La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 28
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28: Capítulo 28 28: Capítulo 28 POV de Elena
Miré a Ryan, esperando que dijera que todo era mentira.
Su cara era la de un completo culpable.
Volví a mirar a Zoe y ella sonrió con aire de suficiencia, cruzando las manos.
—No deberías haber venido aquí.
Sé que estás mintiendo sobre esto, no estás embarazada de mí —se apresuró a decir, dirigiéndose a Zoe.
Ella se encogió de hombros y sacó el móvil de su bolso de mano.
Luego, se puso a navegar por él.
—Puede que quieras mentirle a tu esposa, pero yo tengo pruebas de que tuvimos un lío de una noche.
Su mandíbula se tensó con irritación y murmuró algo entre dientes.
—Nunca dije que no lo hiciéramos, solo sé que no estás embarazada de mí.
Ve a buscar al verdadero padre.
Ella sonrió y guardó el móvil de nuevo en el bolso.
Yo no podía ni pronunciar una palabra; sin darme cuenta, las lágrimas corrían por mi cara.
—Bueno, me alegro de que no seas un cobarde, porque tengo algunas fotos de esa mañana.
—Sabías que estaba casada con él.
¿Por qué has hecho esto?
Eres mi prima —grité con rabia.
Su comportamiento demostraba que había sido intencionado.
Ella puso los ojos en blanco.
—Estás exagerando, prima.
Desde que éramos niñas, a ti siempre te han visto como la niña de oro, pero yo soy mejor en todos los sentidos.
Y bueno, ahora tengo a tu hombre y he podido darle lo que tú no.
Miré a Ryan, pensando que diría algo, pero no pronunció ni una palabra.
Con la poca dignidad que me quedaba, me fui a mi habitación.
Me apoyé en la puerta y rompí a llorar con fuerza.
Me temblaban los hombros y apenas podía respirar.
Pensé que podríamos arreglar las cosas.
Desde que empezó con su ley del hielo, siempre había anhelado su atención y echado de menos hasta nuestras peleas.
No sabía con quién hablar, me sentía tan sola…
Y no me apetecía llamar a mi tía.
Aunque ella no lo sabe, su hija se ha quedado embarazada de mi marido.
La abuela Anita sin duda sabría qué debo hacer.
Siento que quiero dejar este matrimonio, es demasiado.
Papá puede quedarse con todo el dinero, no me importa.
Cogí el móvil de la mesita de noche y marqué su número.
Respondió al tercer tono.
—¿Cómo estás, mi conejita?
—Su voz jovial me alegró muchísimo.
—Estoy bien, Nonna.
¿Y tú?
—se me quebró la voz a intervalos.
—Te conozco, algo va mal, sin duda.
¿Qué ha pasado?
Eso fue todo lo que necesité para derrumbarme.
—Nonna, ya no lo soporto más.
Estoy tan cansada de todo esto.
Dejó embarazada a otra después de un lío de una noche.
Jadeó, conmocionada.
—¿Qué?
¿Cómo se atreve a hacer eso?
—¿Adivina quién?
—Espera, ¿sabes quién es?
—Sí, es Zoe.
La hija de la tía Maria, que llevaba tanto tiempo sin contactar con nadie.
Ni siquiera parecía arrepentida.
—¡Qué!
Siempre he odiado a esa pequeña mocosa.
Tú siempre fuiste paciente con ella, pero yo no.
Te metió en un montón de problemas con tu papá y nunca se lo contaste.
—Nonna, todo eso es pasado.
No sé ni qué decir.
Estoy agotada de tanto estrés.
Creo que iré a casa el fin de semana, al menos para despejarme.
—Voy para allá, ¿vale?
Prepara algunas cosas.
—Vale, Nonna.
Te espero con ansias.
Saqué una bolsa pequeña del cajón y cogí algo de ropa para el fin de semana.
Sé que a mi papá no le gustará, pero necesito descansar de todo esto.
Me senté en la cama a esperar y, al cabo de unos veinte minutos, una llamada me sacó de mis pensamientos.
Era Nonna, y sonreí porque sabía que siempre me cubría las espaldas.
Cogí la llamada y me pidió que saliera.
Cogí rápidamente el móvil, el bolso y la bolsa y salí.
Cuando llegué a la puerta que daba al exterior, su voz de barítono me detuvo en seco.
—¿Adónde vas?
—sus pasos se acercaron a mí.
—A casa de mi papá.
Necesito alejarme de este lugar al menos durante el fin de semana.
Soltó una risa sombría.
—Como quieras, es lo único que sabes hacer.
Siempre corriendo hacia papá a la menor inconveniencia.
Te protegió demasiado.
Sus palabras dolieron mucho más de lo que puedo admitir.
—Hizo su trabajo como padre, me protegió.
Tú tenías un solo trabajo y fallaste estrepitosamente.
—¿Y cuál era?
—Proteger a tu mujer.
Lo dejé plantado y fui directa hacia la verja.
Vi a George y me aseguré de saludarlo.
Una vez fuera, vi uno de los numerosos coches de mi papá aparcado al final de la calle.
Sintiéndome mucho mejor, caminé hacia el coche y Nonna salió y me rodeó con sus brazos.
—Mi pequeña está pasando por mucho.
No estoy nada contenta con esto.
Ven, he preparado un poco de sopa de pollo, justo como siempre te ha gustado.
—Vale, Nonna.
Ella subió al asiento trasero y yo la seguí.
Miré el asiento del copiloto y, sorprendentemente, mi padre estaba conduciendo.
Se me heló la sangre.
—¿Qué haces aquí, papá?
—No pareces muy entusiasmada de tenerme aquí.
Aunque no me sorprende, tu Nonna me lo contó todo y pensé en seguirla hasta aquí.
Era tan difícil de creer por lo duro que siempre había sido conmigo.
Me limité a asentir y él arrancó.
Pronto llegamos a la casa y aparcó el coche.
Me levanté con mi mochila y seguí a Nonna hacia el interior de la casa.
Una figura menuda corrió hacia mí y me abrazó con fuerza.
—Mi niña, siento mucho lo que ha pasado.
Nunca pensé que mi propia hija te haría daño de esa manera —dijo la tía Maria mientras me abrazaba.
—No puedo decir que esté bien, pero no es culpa tuya.
Me di cuenta de que Nonna ponía los ojos en blanco al ver a mi tía y se marchaba.
—¿Estáis bien las dos?
—le pregunté a mi tía.
—No le hagas caso a la criada —respondió ella, y no me gustó el tono despectivo que usó con mi Nonna.
—No la llames así —dije, y ella me lanzó una mirada asesina.
—Siempre la has preferido a ella antes que a tu propia sangre.
En fin, me voy a mi cuarto en lugar de quedarme aquí.
Se dio la vuelta y me dejó sola.
Subí por las escaleras y fui a mi habitación en la mansión.
Dejé la bolsa y me tumbé en la cama.
Al poco, recordé que Nonna me había prometido sopa de pollo.
Salté de la cama y bajé corriendo las escaleras.
Estaba casi segura de que estaría en la cocina, su lugar favorito.
Pasé por el comedor para coger una botella de agua y luego fui a la cocina.
Tardé unos minutos en llegar y la escena que me encontré hizo que la botella se me cayera de las manos.
Mi papá se estaba besando apasionadamente con Nonna.
¿Qué demonios está pasando?
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