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La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 258

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Capítulo 258: Un regalo de cumpleaños especial

CATHERINE

Este fue el mejor cumpleaños que Esme había tenido. Simplemente lo sabía.

Fue alegre, y esta vez no estaba sola; estaba con su familia y con gente que la adoraba.

Ares le encargó un pastel en forma de torre de chocolate, y los regalos de Atenea estaban llenos de preciosos vestidos y zapatos que la hacían parecer una princesa. El Abuelo y la Abuelita le cantaron el cumpleaños feliz, y todo lo demás fue, sencillamente…, mágico.

Nunca la había oído reír tanto. Su sonrisa tampoco desapareció en ningún momento, y la cena fue perfecta.

Acaricié con suavidad la coronilla de Esme, con una sonrisa que aún no se había desvanecido. Sentía haber tardado tanto, cariño. Me alegraba de que ahora pudieras experimentar esta alegría.

Le di un beso en la frente y me levanté de la cama. El ático se había despejado y transformado en una habitación solo para Esme.

Este lugar estuvo una vez lleno de recuerdos, y el Abuelo dio un gran paso para dejarlo libre para crear otros nuevos. Después de todos estos años de silencio, por fin dimos ese salto.

Estaba feliz de que por fin pudiéramos sanar.

—¿Mami?

—Cariño, ¿estás despierta? —volví a sentarme en la cama—. No me digas que todavía quieres más pastel de chocolate; ya has comido suficiente por hoy.

Esme negó con la cabeza.

—Entonces, ¿qué pasa?

Bajó la mirada, jugueteando con los dedos como si estuviera nerviosa.

—¿Esme? ¿Pasa algo? Habla conmigo…

Tardó un rato antes de bajar de la cama y acercarse a su cómoda, de donde sacó un cuaderno rosa que usaba para guardar sus dibujos. Volvió hacia mí y lo colocó delante como si fuera una presentación.

Sonreí. —¿Has terminado?

Asintió.

—¡Qué maravilla! ¿Puedo verlos?

Volvió a asentir.

Emocionada por ver en qué había estado trabajando, lo abrí, revelando algunos dibujos antiguos que ya me había enseñado, pero al hojearlos, vi los nuevos.

Jadeé. —¡Precioso!

Había uno que había pegado con esmero como si fuera un libro, con formas de flores por todas partes, además de piedrecitas.

—¿Tú hiciste esto? —Estaba atónita, ¡porque era excelente!

—Es para el Señor King…, pero… —murmuró—. Quería que lo vieras tú primero.

—¿Estás segura? Si es solo para él, entonces no miraré. Lo prometo.

—Quiero que lo veas, ¿por favor?

—Está bien, cariño. —Abrí la primera página y había figuras de palitos, pero los puntos azules me dijeron lo que necesitaba saber.

Creo que la primera página era en mi restaurante, y había algo escrito en la parte superior. «Dos hadas». Sonreí, pasé a la siguiente y se me paró el corazón.

«Por fin conocí a mi papi».

Me tapé la boca y miré a Esme, que esperaba pacientemente.

—Esme…

—Siempre lo supe, Mami… —confesó—. Guardabas su foto tan cerca.

Nunca me di cuenta de que se me notaba tanto, o quizá Esme era simplemente muy observadora.

—Una vez le pregunté a nuestra profesora qué significaba que un adulto y un niño compartieran el mismo color de ojos. Me dijo que podía ser una coincidencia o que eran familia. Tú me dijiste que tenía los ojos azules porque soy un hada, y cuando le pregunté al Señor King, me dijo que él también lo era.

No podía articular palabra; no creo que pudiera decir nada que impidiera que esta sensación abrumadora se apoderara de mi cuerpo. No pude más que llorar, y la cálida humedad corrió por mi rostro, pero mis labios se curvaron en una sonrisa.

Todo este tiempo, ella lo sabía, pero nunca me preguntó.

Quizá presentía que yo no quería hablar de ello y yo nunca di el paso para contárselo.

Sollocé, volviendo a mirar la página mientras pasaba a la siguiente.

«¿Al Señor King le molestará si lo llamo papi?».

—Oh, cariño…, no le molestará…

Me tomó la mano, donde llevaba el anillo. —Ahora estáis más unidos. ¿Eso significa que ya puedo llamarlo papi? ¿Ya está bien que lo haga?

Dejé el cuaderno de dibujo y la abracé, besándole la frente varias veces.

—Con anillo o sin él, Esme, él siempre ha sido tu papi.

Una sonrisa se dibujó en sus labios. —¿De verdad?

—¡Sí! —Le ahuequé el rostro con las manos—. Y sé que le haría muy feliz que lo llamaras así. Ha estado esperando con paciencia. Cariño, he querido decírtelo desde hace mucho tiempo, pero…

Me rodeó el cuello con sus brazos en un abrazo. —No pasa nada, Mami… No estoy enfadada, estoy feliz. Tú y el Señor King vais a estar juntos para siempre.

Sollocé y asentí mientras la abrazaba con más fuerza.

Unos golpes en la puerta nos distrajeron, y rápidamente me sequé las lágrimas con el dorso de la mano mientras abría.

—A-Ares… —Fijé la mirada en la pequeña caja rosa que sostenía.

Entrecerró los ojos como si presintiera que algo iba mal. —¿He llegado en un mal momento?

—No… —sonreí, haciéndome a un lado para que pudiera verla—. Creo que es perfecto.

Ares entró y le susurré: —Tiene algo que quiere decirte.

Miré a Esme y ella captó mi señal, bajó de la cama y se acercó a Ares.

—Me preguntaste qué quería para mi cumpleaños.

—Sí, ángel. No me lo dijiste, pero te he traído esto… —Se agachó hasta su altura y abrió la caja.

—¡Zapatos!

Zapatillas de ballet, para ser exactos.

—Me dijiste que siempre quisiste apuntarte. Conozco el mejor sitio al que puedes ir.

—¡Me encanta! —dio un salto, pero se detuvo al instante—. Pero quiero otro regalo, si no te importa. Me dijiste que me darías cualquier cosa que quisiera por mi cumpleaños.

—Sí, ángel. Lo que sea.

Le quitó la caja de zapatos de las manos y la dejó en el suelo.

—¿Puedo… puedo llamarte papi, de ahora en adelante y para siempre jamás?

Ares se quedó inmóvil, casi como si estuviera en shock, pero entonces una mirada tierna se apoderó de su expresión.

—Sí.

Esme saltó a sus brazos, llorando, y Ares la envolvió con tanta fuerza, como si nunca fuera a dejarla marchar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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