La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 195
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Capítulo 195: Diamante en apuros
Intenté quitármelo de encima, pero me metió la lengua en la boca y, de forma asquerosa, lo convirtió en un beso que a él le hizo la boca agua. Al instante siguiente, se apartó de mí, respirando agitadamente y lamiéndose los labios, observándome como si quisiera saborearme de nuevo.
Ni siquiera puedo gritarle por haberme metido la boca. Pero hice algo mejor.
¡Zas!
—Te dije que no me gusta que hagas eso en público. Nunca escuchas, ¿verdad?
Noah se volvió hacia mí, cabreado, pero yo miré a James y monté mi mejor numerito para evitar su ira.
Ladeé la cadera y apoyé la mano en ella. —Así que… eres el famoso James Shaw. Mi cariño me lo ha contado todo sobre ti. Eres bastante famoso y poderoso.
Una lenta sonrisa ladina se dibujó en los labios de James. —¿Puedo tener el honor de saber su nombre?
Aparté la silla. Los ojos de James estaban clavados en mis pechos mientras yo hundía el trasero en el asiento y cruzaba las piernas.
—Diamante.
—Diamante… —saboreó James el nombre en sus labios—. ¿Y cuánto tiempo llevas con este… —le dedicó una mirada a Noah—… despojo? Alguien de tu calibre no va con eso.
—Razón de más para estar con él. Es perfecto para mí.
¡Puaj! ¡Quiero vomitar!
Noah se aclaró la garganta y se sentó. —¿Ves? Por eso no la saco mucho.
—Por favor, señor Voss… le sugiero que no vuelva a hacer eso. A este Diamante no se le debería ocultar, sino permitirle que brille con luz propia. —Extendió la mano.
Observé su mano antes de darle la mía, y él presionó los labios contra ella.
—Sabes deliciosa —dijo, reclinándose, sin soltarme la mano—. No puedo creer que Noah te haya tenido solo para él todo este tiempo.
—Por eso le digo que me deje salir más. No aprecia esta mercancía.
—Desde luego… —respondió, divertido, acariciándome la palma de la mano.
¡Por favor, para!
—Permíteme hacerte una oferta.
Ladeé la cabeza, interrogante.
—Sé mía y te daré la vida de una reina.
Esbocé una sonrisa nerviosa y conseguí apartar mi mano.
—¿Qué te parece, Diamante?
—Sigo aquí… —dijo Noah con irritación—. Le estás tirando los tejos a mi chica y eso es una falta de respeto.
—Si querías respeto, haber ido a otra parte.
Resoplé y sus miradas se clavaron en mí. ¡Ups! Lo siento, pero en realidad no.
—Te lo dije, cariño, tendríamos que haber traído la artillería pesada.
—Tiene razón… —comentó James, guiñándome un ojo antes de dirigir su atención a Noah—. Nunca has sido un chapucero. ¿Qué te ha pasado?
—Ares King… —respondió él con malicia en el tono.
Me removí, incómoda, en el asiento.
—Me lo quitó todo, y solo va a quitar más.
—Te opusiste a él… —dijo James, cogiendo las cartas de la mesa y barajándolas.
—Solo porque le arrancó la lengua a mi padre… —Noah frunció el ceño—. Por una mujer.
—Ah… —masculló James—. La famosa señora King. Todo el hampa habla de ella.
«¿De verdad?», pensé.
—Corren rumores de que solo es una amante para que él se desfogue.
Auch.
—Pero conozco a Ares King. Nunca antes se ha dejado ver en público con una mujer… —dijo mientras señalaba a Noah—. Ella significa algo.
Fijé la mirada mientras una sensación me invadía. «¿Yo… de verdad?», pensé.
—Yo también lo creo… —convino Noah, con una sonrisa ladina—. ¿Y si te dijera que la tengo?
Sentí un vuelco en el estómago.
James dejó de barajar al instante, clavándole a Noah una mirada aún más fría. —Mientes…
—Pero he captado tu atención. Lo que significa que por un momento me has creído… —Noah chasqueó los dedos, y sus hombres trajeron la bolsa de lona y la dejaron caer sobre la mesa.
James bufó con desdén. —¿Y qué es esto…?
—Dinero…
—Mira a tu alrededor, Voss. ¿Te parece que necesito una bolsa de dinero?
—Pero sé que eres un hombre que quiere hasta el último céntimo. Sea tuyo o no…
James observó el dinero y luego volvió a mirar a Noah, reclinándose en su asiento. —Adelante.
