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La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 209

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Capítulo 209: Imán indeseado [1]

Intenté detenerme con cada fibra de mi ser, pero a estas alturas ya debería saber que todo lo relacionado con Ares King era como un imán indeseado.

Solté un suspiro tembloroso y cerré los ojos brevemente mientras reunía una fuerza renovada. Reacciona de una puta vez.

Abrí la puerta del coche para marcharme, de forma inesperada, incluso para mí.

—Catherine.

Su voz me detuvo.

—Señorita Lane —corregí.

Podía sentir su mirada taladrándome la nuca, como si me incitara a darme la vuelta.

—¿Cuándo te vas de Midnight?

—No creo que eso sea de su incumbencia… —lo fulminé con la mirada.

Nos quedamos así de nuevo, con las miradas entrelazadas, como si apartarlas fuera intolerable.

—Tiene razón —contestó, rompiendo el tenso silencio.

¿Por qué demonios iba a estar de acuerdo con eso si era él quien se estaba entrometiendo?

¡Se acabó! Ya he tenido suficiente de este Diablo.

—Una cosa más, señor King.

—¿Qué, señorita Lane?

—¡Deje de seguirme o conseguiré una orden de alejamiento! —salí del coche y cerré la puerta de un portazo.

No me detuve. Crucé la calle a toda prisa hacia el edificio, subí las escaleras y, cuando me detuve a mirar por las ventanas, el coche permaneció allí durante una hora entera.

Mi corazón se desbocaba en mi pecho mientras esperaba. ¿Esperar qué? No tenía ni puta idea; lo único que sabía es que no me moví hasta que el coche se marchó.

~☆~

No paraba de dar vueltas en la cama. Cada postura se me hacía más incómoda que la anterior. Tori se removió un par de veces y supe que la iba a despertar si seguía así.

Así que me destapé, me puse las gafas y caminé hacia el baño. Encendí la luz y me acerqué al espejo para observar mi reflejo.

Pensé en lo que Agatha me había contado, sobre su relación con Ares y que Adrian era su hijo. No me creí ni una maldita palabra de lo que dijo, porque me lo soltó sin prueba alguna.

No eran más que las palabras de una víbora; no tenía ni idea de lo que pretendía conseguir diciendo mentiras. Fuera cual fuera su retorcida razón, no quiero tener nada que ver; por mí, que arda en el infierno.

Sin embargo, una parte de mí quería que fuera verdad para así poder odiar a Ares.

—Odiarlo es la única manera… —me dije a mí misma.

Tengo que odiarlo a toda costa para poder seguir adelante.

Apoyé las manos en el lavamanos y agaché la cabeza para intentar regular mi respiración, pero fue una tarea difícil.

Sigo mentalmente atrapada en ese coche. La tensión que me cortaba la respiración, lo cerca que estuvimos de tocarnos. Si lo hubiéramos hecho, no sé qué habría podido pasar.

Aún podía percibir la sensación fantasmal de su mano, lo cerca que estaba. Su olor, esa colonia mezclada con loción para después del afeitado y humo. Normalmente no percibo el humo, pero ahora sí, lo que solo podía significar que ha estado fumando mucho últimamente.

No es justo para mí. Aquí estoy, en mitad de la noche, cuando debería estar durmiendo, pensando en ese hombre como si fuera el único ser que respira sobre la faz de la Tierra.

¿Por qué me hace esto? Puso fin al contrato; ya no me quiere ni desea tener nada que ver conmigo, entonces, ¿por qué sigue… invadiéndome?

Regresé a la habitación con la esperanza de poder conciliar el sueño por fin, pero acabé en la cocina.

Genial. No hay nada como un tentempié a deshoras. Últimamente no he estado comiendo, solo me obligo a hacerlo cuando Tori me mira porque sé que si no, me dará la lata hasta la saciedad.

Abrí la nevera, y claro que había algo, pero me había acostumbrado tanto a una nevera llena, sin un hueco libre para nada más.

Tomé un vasito de yogur griego y una cuchara. Fui a sentarme en el hueco de la ventana. Tenía la cuchara a medio camino de la boca cuando mis ojos captaron algo.

Dejé el yogur y descorrí la cortina para ver. Justo donde no llegaba la luz de la farola, había un punto rojo que ardía con furia. Agucé la vista mientras el punto se movía hacia arriba y se hacía más brillante.

Hay alguien ahí.

Se me cortó la respiración y los nervios se me pusieron de punta. Simplemente lo sabía… Podía sentirlo.

Me quedé un rato, simplemente observando, antes de cerrar las cortinas, con el pulso tan desbocado que apenas podía seguirle el ritmo.

No sé cuánto tiempo me quedé ahí sentada, contemplando las decisiones de mi vida antes de moverme, desconectando el cerebro; no por desesperación ni nada parecido, sino porque estaba tan jodidamente cabreada que lo que me impulsó fue la pura rabia.

Cogí un abrigo, me puse unos Crocs y salí del apartamento. Bajé las escaleras a toda prisa y abrí la puerta de un empujón. Era tan jodidamente tarde que no había ni un alma en la calle.

Esto es una estupidez. Eres una jodida estúpida, Catherine Lane.

Me ajusté las gafas mientras cruzaba la calle y, cuanto más me acercaba, más podía ver.

Ares estaba de pie junto a su coche, ahí fuera en el frío, fumando. Sus ojos azules brillaban en la oscuridad mientras seguía cada uno de mis movimientos con la mirada hasta que me detuve a pocos metros de él.

—No deberías estar aquí fuera. Hace frío.

Apreté los dientes. —¿Qué. Estás. Haciendo?

Un silencio gélido se arremolinó entre nosotros como el viento helado.

—Las viejas costumbres tardan en morir.

No entendía a qué se refería. No es como si el todopoderoso Ares King fuera un acosador. ¿De dónde demonios salía ese comportamiento?

—Te lo advertí —dije—. Voy a ir directa a la comisaría a denunciarte.

Arrojó al suelo lo que quedaba de su cigarrillo y se despegó del coche.

Tragué saliva con dificultad cuando se irguió, y tuve que levantar la barbilla solo para mantenerle la mirada.

—La policía no hará gran cosa.

—Pues conseguiré un puto abogado y te demandaré.

—Será un desperdicio de dinero.

—¡¿Cuál es tu puto problema?!

No estaba segura de si tenía una respuesta para esa pregunta. Bueno, yo sí que tenía una para él…

—¡Lárgate!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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