La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 106
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106: Capítulo 106 106: Capítulo 106 POV de Esmeralda
Estuve de luto por mi pequeña durante semanas antes de recomponerme.
Sé que soné muy fría con Rita, pero tengo miedo.
Sé lo peligroso que es Rocco, sobre todo si cree que lo he delatado.
—Pareces callada desde que tu hija falleció —resonó la voz de Sandra a mi espalda.
Se me tensó la espalda y no supe qué decirle.
Sé que fue ella quien mató a mi pequeña.
Escuché toda la conversación antes de que D’lores matara a mi pequeña.
—He oído que tu familia le debe dinero tanto a la Mafia Colmillos Rojos como también a los «Drenge».
Un pajarito me ha contado que, mientras que los Drenge prometieron matar a tu hija si no pagaba la deuda de sus padres, la Mafia Colmillos Rojos prometió enviarla a su club.
—Debería dejarme guardar luto en paz, Señora.
Abrió los ojos como platos y le dio un ataque de risa.
—Ahora me llamas Señora.
Te comportabas como si fueras la dueña de la casa cuando tu hija se acostaba con mi marido.
Creíste que podías arrebatarme lo que he construido durante años.
No tienes ni idea de lo duro que lucho por lo mío.
La miré fijamente, con la ira ardiendo en mi interior.
No puedo creer que tenga el descaro de decírmelo a la cara.
—Hay que tener agallas para intentar restregarme en la cara la muerte de mi hija.
Puso los ojos en blanco y se acercó más.
—Esto es solo una advertencia, aléjate de mi familia.
No construí todo esto para que una niñata consentida intentara destrozarlo.
—¿Tú mataste a mi hija?
—No tengo respuesta para eso.
¿Crees que yo mataría a tu hija?
—Sé que no lo harías —dije con una sonrisa forzada.
Firmamos un contrato cuando empezamos a trabajar aquí.
Si no es por traición, se supone que nuestras vidas y las de nuestras familias están a salvo.
—Eres lista.
Asegúrate de aconsejar a las otras chicas que se alejen de Rocco o podrían acabar como tu hijita.
—Se rio y se marchó.
Me apoyé en el mostrador, furiosa.
¿Cuánto tiempo podré seguir así?
Sé que he sido una madre horrible, pero lo menos que puedo hacer es luchar por mi niña.
Sandra rompió el contrato al enviar a D’lores a matar a mi pequeña.
Me vengaré, sin importar el tiempo que me lleve.
POV de Rita
He vuelto al trabajo, pero ya no soy la misma.
No puedo creer que mi mejor amiga ya no esté.
El caso policial se ha estancado y no hay pruebas contundentes de que no fuera un robo que salió mal.
Empecé a investigar a la banda de Rocco y descubrí que algunos de sus hombres vienen a comer al restaurante.
Necesito infiltrarme en la banda, ver qué puedo conseguir y destrozarlos.
—¡Rita!
Miré a mi lado y era mi jefa.
—¿Sí, Señora?
—Hay un grupo de jóvenes en esa mesa, creo que deberías ir tú.
Nadie más puede hacerlo tan rápido y eficientemente como tú —dijo con una sonrisa.
Cogí mi bloc de notas y un bolígrafo y me dirigí a la mesa.
El grupo de hombres estaba sentado y me miraba en silencio.
Algunos me incomodaron.
—Buenas noches, por favor, estoy aquí para tomarles nota.
—Los miré a todos y la mirada de uno de ellos recorrió mi cuerpo.
—Eres una mujer muy guapa.
Esperaba que llegara el día en que atendieras nuestra mesa —dijo mientras se lamía el helado de los dedos.
Tenía el pelo largo y parecía el líder del grupo.
—Gracias, Señor.
¿Puedo tomarles nota ya, por favor?
—dije con una sonrisa forzada.
—¿Tienes idea de con quién estás hablando?
—dijo irritado el que estaba más cerca de mí, a la izquierda.
—Solo estoy aquí para atender a los clientes, nada más.
Gruñó y se puso en pie.
—Liam, déjalo —dijo el del pelo largo.
Liam hizo una pausa y volvió a sentarse.
—Sabes, no muchas mujeres se hacen las difíciles como tú.
Es refrescante.
Acabarás en mi cama, pequeña fierecilla.
—Se rio entre dientes y la mirada que me dedicó me hizo estremecer.
Permanecí en silencio, sin decir una palabra.
Me limité a mirarlo fijamente y el odio en mi corazón era muy profundo.
Su banda me arrebató a mi amiga.
—Tomaremos todos pizza y refrescos.
Sorpréndenos, pequeña fierecilla.
—Me despachó con un gesto, me fui y pasé el pedido en el mostrador.
Unos siete minutos después, estaba listo y llevé todos los pedidos en tandas.
Pronto terminé y el hombre del pelo largo me sujetó la mano.
—Tengo un regalo para ti.
—Puso un billete de doscientos dólares en mis manos.
—Es demasiado —dije, apartándolo.
No quería deberle nada a esta gente.
Son muy peligrosos y esto no es lo que quiero.
—Lo aceptarás.
—Su voz se agravó y había algo oscuro en su mirada.
Lo cogí y susurré un gracias.
—De nada.
—Me soltó y corrí a la trastienda.
Respiré hondo varias veces.
Entonces pensé que era la oportunidad perfecta que estaba buscando.
Podía intentar ver si conseguía infiltrarme a través de él.
No parecía tener un rango muy bajo, así que jugaría a mi favor.
Me tomé un pequeño descanso y una mano se posó en mi hombro; me di la vuelta y me quedé helada.
—No te vi cuando estaba a punto de irme, fierecilla.
—Lucía una sonrisa de suficiencia y tenía tatuajes.
—¿Qué quieres?
—susurré, claramente intimidada.
—Solo quiero saber tu nombre.
¿Cuál es?
—Soy Rita —dije sin más.
—Yo soy Yuri.
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