—Hay mucho más de donde ha salido esto… Quiero que acabes con Ares King. Tú tienes la red para hacerlo y yo tengo los dispositivos; como ya sabes, soy el nuevo propietario de sistemas Mercer. Cuando lo ataquemos, lo haremos con fuerza. Con más fuerza de la que hayas usado nunca. Podrías hacerte famoso, y tú… James Shaw podría ser el próximo Don.
Intenté calmarme para dejar de temblar. Por supuesto, sabía que iba a hacer algo para hundir a Ares, pero ¿acabar con él? Eso sonaba mucho más grave.
Noah quiere empezar otra guerra.
James soltó una carcajada. Incluso los hombres que estaban detrás de él parecían divertidos.
—Noah Voss… cuando has venido, no te han registrado para ver si llevabas armas, ni se les ha pedido a tus hombres que se retiren.
Noah parpadeó, preguntándose a dónde quería llegar. —¿No?
—Así es. Mi casino… —Abrió los brazos—. Nunca ha estado bajo amenaza, ni lo estará jamás. Nadie se atreve a venir aquí a sembrar el caos; no lograrían ni pasar de la entrada. He ganado mucho más de lo que tu padre ha visto en su vida, y ganaré más y más. Nada va a detener eso, ni el mismísimo diablo.
Cabrón engreído. Sonaba omnipotente, como un Dios.
—No te considero ni una amenaza ni un socio. Estás por debajo de mí.
Eso ha tenido que doler.
Miré a Noah con la esperanza de ver su rabia, pero lo encontré con aire de suficiencia.
Mientras James volvía a barajar, Noah me lanzó una mirada que lo decía todo.
Oh, no. Debería haberlo sabido, desde el mismo momento en que dijo que tenía a la señora King. Todo tuvo sentido a partir de ahí.
—Hagámoslo, pues… —dijo Noah—. Te la venderé…
James enarcó una ceja. —Ahora sí que estás desesperado. Vender a tu chica tiene que ser la jugada más rastrera que he visto en mi vida.
—No estoy desesperado… tengo sed de venganza. Y ella es la clave que ambos necesitamos.
James entrecerró los ojos y vi mi vida pasar ante mí cuando Noah abrió la boca para delatarme.
De repente, las luces parpadearon con violencia. Todos miramos la lámpara de araña al mismo tiempo.
Y se detuvo.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Noah, inquieto.
James alargó la mano hacia el teléfono de la mesa, sus dedos rozaron el plástico y se curvaron alrededor del auricular. Empezó a impacientarse, como si la persona a la que llamaba no respondiera.
De la nada resonaron disparos y se desató el infierno.
[Música: The Phoenix de Fall Out Boy]
Los hombres de James le disparaban a algo o a alguien, desatando el infierno. Todo el mundo se dispersó entre gritos y terror, mientras las luces parpadeaban, haciendo que todo pareciera más siniestro.
Lo que me estremeció hasta los huesos fue ver cómo los hombres de James caían uno tras otro, incluso cuando más entraban para descargar más potencia de fuego.
—¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?! —rugió James mientras su casino era puesto patas arriba. Unos cuantos de sus hombres vinieron a sujetarlo para que no se lanzara al peligro, y él siguió gritando como un niño mientras todo era arrasado.
Me quedé quieta en medio de todo el caos, observando cómo acertaban disparos en la cabeza y los cuerpos caían.
Las luces de la entrada se apagaron de repente y todo lo demás se aquietó. Todo y todos se detuvieron; nadie se atrevía ni a respirar.
Los hombres mantuvieron sus armas apuntando, acercándose al lugar.
—¡¿QUIÉN ES?! —rugió James desde detrás de su guardaespaldas—. ¡¿QUIÉN SE ATREVE A ATACARME?!
Mi respiración era entrecortada mientras desviaba la mirada de nuevo hacia la zona oscura. El prolongado silencio era aún más desconcertante, y sabía que todo el mundo podía sentirlo.
Y entonces se oyó una pisada. Esperaba oír varias, por toda la potencia de fuego que los hombres de James habían malgastado contra ellos.
Pero en el momento en que unas botas de cuero negro salieron a la luz y el resto de la sombra emergió, creo que todo el mundo dejó de respirar.
El desconocido iba vestido de cuero y un casco de motorista ocultaba su identidad.
«¿Me estás jodiendo? ¿Esta persona ha matado a todos estos hombres sin ayuda de nadie?».
Una bala cayó de su silenciador y, cuando encajó otra de nuevo en su lugar, los hombres se pusieron en alerta. Sin embargo, para su sorpresa, sacó otra pistola, con una precisión y una velocidad inigualables, mientras una vez más acertaba disparos en la cabeza y las balas pasaban zumbando a su lado.
«¡Vale, eso es supersexy!».
James ladró órdenes mientras lo arrastraban a un lugar seguro. Noah me agarró del brazo, obligándome a moverme.
