La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 189
- Inicio
- La Esposa por Contrato del Diablo CEO
- Capítulo 189 - Capítulo 189: Conejillo de Indias
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 189: Conejillo de Indias
Theo ha hecho cosas destacables que contribuyeron a Ciudad Medianoche, podría haber llegado más lejos si hubiera querido, pero nunca encontró al patrocinador adecuado y ahora todo se lo habían dado a ese cabrón.
Después de unos cuantos clics aquí y allá, encontré lo que buscaba.
El mejor trabajo de Mercer Systems hasta la fecha: el nanotransmisor.
Leí los titulares. Explicaban que originalmente se había creado para pacientes con TEPT a los que les costaba comunicarse bajo estrés.
Una sensación se asentó en mi interior. De repente, recordé cuando vino a verme al hospital y, en un momento que tuvimos, me contó que había tenido un accidente en el que casi pierde una pierna.
Me explicó que sufría estrés mental debido a su memoria fotográfica y que no dejaba de revivirlo una y otra vez.
Debió de hacer este proyecto para combatir eso, quizá no por él, sino por otros que tuvieran que lidiar con ello.
Una leve sonrisa asomó a mis labios. Puede que Theo tomara algunas malas decisiones que causaron su prematura muerte, pero creo que tenía su lado bueno y, tal vez si hubiera tenido la oportunidad, podría haber perfeccionado esto.
Ahora, Noah ha convertido su trabajo en un arma. Aquí decía que era un dispositivo programado. Mierda.
¿Significa esto que ni siquiera puedo escribir sobre él? Si lo programó de forma que no pueda contarlo o ni siquiera pensar en exponerlo, eso me pone contra la pared. Hice bien en investigar esto antes de intentar nada.
Cometería un error trágico. El precio de equivocarse era demasiado alto.
De todos modos, leí el resto del artículo.
Aunque estaba clínicamente aprobado, el proyecto estaba incompleto y fue suspendido.
¿Noah me había inyectado algo que no estaba completamente probado? ¡Ese puto loco hijo de…! Respiré hondo, pero estaba muy lejos de estar tranquila.
¡Era un puto conejillo de indias! ¡Jesús!
Me pasé una mano por el pelo, angustiada. ¡Uf! Ahora me preocupa caer redonda por esta mierda que corre por mi torrente sanguíneo o por donde sea.
De verdad que necesito ir a un hospital, pero no puedo hacerlo porque lo encontrarían, y eso sería lo mismo que exponer a Noah.
¡Uf!
Apoyé la nuca contra la pared y cerré los ojos brevemente. Tiene que haber una forma. Este proyecto estaba incompleto, ¿verdad? Lo que significa que podría encontrar algún tipo de escapatoria. Sabía que tenía que haber un fallo.
No soy un genio de la tecnología ni nada por el estilo, lo que significa que no tengo ni idea de algo así, pero tengo que pensar en una forma.
~☆~
Estaba preparando café cuando Tori entró en la cocina.
—Hola… —dije, llenando una taza y dejándola en la encimera.
—¿A qué hora te has despertado? —preguntó, dando un sorbo y soltando un gemido de gusto por el sabor.
Se lo preparé exactamente como a ella le gusta. No tan bueno como el de esas cafeterías, pero lo suficientemente bueno.
—No he dormido… —respondí.
Hizo una pausa y me miró a través de sus pestañas antes de dejar la taza. —¿No has dormido?
Forcé una sonrisa y asentí.
—Me siento como una mierda. Después de pasar por eso, dormí como un tronco.
—Te merecías ese descanso… —dije, cogiendo mi café.
—Pero eso no borra lo que pasó. No creo que pueda volver a salir de esta casa sin mirar por encima del hombro, asustada de que alguien vaya a secuestrarme.
Todo esto era culpa mía. Puede que yo estuviera atrapada, pero Tori también lo estaba, del mismo modo. Ya ni siquiera estaba segura de que estuviera a salvo en Ciudad Medianoche.
Sentí una punzada en el pecho. —Quizá podrías tomarte ese permiso, ya sabes…, uno muy largo.
Tori entrecerró los ojos y el dolor anubló su mirada. —¿Estás sugiriendo que me vaya de Ciudad Medianoche?
—Sí…, con la excusa de un permiso. Me aseguraría de que estuvieras protegida hasta que llegaras al aeropuerto y…
—¿Acaso eso es seguro?
Intenté hablar, pero ella se me adelantó.
—Aunque pudiera, no voy a dejarte sola en las garras de ese cabrón. No voy a dejarte, pase lo que pase.
Las lágrimas me escocieron en los ojos, pero no las dejé caer. —Solo era una ilusión, o quizá una esperanza. Es una estupidez, lo sé.
—Pues métete esa ilusión por el culo, Catherine Lane, y que sea la última vez que te oigo decir eso. Y si crees que aprovecharía una oportunidad así, es que no me conoces. Estoy contigo a muerte.
Me reí entre dientes y ella se acercó, tomándome la mano.
—Ya es bastante difícil para nosotras… lo que yo he pasado… —su voz flaqueó al revivir el recuerdo—. Lo que tú has pasado, aunque no lo sepa, pero siento que algo ocurrió. Algo que no puedes contar.
Bajé la mirada, incapaz de mirarla a los ojos.
—Lo siento… —Fue todo lo que pude decir, y me sentí patética.
No era como quedarse sin palabras o estar paralizada.
—Cat… —dijo en voz baja, atrayendo mi atención—. No entiendo por qué no dices quién ha hecho esto, ni a nadie, pero espero que tengas una jodida razón de peso para ello. —Me apretó la mano con más fuerza y yo levanté la mirada.
—Solo quiero que sepas que, pase lo que pase, siempre estaré a tu lado. Sé que a veces reacciono de forma exagerada, como cuando me enteré del contrato con el diablo.
Hice una mueca de desdén, y ella también.
—Solo actué así porque estaba preocupada. Hasta el día de hoy, me odio por haberte abandonado de esa manera. Debería haberte cogido de la mano y haberte dicho que, pasara lo que pasara, todo iba a salir bien. —Le tembló el labio inferior y, de repente, se echó a llorar.
—Estoy aquí…
—L-lo sé… —dije con voz ahogada.
Los golpes apresurados contra la puerta nos hicieron sobresaltar.
—¿E-esperas a alguien? —pregunté en un susurro.
—¡No! —respondió Tori, asustada.
Los golpes eran continuos, casi como si alguien estuviera intentando entrar a la fuerza.
—Quédate aquí.
—¡Cat! —siseó.
Cogí un cuchillo de cocina por el camino.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com