La Esposa del Presidente es Guapa y Genial - Capítulo 235
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Capítulo 235: Un fantasma
Gordo se estaba cambiando de ropa cuando, sin querer, volcó el bote de basura de una patada.
—¡Lo siento! No fue a propósito —dijo Gordo, con la ropa mal puesta.
Lan Anran se fijó en el bote de basura. ¿Había guantes y gasas ensangrentados dentro?
¿Qué estaba haciendo exactamente Lan Tingyi?
Lan Tingyi, que estaba dentro concentrado en suturar, no oyó nada. Cubrió el cadáver, recogió sus cosas y salió.
Lan Anran y Gordo se escondieron debajo de la cama cuando oyeron el ruido.
Cuando Lan Tingyi entró, primero arrojó los guantes al bote de basura y se puso a lavar unos utensilios. Lan Anran, escondida debajo, no podía ver con claridad; solo sabía que Lan Tingyi estaba lavando cosas.
Después de media hora, Lan Tingyi terminó de limpiar y apagó las luces para dormir.
—Jefa, ¡se me durmieron las piernas!
Gordo se quejó en voz baja.
—¡Shhh, no hables! ¡Sal despacio!
Lan Anran habló en voz baja y salió sigilosamente de debajo de la cama.
Gordo medía 1,80 metros y llevaba media hora tumbado a disgusto debajo de la cama. Se sentía incómodo por todas partes y se estiró.
—¡Me muero!
Gordo lanzó un suspiro de alivio.
Lan Anran miró la puerta cerrada con llave. Parecía imposible entrar.
Entornó sus pequeños ojos y sonrió.
—Gordo, ven aquí, ¡te falta algo!
Lan Anran sacó un pintalabios y le sonrió.
—Jefa, ¿qué hace? ¡Nos meteremos en un lío si viene alguien!
Gordo se negó educadamente.
—No te preocupes, nadie querrá venir a este lugar.
Lan Anran le pintó la cara a Gordo con el pintalabios, le aplicó sombra de ojos y sacó la peluca recién comprada. Era, sin duda, un verdadero fantasma.
—Ve a asustar a Lan Tingyi y haz que nos diga qué ha estado haciendo aquí últimamente.
Lan Anran le había comprado estas cosas a Gordo precisamente para este momento.
—Jefa, ¿por qué no va usted…?
—Es mi tío, no puede reconocerme, ¡date prisa!
Lan Anran le dio una patada en el trasero a Gordo.
Gordo entró temblando y agravó la voz.
—Lan Tingyi~ Lan Tingyi~.
Lan Tingyi estaba medio dormido. Sintió que alguien lo llamaba y abrió los ojos, aturdido.
—¿Quién? ¿Quién me ha llamado?
—Lan Tingyi~ Soy yo~.
Gordo estaba de pie en la puerta.
Lan Tingyi se despertó de golpe. Se incorporó de un salto, horrorizado, con los ojos abiertos como platos.
—¡No te acerques! ¡Es culpa mía! ¡Es culpa mía! No era mi intención, no me atreveré a diseccionarte otra vez….
Lan Tingyi temblaba en un rincón.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Gordo tras una pausa.
—Solo quiero practicar para trabajar en un hospital mejor. ¡Maldita sea! ¡No me atreveré a hacerlo de nuevo, no te acerques!
La voz de Lan Tingyi temblaba. Hundió la cabeza en la manta y lloró.
A Gordo le entró la curiosidad de repente. ¡Levantó la linterna en miniatura que tenía en la mano y se alumbró la cara!
Un rostro pálido apareció en las pupilas de Lan Tingyi; estas se contrajeron y ¡se desmayó en la cama!
—Tu tío es demasiado débil, se ha desmayado así como así —exclamó Gordo al acercarse.
Gordo sonrió.
—¿Qué ha dicho?
—preguntó Lan Anran al entrar.
—Dijo que no se atrevería a diseccionar a nadie más y que solo quería practicar sus habilidades para poder irse a trabajar a otro hospital. No paraba de disculparse.
Gordo se limpió los polvos de la cara.
—¿Diseccionar? ¿Está diseccionando el cadáver del depósito?
Supuso Lan Anran.
—¿Qué? ¿Tan loco está?
Gordo miró a Lan Tingyi con asco.
—Genial, estaba pensando en cómo deshacerme de él, pero ahora no tendré que perder el tiempo —dijo Lan Anran con una sonrisa.
—Jefa, ¿qué ideas tiene?
Gordo sonrió y miró la expresión de confianza de Lan Anran.
—Vámonos ya. ¡Vas a matar a la gente de un susto si sigues con esa pinta! —dijo Lan Anran sonriendo.
Gordo se quitó la ropa, olvidándose del cargado maquillaje de su cara. A esas altas horas de la noche, todavía había muchos pacientes en la sala de urgencias del hospital, y todos lo miraban de forma extraña.
—Jefa, ¿por qué cree que me miran así? —preguntó Gordo con curiosidad mientras tiraba de Lan Anran.
Lan Anran no parecía querer tener nada que ver con Gordo, así que solo pudo fingir que no lo conocía.
—Anran, ¿por qué estás aquí?
Li Yueru vio la espalda de Lan Anran desde lejos y pensó que se parecía a su hija.
—Mamá, has debido de pasarlo mal. He venido a ver si hay algo en lo que pueda ayudar.
—Qué hija tan sensata tengo. No necesito ayuda con nada. Tu tío está en el depósito, ¿lo has visto? —preguntó Li Yueru.
—No, y su paradero no tiene nada que ver conmigo.
Lan Anran estaba tranquila y serena. No podía decirle a su madre que su tío estaba diseccionando cadáveres en el hospital, ¿verdad?
—Esta niña….
Li Yueru se fijó en Gordo con el maquillaje y sonrió.
—Señorita, ¿puedo ayudarla en algo?
Gordo permanecía inmóvil junto a Lan Anran, como si esperara una orden.
—¿Señorita? ¿Yo?
Gordo se sorprendió mientras se señalaba a sí mismo.
Lan Anran reprimió una sonrisa a un lado. Sus grandes labios rojos y su sombra de ojos negra no parecían fuera de lugar en absoluto.
—No es nada, acabo de pasar una revisión.
Gordo se marchó rápidamente, y solo entonces recordó que todavía llevaba puesta la peluca.
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