La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 11
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11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 POV de Elena
Hoy era el día de la boda.
No puedo evitar reflexionar sobre lo que mi exnovio, Theo, me dijo acerca de Ryan.
Sé que Theo no es más que un desgraciado, pero todo lo que afirmó parece ser cierto.
De cualquier forma, no tengo elección.
He hecho todo lo que he podido para arruinar esta boda, no quise tener dama de honor ni nada.
No es un día feliz para mí, sino uno de mucho dolor.
—Estoy tan orgullosa de verte casarte hoy —dijo mi nonna con los ojos anegados en lágrimas—.
Eres una joya, nunca lo olvides.
—No lo haré, nonna.
Me acerqué a ella con mi hermoso y elegante vestido de novia blanco y la rodeé con mis brazos.
Ella ha sido mi fuente de consuelo desde que mi mamá nos abandonó a mi papá y a mí.
—Muchas gracias por estar presente a lo largo de mi vida.
Aunque desearía que me vieras casarme con alguien a quien de verdad amo.
Sonrió y secó las lágrimas que amenazaban con derramarse por mis mejillas.
—No llores, eres demasiado hermosa para hacerlo hoy.
Dale una oportunidad a esto, sé que no es el cuento de hadas que esperábamos para ti, pero se puede solucionar, ¿de acuerdo?
Se me encogió el corazón al darme cuenta de que estaba atrapada con este hombre, probablemente por el resto de mi vida.
Apenas presté atención a sus palabras y me aferré a ella una vez más.
Un fuerte golpe en la puerta nos separó y ambas nos quedamos mirándola.
—Pase —dije después de aclararme la garganta.
Mi padre entró en la habitación con esa mirada severa en su rostro a la que ya me he acostumbrado.
Deliberadamente no acusé su presencia y me limité a mirarlo fijamente porque me sentía muy traicionada.
—Sabes, por una vez me has enorgullecido un poco.
Pensé que intentarías huir, pero me sorprendes.
Ni siquiera has montado un escándalo.
Transferiré algo de dinero a tu cuenta privada después de la boda.
—No quiero tu dinero, quédatelo.
Ya me has vendido, déjame en paz.
—Charles, tienes que dejar de forzar la situación o perderás a tu hija y no la recuperarás jamás.
Es todo lo que tienes —mencionó la nonna a mi lado.
Puso los ojos en blanco como si yo solo estuviera siendo dramática.
—Lo enviaré.
Si sabes lo que te conviene, no seas dramática en la boda.
Conozco a la gente como tú y la he hecho bastante íntima, así que no me avergüences.
No dije nada, simplemente lo ignoré por completo.
—También escuché tu conversación con ese bueno para nada de tu exnovio —me acusó mi padre con una expresión de fastidio en el rostro.
Mi cabeza se giró hacia él en segundos, con los ojos como platos.
—¿Cómo…?
¿Cómo te enteraste?
Puso los ojos en blanco.
—¿Crees que soy estúpido?
Escucho cada llamada que haces porque estaba segurísimo de que intentarías huir.
—Eso es meterte en mi vida privada.
Está muy mal, papá —grité a pleno pulmón.
—Para empezar, señorita, no tienes derecho a hablarme de esa manera.
En segundo lugar, eres una idiota bastante crédula que se cree todo lo que le dicen.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Es fácil hacerte creer cosas, aunque no sean verdad.
—Todo el mundo dice que este hombre es peligroso menos tú, papá.
No estoy ciega, he oído las historias y las acusaciones.
Las he visto en publicaciones de blogs de noticias desde que me hablaste de él.
—Es lo suficientemente bueno para ti, ¿sabes?
Te mantendrá a raya y no permitirá que sigas como has estado conmigo.
—¿Y de qué manera es esa?
—Como una mocosa que no afronta ninguna consecuencia cuando hace algo mal.
—¡Papá!
¿Cómo puedes decir algo así?
—No tengo tiempo para tus tonterías.
Ahora que te vas a casar, tienes que dejar de darles bola a cierto tipo de personas.
¿No fue suficiente lo que te hizo en la universidad?
Aléjate de él, esta será la última vez que te lo advierta.
Me lanzó una última mirada y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Se me llenaron los ojos de lágrimas y luché con todas mis fuerzas para no arruinarme el maquillaje.
La puerta se abrió de golpe y Rosalyn entró con su bonito vestido color melocotón.
Tenía una gran sonrisa en los labios hasta que vio mi cara y frunció el ceño.
—¿Qué pasa, El?
—Me tomó la cara entre las manos y puso una expresión de preocupación.
—Estoy tan abrumada… No puedo creer que este día haya llegado.
Estoy cagada de miedo, hay tantas incertidumbres.
Me atrajo hacia ella y me frotó la espalda con suavidad, como si fuera de cristal frágil.
—Estaré contigo en cada paso del camino, ¿de acuerdo?
—Gracias, amiga.
La atraje hacia mí para darle un fuerte abrazo.
—Bueno, todo el mundo está sentado en el jardín, te estamos esperando —sonrió y señaló hacia la puerta.
—De acuerdo, vamos.
Me acerqué a la nonna, le di un beso en la mejilla y luego salí con Rosalyn siguiéndome.
—Están pasando muchas cosas, pero sé que superarás esto sin problemas —musitó Rosalyn a mi lado.
Pronto llegamos al jardín; todo era precioso.
Me mantuve al margen de todos los preparativos intencionadamente porque, de todos modos, esto nunca fue mi elección.
Mi padre apareció a mi lado y me tomó del brazo, llevándome hacia mi «perdición».
Levanté la cabeza y observé a Ryan, que ya estaba de pie junto al sacerdote; se veía muy guapo.
Llevaba un traje color café y el pelo peinado pulcramente hacia atrás.
Si no fuera tan arrogante y grosero, lo habría encontrado más atractivo.
«¡Ya estás babeando!», me juzgó mi conciencia.
Puse los ojos en blanco mientras nos acercábamos a él y pronto el sacerdote comenzó a hablar.
—Si alguien tiene alguna objeción para que estos dos se casen, que hable ahora o calle para siempre.
Hubo un silencio sepulcral antes de que una aguda voz femenina irrumpiera entre la multitud.
—¡Me opongo!
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