La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 128
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128: Capítulo 128 128: Capítulo 128 POV de Rita
Yuri se ha convertido en un cliente habitual del restaurante.
Viene con sus hombres y no me quita los ojos de encima.
He querido aprovecharme de él y salir con él para acercarme a Rocco, pero al mismo tiempo me siento muy mal por ello.
—¿Qué les gustaría comer, señores?
—Me acerqué a su mesa y saqué mi libreta.
—Quiero que tengamos una cita.
¿Qué te parece?
—me preguntó Yuri con una sonrisa socarrona.
—Estoy trabajando ahora mismo, Señor.
—Llámame Yuri, no Señor.
No pareció nada contento.
—¿Y después del horario de trabajo?
—No tengo permitido salir con clientes.
Va en contra de las reglas.
—Le preguntaré a tu jefa.
¿Quieres que lo haga?
Sabía que era solo una excusa, así que solté un suspiro.
—No creo que sea apropiado.
—Eso no es un problema.
Conozcámonos.
Te esperaré aquí hasta que termines de trabajar.
—Ya ha terminado por hoy, puedes invitarla a salir —dijo mi jefa y me quitó la libreta.
No esperaba que estuviera aquí.
—Gracias, Señora.
Me aseguraré de traerla de vuelta de una pieza.
—Te lo agradecería.
Ya hablaremos luego.
Necesita un respiro, sobre todo después de la pérdida de su amiga.
—Me guiñó un ojo y me empujó hacia él.
Todos sus hombres se levantaron y se fueron.
—Supongo que tenemos todo el día para nosotros.
Estoy muy contento por ello.
Ahora podré conocerte mejor.
—Se levantó y me ofreció el brazo.
No tuve más remedio que cogerlo.
Salimos y fuimos hacia un elegante coche rojo; me abrió la puerta.
—Primero te llevaré de compras y luego iremos a comer.
Condujo hasta una tienda Chanel y entramos.
Por la forma en que nos recibieron, parecía que era un cliente habitual.
—¿En qué podemos ayudarles, Señor?
—preguntó una de las dependientas.
—Hemos venido a buscar un vestido para mi cita —mencionó él, y ella asintió.
—Venga conmigo, Señora.
—Me hizo un gesto para que la siguiera.
Me probé varios vestidos y pronto elegimos el adecuado.
Era un vestido rojo que se ceñía a mis curvas y tenía una abertura en la pierna.
—Este es el elegido —aplaudió ella con regocijo.
Me miré en el espejo y di una vuelta.
Me encanta.
Luego me dio un bolso y unos tacones a juego.
Fui hacia la caja y él estaba con el móvil.
Levantó la vista cuando me acerqué y se quedó con la boca abierta.
—Cierra la boca, que no te entren moscas —bromeé, y todos nos reímos.
Le dio su tarjeta a la dependienta y ella se encargó del resto.
Salimos de allí conmigo llevando el vestido puesto y mi ropa en una bolsa.
—Ahora, conozco un buen restaurante donde podemos ir a disfrutar.
—Cuéntame algo más sobre ti.
—Llegamos al coche y salió de la entrada.
—Soy una inmigrante y mis padres fueron deportados.
Tuve que buscarme la vida en las calles de Nueva York.
Me alegro de haber podido sobrevivir, al menos.
—Lo siento mucho.
¿Sigues en contacto con ellos?
—Voy a estar bien, no lo sientas.
Sí, hablamos mucho.
Pueden vivir bien en nuestro país de origen.
Me alegro de poder cuidar de ellos.
—Yo también me alegro de oír eso.
Pronto llegamos al restaurante y entramos cogidos de la mano.
Dijo que teníamos una reserva y nos dieron una mesa.
Me apartó una silla para que me sentara.
—Ahora háblame de ti, Rita.
Quiero saber más de ti.
Le dimos nuestro pedido a una camarera y nos dijo que saldría pronto.
—Solo soy una chica que acabó en la calle, que se hizo amiga de una chica encantadora que era mi mejor amiga y que murió hace un tiempo.
Ambas tuvimos la suerte de conseguir un trabajo en el restaurante.
Al menos, pagan bien.
—Estoy muy impresionado contigo.
La mayoría de las chicas en tu situación no hacen lo que tú haces.
—No soy mejor que nadie.
Solo tuve suerte, pero me alegro de que las cosas salieran bien.
Vi que su atención se desvió hacia algo detrás de mí y no parecía contento.
—¿Estás bien?
—le pregunté y, antes de que pudiera decir una palabra, oí un taconeo a mi espalda.
—Vaya, vaya, vaya.
Parece que Yuri ha encontrado a una jovencita bonita.
—Alcé la vista hacia la voz y vi a una mujer de mediana edad.
Era extremadamente guapa para su edad.
—¿Qué quieres?
—le preguntó Yuri, claramente incómodo.
—Solo quería saludar.
Tenía una sonrisa que no parecía muy amable.
—Soy Yolanda, ¿y tú?
—me preguntó con una sonrisa extraña.
No pronuncié ni una palabra.
No sé quién es y no parece una persona sincera.
Se rio en mi cara.
—Sí que las eliges bien, es muy maleducada.
¿Por qué no responde a mi pregunta y ya?
—No te debe ninguna respuesta, Yolanda.
Por favor, vuelve a tu mesa.
—No tienes ni idea de quién es, ¿verdad?
Si la tuvieras, no creo que siguieras con él —me dijo en un tono severo—.
Él no te pertenece a ti ni a nadie más que a mí, jovencita.
Aléjate de él —advirtió y se fue de inmediato.
—¿Quién es ella?
—Alguien a quien le gusto, pero ella a mí no.
Siempre me ha deseado, pero no ha sido mutuo.
—Pues parece bastante posesiva contigo.
¿Estás seguro de que no es nada serio?
No te juzgaré, ya lo sabes.
Solo dímelo.
—Ella no me gusta y eso es lo más importante.
No es nada para mí —insistió, y dejé el tema para no arruinar la cita.
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