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La Esposa del Presidente es Guapa y Genial - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Ella le debía demasiado
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2: Ella le debía demasiado 2: Ella le debía demasiado Lan Anran ocultó muy bien el odio en sus ojos y, la siguiente vez que miró a Lan Tingyun, seguía siendo una hija inocente, encantadora y obediente.

Abrió sus ojos de cervatillo y preguntó con inocencia: —¿Papá, por qué estás aquí?

Lan Tingyun estaba bañado en lágrimas.

¿Quién decía que su hija se convertiría en una patana salvaje y grosera por haberse criado en el campo?

Su hija era claramente una niña sencilla, como una hoja de papel en blanco, sin el más mínimo atisbo de resentimiento.

—Yo… yo… he venido a recogerte para… volver a casa.

A Lan Tingyun se le hizo un nudo en la garganta, y sus palabras salían entrecortadas.

Incluso después de subir al coche, Lan Tingyun seguía inmerso en la alegría de haber recuperado a su hija.

Apenas podía articular frases completas.

La casa de la Familia Lan estaba en la zona este de Ciudad Rong.

El viaje desde esa aldea duraba medio día.

El ambiente en el coche era un tanto tenso.

Lan Tingyun no se atrevía a hablar y no sabía qué decir para estrechar lazos con su hija, a la que no había visto en tanto tiempo, pero la mente de Lan Anran trabajaba a toda velocidad.

En su vida pasada, el día que la llevaron a casa, su padre también vino solo, lo que la hizo sentir infravalorada y poco querida.

La situación empeoró a su regreso, cuando otros intentaron sembrar la discordia entre ella y su padre, haciendo que se negara a llevarse bien con su familia.

Lan Anran esbozó de repente una fría sonrisa.

En esta vida, ¿qué tipo de sorpresas le aguardarían?

Aunque Lan Tingyun no sabía qué decir, había estado observando atentamente a su hija.

Al ver la curva que se dibujó en la comisura de los labios de ella, se quedó desconcertado por un instante e, inconscientemente, empezó a explicar: —Tu mamá quería venir a recogerte, pero está hospitalizada y su estado no le permite hacer viajes largos.

Tu hermano la está cuidando en el hospital, así que esta vez…
Lan Tingyun bajó la cabeza, con un gesto de culpabilidad.

Era un padre y un esposo incompetente.

Lan Anran volvió en sí y se dio cuenta de que su padre le daba explicaciones por miedo a que se sintiera desplazada o rechazada por la familia.

Frunció los labios y, cuando habló, su voz denotaba una ligera vacilación teñida de nostalgia: —¿Qué le pasa a Mamá?

¿Es grave?

¿Mi hermano puede cuidarla él solo?

En su vida pasada, estaba inmersa en su propio mundo y había ignorado a su madre.

Sabía vagamente que su madre siempre estaba enferma, pero desconocía la gravedad de su estado.

Ahora que lo pensaba, se daba cuenta de que había sido una pésima hija.

Pero ya no importaba.

En esta vida, no volvería a cometer los mismos errores.

Lan Tingyun estaba un poco sorprendido, pero sobre todo, conmovido.

No esperaba que fuera tan comprensiva y tomara la iniciativa de preguntar por la enfermedad de su madre.

—El médico no logra diagnosticar su enfermedad.

Está muy débil y necesita reposo prolongado, por eso tu hermano la está cuidando.

Anran, ¿estás enfadada porque ellos no han venido conmigo…?

—No estoy enfadada.

La salud de Mamá es lo más importante.

Ya he vuelto y, a partir de ahora, tendremos mucho tiempo para estar juntos.

Papá, espero no ser una molestia para vosotros…
Definitivamente, os protegeré a todos y a esta familia.

Lan Anran habló con un toque de picardía, pero un brillo afilado destelló en sus ojos.

Lan Tingyun se sintió abrumado.

Su hija era tan sensata, no los culpaba en absoluto y, además, era muy considerada…
—Bien, bien.

Nuestra familia por fin estará completa y viviremos en paz.

—No te preocupes, Papá te protegerá a toda costa.

La imagen de su padre en su vida pasada, apoyándola a pesar de ser ya un anciano decrépito, se superpuso a la del hombre de mediana edad que estaba sentado en el coche con los ojos llorosos.

Esa visión hizo que a Lan Anran le picara la nariz y las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.

—No, no llores, Anran, no llores.

Ya pasó, ya pasó.

Lan Tingyun no supo qué hacer.

Solo pudo darle unas palmaditas en el hombro para consolarla.

De repente, Lan Anran se lanzó a sus brazos y hundió su pequeño rostro en su ropa.

Fue como si se hubiera abierto una compuerta, y sus sollozos se hicieron cada vez más fuertes.

Lan Tingyun no sabía en qué pensaba ella; supuso que no podía controlar sus emociones al ser llevada a casa de forma tan abrupta.

La rodeó por el hombro con un brazo y con la otra mano le daba suaves palmaditas en la espalda.

—Mi querida hija, no llores.

Papá está aquí.

Ya no sufrirás más.

El coche atravesó el patio y se detuvo a la entrada de la villa.

Lan Anran se bajó del coche detrás de Lan Tingyun.

Antes de que pudiera observar bien el patio de la Familia Lan, la interrumpió una exclamación alegre.

—Papá, ¿es ella mi hermana?

Lan Anran levantó la vista y vio a un chico, un poco menor que ella, de pie frente a ellos.

Tenía el pelo suave y el aspecto de provenir de una familia rica y poderosa.

No disimulaba en absoluto la alegría de su rostro: era una felicidad sincera, que le nacía del corazón.

El chico se acercó a Lan Anran a saltitos y la examinó con una expresión curiosa.

No había ni el más mínimo atisbo de asco.

—¿Tú eres mi hermana?

Me llamo Lan Yanran.

He oído a papá decir que te llamas Lan Anran, ¿verdad?

—Sí.

Lan Anran asintió ligeramente, con el porte de una dama, y en sus ojos brilló un destello de cariño.

—¡Genial!

A partir de ahora tengo una hermana mayor.

¡Seré el principito más mimado del mundo!

Lan Yanran bailoteaba alegremente, sujetando la mano de Lan Anran como si quisiera dar vueltas con ella.

Lan Tingyun observaba a los dos hermanos desde un lado con una sonrisa afectuosa, pero fingió enfado y dijo: —Yanran, tu hermana acaba de llegar a casa, no hagas el tonto.

—No pasa nada, Papá.

Yo también estoy feliz.

Tengo un hermano pequeño —dijo Lan Anran mientras miraba a su vivaz hermano pequeño, que saltaba frente a ella, y sintió que su corazón se ablandaba.

En su vida pasada, había cometido demasiados errores.

Aunque su hermano era más pequeño que ella, sin importar lo que ocurriera, siempre la defendía con su frágil cuerpo.

Era más sensato que ella, casi como un ángel de la guarda.

Sin embargo, en el pasado había hecho caso a muchas calumnias y siempre había detestado a su hermano pequeño, culpándolo de acaparar todo el amor de su familia.

Al final, su hermano renunció a su amada carrera en las Artes Escénicas para hacerle los recados e incluso se había entregado a una vieja gorda y fea por ella.

Cuando encontró a Yanran, estaba torturado hasta quedar irreconocible y su melodiosa voz había sido arruinada.

Le debía demasiado.

Pero ya no importaba; en esta vida, no volvería a cometer los mismos errores.

Lo protegería para que pudiera perseguir sus sueños sin preocupaciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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