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La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 30

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30: Capítulo 30 30: Capítulo 30 POV de La Víbora
—Creo que hay problemas en el paraíso.

Elena ha dejado la casa de Ryan y se ha ido a la de su padre.

Parecería que la mujer que infiltramos sabía exactamente qué hacer.

Ahora va a tener un bebé suyo, mucho mejor que mi plan inicial —le dije a mi madre, que sonrió ante las nuevas mejoras de nuestro plan.

—Tenemos que romper sus relaciones con gente estratégica para que se quede solo y sea un blanco fácil —dijo ella, con una sonrisa taimada en su rostro.

—Ya estoy en ello para que nadie nos vea venir.

—¡Dónde está ese canalla inútil!

—La irritante voz de Monalisa resonó desde fuera de la casa.

Puse los ojos en blanco mientras mi madre miraba confundida ante el exabrupto.

Uno de mis hombres entró por la puerta y me susurró al oído que Monalisa quería entrar, pero que la habían detenido porque no estaba en sus cabales.

—Déjala entrar.

—Le resté importancia con un gesto.

Sabía que no estaría muy contenta con el nuevo giro de los acontecimientos.

El taconeo de sus zapatos sonaba cada vez más cerca.

—¡No eres más que un mentiroso!

—escupió incluso antes de llegar hasta mí.

—¿Por qué dices eso?

—Me hice el tonto ante su berrinche.

—Sabías que necesitabas a una mujer para endilgarle un embarazo a Ryan y, en lugar de decírmelo a mí para que pudiera hacerlo realidad, usaste a otra.

—Lanzó las manos al aire con frustración.

—Sí, y eso es porque tú no serías capaz de lograrlo.

—¿Cómo te atreves?

¿Me estás llamando poco atractiva?

—No, no lo hago.

Ese hombre te detesta, ¿no lo entiendes?

Nunca habría podido tener nada contigo.

La cuestión es que cayó en la trampa y nos facilitó todo.

—Eres tan egoísta que solo piensas en ti.

Yo lo quiero a él, no solo el dinero.

Tú quieres destruirlo, pero yo lo quiero a él.

—Lo que quieres hacer de él es una parte dañada de sí mismo, no su yo habitual.

Deja de comportarte como si fueras una santa.

—Eso no es asunto tuyo.

Deberías ocuparte de tus asuntos y limitarte a cumplir tu parte del trato.

—Seguía de pie y se había negado a tomar asiento.

—Me hablarás con respeto.

Yo estoy aquí, moviendo los hilos necesarios entre bastidores, mientras tú sigues jugando como una niña.

—Lamento haber aceptado trabajar contigo.

—Pues qué lástima.

Porque firmaste un contrato y seguiremos trabajando juntos, o perderás toda la fortuna de tu familia.

—No te atreverías.

—Mira cómo te hago pedazos.

Me lanzó una mirada de resentimiento.

—¿Ya te lo he dado todo?

Mi cuerpo, mis hombres, mi información…

He hecho sacrificios por esta causa, ¿y tú simplemente me desechas así?

—No te estoy desechando, pero no puedes abandonarme sin más.

Estamos atrapados el uno con el otro.

—¡Te detesto!

—Se dio la vuelta para marcharse, pero corrí hacia ella, la sujeté por la cintura y la hice girar.

—Me perteneces, Monalisa.

Tu cuerpo y todo lo demás.

—Pasé mis manos por su cuerpo y ella se derritió al instante.

Tenía una mirada sugerente en el rostro.

—Eso ha sido muy sexi.

Apreté mis labios firmemente contra los suyos y la aprisioné contra la pared.

Ella me rodeó el cuello con los brazos y yo puse mis manos en su muslo, atrayéndola hacia mí.

Mi autocontrol estaba a punto de quebrarse cuando una tos me hizo apartarla lentamente, con los labios hinchados.

—Deberían buscarse una habitación y no contaminarme la vista —nos dijo mi mamá a ambos.

—Dame un respiro, mamá.

Esto no es nada comparado con lo que tú has hecho.

—No significa que quiera verte enrollarte con tu amante.

—Se marchó, con cara de pocos amigos.

Sé que odia a Monalisa y quiere deshacerse de ella.

—No le caigo muy bien —dijo Monalisa, reprimiendo una risita.

Mi madre lo había dejado bastante claro.

—Es que eres difícil de querer.

Mira el berrinche que acabas de montar.

—No me importa nada de eso.

Lo único que quiero es poder, no que me quieran.

—Llevemos esto a mi habitación.

Necesito liberarme un poco de todo este estrés.

Se rio de mi picardía, la tomé en brazos y la subí por las escaleras.

Iba a ser una noche larga.

***
Gruñí y me desperté por los rayos de sol que daban en mi cama.

La noche anterior fue corta pero gloriosa, Monalisa sabe justo lo que necesito.

Miré a mi lado y ya no estaba.

Su aroma persistía suavemente; los recuerdos de nuestro encuentro de anoche me encendieron la sangre.

Cogí el teléfono y la llamé.

—¿Te fuiste muy temprano, por qué?

—Dame un respiro, Viper.

Solo estás conmigo por lo que puedes obtener de mí y nada más.

—¿No es mutuo?

Tú tampoco me quieres a mí, sino por la utilidad que pueda tener para ti.

—Tengo trabajo, ¿recuerdas?

Que tengas un buen día, Viper —dijo antes de colgar.

Unos golpes en la puerta me hicieron gruñir ante el comienzo de un nuevo día.

—¿Qué pasa?

—Jefe, Rocco está aquí y quiere hablar con usted.

Dice que es urgente.

—Bien, ya bajo.

Me preparé y bajé a verlo.

Llevaba un traje gris y estaba en mi sala de estar.

—Me alegro de que por fin hayas terminado, tengo una reunión pronto.

—Su voz ronca resonó en la habitación.

Me acerqué y me senté justo frente a él.

—¿A qué debo esta visita?

—Estoy aquí porque alguien ha estado deshaciéndose de mis hombres y también de los tuyos.

—No he perdido a ningún hombre.

—Sí los has perdido.

Ve a revisar tus almacenes.

Una fuente no identificada me envió un video y en él se veían nuestros dos almacenes infiltrados y nuestros hombres asesinados.

Cogí el teléfono e hice una llamada directamente al almacén, pero la llamada no entraba.

Eso no pasa nunca.

Llamé a uno de mis hombres.

—Llévate a otros dieciséis contigo y ve a revisar nuestros dos almacenes.

No he podido contactar con ellos.

—Enseguida, Jefe.

—Corté la llamada.

—Parece que no me crees.

Esperaré e incluso llegaré tarde a mi reunión para que puedas verlo por ti mismo.

Permanecimos en silencio durante unos quince minutos, hasta que entró una llamada en mi teléfono.

—Jefe, están todos muertos y las cámaras del CCTV con el disco duro han desaparecido.

Ha sido un trabajo limpio.

Corté la llamada y lo miré fijamente.

—¿Quién ha hecho esto?

—pregunté.

La ira hervía en mis venas.

Esto no es bueno para mí en este momento, necesito todo mi poder para conquistar a Ryan.

—Ese es el problema.

No tengo ni idea.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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