La Esposa por Contrato del CEO Implacable - Capítulo 34
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34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 POV de Elena
Pegué la oreja a la puerta y oí cómo Ryan amenazaba a Zoe.
Ni siquiera sé por qué me alegró un poco que ella no le interesara.
«Sientes algo por este hombre, ¡está buenísimo!», susurró una voz en mi cabeza.
«No, no es para tanto».
Sonreí para mis adentros y volví a la cama.
Oí el cliqueo de sus tacones desaparecer.
Cogí el móvil y llamé a mi Nonna.
Tenía que decirle que había llegado sana y salva.
Respondió cuando la llamada estaba a punto de terminar.
—Hola, Nonna.
—Hola, cariño, ¿cómo estás?
—su voz sonaba un poco distraída, y eso no era propio de ella.
—Estoy bien, ya te echo de menos.
Llegué a casa sana y salva, pero Zoe sigue aquí.
—¿Espera, qué?
¿Dejó que se quedara?
—Sí, supongo.
Lo amenazó con contárselo todo a la prensa y eso es muy malo para el negocio.
—Lo siento mucho, cariño, ojalá pudiera hacer algo para quitarte todo esto de encima.
No me gusta verte así.
—Estaré bien, Nonna.
Definitivamente saldré adelante.
He decidido mantenerme lo más lejos posible de ella, es una mala influencia.
—Vale, ¿le dijiste a tu padre que te ibas?
—No, no lo hice.
No le gustó cómo te hablé.
No creo que quiera hablar conmigo.
—No tienes ni idea de lo mucho que te quiere ese hombre.
Puede que no sepa cómo demostrarlo, pero significas más para él que cualquier otra cosa.
—Me cuesta creerlo.
—Ya lo entenderás todo con el tiempo.
Ahora dime, cielo, ¿ha intentado tu mamá ponerse en contacto contigo?
—No, no lo ha hecho.
¿Pasa algo?
—No, en absoluto.
Solo es curiosidad por lo que hizo durante la boda.
—No creo que tenga el valor de contactarme.
Ya me ha causado demasiado dolor.
—Siento mucho que esté pasando todo esto, cariño.
Nonna tiene que colgar ya, ¿vale?
Te llamaré en cuanto pueda.
—Vale, te quiero.
—Yo te quiero más, cariño.
La llamada terminó poco después y me tumbé en la cama a cotillear el móvil.
Al cabo de un rato, me rugieron las tripas y dejé el móvil para ir a buscar algo de comer.
Cerré la puerta de mi cuarto, bajé a la cocina y, para mi sorpresa, vi a Tatiana sentada en una silla con las manos vendadas.
Ahogué un grito y corrí hacia ella.
—¿Qué te ha pasado?
—Nada, señora —contestó sin levantar la vista del suelo, y eso no me gustó nada.
—Hace un momento estábamos juntas y parecías estar perfectamente.
¿Quién te ha hecho esto?
¿Ha sido Ryan?
—gruñí, y ya me disponía a volver para cantarle las cuarenta cuando me sujetó del brazo.
—No, señora, el jefe nunca me ha hecho daño físicamente.
Él nunca haría algo así.
—Solo queda una persona que podría ser tan ruin.
¿Ha sido Zoe?
Se quedó callada y se puso a jugar con el vendaje de sus manos.
—Ahora mismo vuelvo, ¿vale?
—Fui al salón y no la encontré hasta que salí fuera.
Estaba hablando por teléfono y no pareció oírme llegar.
—El ambiente en la casa se está poniendo muy tenso.
No sé si puedo seguir así —susurró al teléfono.
No pude distinguir lo que decían al otro lado de la línea, pero ella parecía auténticamente muerta de miedo.
—¿Estás sordo o qué?
Yo no me apunté a esto.
Sin querer, pisé una hoja, y ella colgó rápidamente la llamada con cara de susto.
Cuando vio que era yo, frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—No sabía que fueras de las que escuchan a escondidas las conversaciones de los demás.
—No tengo tiempo para eso.
No es culpa mía que estuvieras demasiado ocupada como para darte cuenta de que estaba justo detrás de ti.
—¿Qué quieres, Elena?
—¿Se puede ser más ruin?
Parecía confundida.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Has herido a Tatiana hasta el punto de que ha tenido que vendarse las manos.
—Eso no es asunto tuyo, y bien por ella.
¿Cómo se atreve a ir por ahí hablando de mí?
No es más que una criada.
—¡Y tú no eres más que una stripper!
Deja de armar jaleo innecesario por la casa.
Esta mansión era un lugar tranquilo hasta que llegaste tú.
—¿Te atreves a hablarme de esa manera?
—Sí.
No me importa que seas cruel conmigo, pero no te acerques a nadie más de por aquí.
No seré indulgente contigo.
Soltó una risita y se tapó la boca.
—Se comporta como si fuera la dueña del lugar, pero ni siquiera puede darle un heredero.
Lo que dijo fue como una flecha en mi pecho, pero compuse mi expresión.
—Esperemos que el bebé que llevas en la barriga sea siquiera suyo.
Se quedó con la boca abierta por la sorpresa, y yo salí de allí y volví a la cocina.
—Por favor, tómate el día libre, lo necesitas.
Yo prepararé la cena para él.
No estás en condiciones de hacer esto.
De hecho, tómate tres días libres para que las heridas se curen bien.
Tatiana negó con la cabeza.
—Señora, no quiero perder mi trabajo y estas heridas son leves.
Puedo apañármelas.
—Insisto.
Si quieres, puedo ir a hablar con él para que no tengas ningún problema con tu trabajo.
Parecía escéptica, pero asintió levemente.
Sonreí y fui directa a la habitación de Ryan.
Llamé a la puerta y no hubo respuesta.
Volví a llamar, y siguió sin haber respuesta.
Me armé de valor, giré el pomo y abrí la puerta.
Entré en la habitación y miré a mi alrededor, pero no lo vi.
Entonces oí que la puerta de la izquierda se abría y Ryan salió mojado, con gotas de agua por toda la piel y una toalla ceñida a la cintura.
Se aclaró la garganta, lo que me hizo pensar con más claridad, y rápidamente me tapé los ojos con las manos.
—Parece que has disfrutado de las vistas, Elena.
—No me había dado cuenta de que se había acercado tanto a mí.
Intenté dar un paso atrás, pero me sujetó en el sitio.
—Yo… solo quería preguntar si Tatiana podía tomarse tres días libres.
—No tenías por qué venir a la habitación.
Podrías haber esperado a que saliera.
Seguí retrocediendo hasta que mi espalda chocó contra la pared.
—Yo… no estaba segura de cuándo saldrías.
—Me apartó las manos de los ojos y los cerré con fuerza.
Entonces, olisqueó mi cuello y me estremecí ligeramente.
Se supone que debía apartarlo, pero no fui capaz de hacerlo.
—O abres los ojos o te beso.
Abrí los ojos rápidamente y se rio de mi reacción.
Me apartó de él con la misma rapidez.
—Puede tomarse el permiso y la próxima vez no me molestes por cosas así.
Salí corriendo de la habitación con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
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