Sus hombres cayeron cuando el desconocido centró inesperadamente su atención en ellos.
Grité, agachándome mientras las balas volaban por todas partes, las mesas se astillaban, las máquinas eran perforadas y los cristales se hacían añicos.
—¡Muévete! —gritó Noah.
—¡¿Estás loco de remate?! ¡Hay un temerario disparándonos!
Noah gruñó y tiró de mí, ladrando a sus hombres que fueran a por el desconocido. Como las pistolas ya no funcionaban, se lanzaron a los puñetazos.
No pude ver cómo se desarrollaba la pelea, pero oí estruendos y gritos seguidos de más disparos. Esto era una puta película de acción desarrollándose ante mis ojos, solo que no me imaginaba a mí misma como parte de ella.
Noah consiguió sacarme del salón principal y llevarme al pasillo, pero por el camino agarré la pata de una mesa y se la rompí en la espalda. Se desplomó en el suelo.
—¡Joder! —grité, pateándolo con toda la fuerza que pude reunir.
Noah gruñó de dolor antes de que su gruñido se convirtiera en un grito desgarrador cuando usé mi tacón para pisotearle la pierna repetidamente.
—¡PARA! —gimió mientras yo lo hacía una y otra vez hasta que sentí una presencia detrás de mí.
Me aparté de un salto, con la espalda pegada a la pared.
Era el letal desconocido.
Se quedó allí de pie, con sangre manchando su casco y parte de su ropa de cuero, con la cabeza ladeada. Por alguna razón, pude notar que estaba divertido.
«¡Espera! ¿Están todos muertos?».
Miré, y fue un error. ¡Era una masacre total! Creo que voy a vomitar.
—¡Zorra! —rugió Noah mientras intentaba arrastrarse, pero un hueso se rompió y me tapé la boca.
El desconocido había pisoteado con sus botas exactamente donde yo lo había herido. Noah chilló de dolor y el sonido me paralizó de miedo.
¡Crack!
El sonido de dolor de Noah me hizo caer al suelo, con el culo pegado a la fría superficie mientras me daban arcadas.
El desconocido le estaba aplastando las manos y le rompió cada hueso hasta que Noah quedó en el suelo, boca arriba e incapaz de moverse. Solo podía gemir mientras las lágrimas se deslizaban de sus ojos.
—S-seas quien seas…, ¡v-v-vas a arrepentirte de esto…! —Noah todavía tuvo las agallas de hablar.
El desconocido se acercó a mí y me puse en pie de un salto, sintiendo cómo mis nervios se disparaban y me gritaban que corriera, pero él me levantó y me echó sobre su hombro.
Grité, pero entonces me dio una nalgada y me quedé helada. Reconocería esa nalgada en cualquier parte.
«¡Joder! ¡Es Ares!».
Todo se tambaleó mientras él se apresuraba hacia el ascensor, cuyo interior estaba manchado de sangre, con un cadáver en la esquina.
Cuando pulsó el botón, me bajó y yo tropecé hacia atrás.
Se quitó el casco y solté el aliento.
Realmente es él.
Mató a toda esa gente. Se infiltró en este casino, un lugar que James decía que era impenetrable. Él fue la causa de esa masacre de ahí fuera y, aun así, me lancé a sus brazos.
Ares me atrapó, el casco cayó al suelo y mis labios se estrellaron contra los suyos con pasión. Me devolvió el beso con el mismo fervor, mis gemidos y jadeos eran salvajes mientras pasaba mi mano frenéticamente por su pelo.
—N-nunca te fuiste de la c-ciudad… —intenté hablar entre nuestros besos, pero se hizo difícil porque lo único que Ares quería era robarme el aliento, y lo consiguió.
Mi espalda se estrelló con fuerza contra la pared, pero no me di ni cuenta. Su mano se hundió en mi culo, clavando las uñas y apretando más contra mí. Me subió el vestido y ya podía sentir mis bragas húmedas.
De un tirón, hizo jirones la tela, arrojándola a alguna parte. Oí el sonido agudo de su cremallera y mi mente se aceleró.
«Espera, ¡¿va a…?!».
—¡AH! —jadeé cuando hundió su duro pene en mí, enterrándolo profundamente, y mi cuerpo tembló por la conmoción.
Mis uñas se clavaron en sus anchos hombros, el cuero bajo mis dedos crujió suavemente. Enrosqué las piernas con fuerza alrededor de su cintura, gimiendo salvajemente.
Mi espalda chocaba contra la fría superficie una y otra vez, mi mente explotaba en colores mientras Ares me obligaba a un rápido orgasmo que me recorrió en oleadas.
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