
—¿Qué?
—¿Qué?
¿Atacar?
—¡Jefe!
—exclamaron las altas figuras montadas.
No esperaban que el jefe, un hombre al que consideraban valiente y sabio, actuara de un modo tan estúpido.
Debido al estatus del jefe, seguro estaba enterado sobre lo que el nombre “Ji Ning” representaba.
Si se tratara de un miembro ordinario del clan Ji, sería una cosa, pero este era Ji Ning, ¡quien había forzado hasta a la tribu de la Ribera a arrodillarse ante él!
—¡Mátenlos!
Esos tres mil guerreros eran todos hombres comunes.
¿Cómo iban a saber contra quién se estaban enfrentando?
Al escuchar las órdenes del jefe, inmediatamente fueron a la carga.
—¡Mátenlos!
¡A la carga!
Como una marea de metal, los guerreros al frente fueron hacia delante, mientras los que estaban montados en bestias los seguían.
La tierra se agitó y pareció como si el cielo se hubiera oscurecido de pronto.
Los integrantes de la tribu Dientenegro estaban estupefactos y algunos hasta comenzaron a gritar: —¡Nos rendimos, nos rendimos!
Estamos acabados, ¡corran!
Ji Ning de pie junto a las puertas observó cómo esa masa oscura y densa de personas cargaba hacia delante.
Inmediatamente tuvo sospechas: «Mi nombre debería ser conocido en las tribus relativamente grandes, especialmente después de actuar contra la Tribu de de la Ribera.
Tendría que haberse extendido por toda el área que se encuentra bajo el control del clan Ji.
¿Por qué el líder de barba negra sigue ordenando un ataque?», pensó.
Se sentía totalmente desconcertado.
La Tribu Dientenegro era una pequeña tribu.
No tenía mucha riqueza.
Movilizar a tres mil guerreros para atacarlo fue ya de por sí bastante raro.
Después de escuchar su nombre, ¿el enemigo todavía decidió atacar?
Eso era aún más extraño.
Sin embargo, por el simple hecho de que se atrevían a ignorar su nombre y por el prestigio del clan Ji se vio obligado a actuar ahora.
—Hmmm —gruñó.
Frente a las puertas de la Tribu Dientenegro, Ning saltó de pronto hacia delante como un gigantesco Roc en vuelo destellando en el aire.
Al mismo tiempo que saltó, surgieron de la nada enormes olas a su alrededor que se fundieron al instante como las aguas de una inundación.
«Hua, hua, hua» las interminables olas avanzaron y rompieron directamente en esos tres mil guerreros tribales.
—¡Olas!
—¿De dónde salió de pronto toda esta agua?
—¡Forma de vida Xiantiana, forma de vida Xiantiana!
Los guerreros estaban aterrorizados.
Habían ido a la lucha sumamente seguros de la victoria, pero ahora que tenían olas rompiendo sobre sus cabezas, todos comenzaron a colapsar y, en pocos segundos, se suscitó un caos.
Entendían que solo las formas de vida Xiantiana y los Terribles Monstruos podían controlar el fuego, el agua, los gases venenosos y similares.
Si una forma de vida Xiantiana quería masacrar a tres mil hombres, lo haría sin mayores problemas.
En realidad, Ning no quería masacrarlos, solo controló las olas para que los azotaran.
Si usaba hielo o fuego para quemarlos vivos, la escena hubiera sido totalmente distinta.
—¡Hua!
Con un solo movimiento, el chico viajó más de un kilómetro y se dirigió ante ese jefe barbanegra para agarrarlo del cuello.
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