La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 264
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Capítulo 264: Éxtasis Diabólico
Ares soltó un profundo suspiro, su agarre en el vaso se tensó, como si fuera a hacerlo añicos.
A medida que me acercaba a él, el aire se cargó de calor, mi corazón se aceleró, pero seguí adelante mientras su mirada me atrapaba; la necesidad en sus ojos, ese deseo puro, era espectacular.
Ares se terminó el whisky y dejó el vaso sobre la mesa.
Mis manos se deslizaron por sus muslos y lo usé como apoyo para levantar la parte superior de mi cuerpo.
Me quité la venda de los dientes y le desabroché el cinturón, la cremallera, y liberé su polla, pesada en mi mano como una barra.
Yo lo había puesto así. Esa maldita cosa se retorcía, las venas la recorrían y el líquido preseminal goteaba de la punta.
—Déjame cuidarte, cariño… —dije en voz baja mientras le daba un beso en la punta, y su respiración se entrecortó.
Me la llevé a la boca, pero despacio, tragándomela entera y retirándome para captar la expresión de su rostro.
Sus ojos estaban aturdidos, ahogados por el deseo, su mano se deslizó por mi pelo, e incliné la cabeza, dejando caer una lluvia de besos sobre su piel.
Sentí cómo se estremecía, cerrando los ojos de placer, su agarre se tensó en mis mechones, seguido de un escozor, pero no le di mucha importancia.
Podía sentir que ya estaba a punto, y eso que todavía no me la había metido del todo.
Saqué la lengua, lamiendo de abajo arriba, y un gemido vibró desde su interior.
Moví las manos, acariciándolo y usando la boca también. Su polla se contrajo en mi mano y solté una risita.
—¿Quieres correrte, cariño?
Ares abrió los ojos, clavándome una mirada bestial, y le besé la polla.
—Sí o no. —Me la tragué de nuevo antes de que pudiera encontrar la voluntad para hablar.
Su polla se hinchó y sus gemidos se convirtieron en una banda sonora, pero antes de que pudiera explotar, aparté la boca y me levanté para sentarme a horcajadas en su regazo.
Usé la venda para cubrirle los ojos y le hice un nudo. Las manos de Ares se clavaron en mi cintura, con un agarre que se tensó como si fuera a rasgar mi lencería.
—Ni se te ocurra… —siseé—. ¡Me encanta este conjunto!
Sus labios se estiraron en una sonrisa irresistible, y lo besé suavemente, antes de profundizar la conexión, devorando su boca como lo había hecho con su polla antes de pasar a saborear su pecho.
Estaba jodidamente delicioso. Le pasé la lengua sin más, como si fuera un caramelo humano.
Agarré su camisa con fuerza y tiré de ella con todas mis fuerzas, haciendo que los botones que quedaban salieran disparados.
Recorrí con los dedos sus sólidos abdominales antes de hundir los labios en su cuello.
Ares me arañó el culo, sus uñas se hundieron de tal manera que mi piel escoció. Me acercó más hasta que me froté contra él.
Por la tensión que emanaba de él, supe que estaba ansioso por darle la vuelta a la situación.
Mis labios encontraron los suyos de nuevo, duros y rápidos, precipitándose mientras nos volvíamos agresivos como bestias hambrientas.
Me aparté, admirando lo húmedos que estaban sus labios, y la venda que cubría sus ojos hizo que mi coño palpitara.
Ares tiró de mí para volver a unir nuestras bocas, y ambos gemimos sin poder evitarlo mientras nos desatábamos.
Ares me arañó el culo de arriba abajo sin disimulo, y yo gemí, acompañándolo con el movimiento de mi cuerpo.
Aparté mis labios a la fuerza, solo para que él los capturara con más ímpetu, hasta que estuve segura de que me iba a dejar un moratón.
Quizá debería haberle atado las manos.
Me aparté de nuevo, pero esta vez Ares se arrancó la venda de los ojos, se puso de pie en toda su altura conmigo, dio unos pocos pasos y me arrojó sobre la cama.
Solté un chillido cuando mi espalda chocó contra el blando colchón y mi cuerpo rebotó.
—¡Cariño!
Ares lanzó su camisa a alguna parte y se quitó bruscamente los pantalones y los calzoncillos; el agudo sonido de su cinturón al chocar contra el suelo resonó.
Me mordí el labio inferior, jugando con el delicado lazo de cinta antes de tirar de él, dejando mis tetas al descubierto.
Ares se inclinó, apoyando las palmas en la cama mientras se arrastraba hacia mí. Me agarró por la cintura, y contuve el aliento cuando me dio la vuelta como si no pesara nada.
Antes de que pudiera recuperar la compostura, sentí mis muñecas atadas con unas esposas.
Espera, ¡¿cuándo ha…?!
Me quedé sin aliento cuando levantó mis caderas en el aire. Amontonó almohadas bajo mi estómago para mantener la postura. Genial. Ahora me sentía como un trozo de carne humana, colgada para el matadero, pero en este caso para una follada a fondo.
El placer recorrió mi piel y la anticipación casi me estaba matando.
Me estremecí cuando su dedo recorrió la raja de mi culo, apartando la tela de mis shorts, y el aire fresco tocó mi coño, ya empapado y corriendo por mi muslo como una fuente.
Gemí cuando me metió tres dedos de golpe, retorciéndolos como si estuviera calentando mi agujero para su polla. Palpité entre ellos y él gruñó mientras detenía su acción.
—No voy a parar… —pronunció, con la voz ronca y ahogada en gruñidos, como una bestia lista para devorar.
¡Oh, sí!
—Menos mal que me acuerdo de mi palabra de seguridad —dije, sonriendo con suficiencia, deseando poder verlo en este momento.
Sus dedos salieron de mí de golpe y sentí su punta acariciándome. Se frotó contra mi coño como si me estuviera provocando.
Gimoteé, contoneando las caderas para que terminara con esto de una vez. Sentía que mis entrañas iban a explotar si no sentía su polla estirando mi coño.
¡Zas!
Ese azote fue demasiado fuerte, todo mi cuerpo se convulsionó.
¡Zas!
¡Oh, Dios!
¡Zas!
¿Está descargando su frustración conmigo o qué?
—Cari…
¡Zas!
—¡AAAA! —temblé, siseando mientras el dolor me engullía por completo, haciendo que se me saltaran las lágrimas.
Apreté los puños con tanta fuerza que sentí que la piel se me rompía.
Ares me embistió con su polla y yo grité. No se detuvo ahí… aceleró el ritmo como un puto toro, embistiéndome una y otra vez hasta que sentí que iba a desgarrarme de dentro hacia afuera.
Grité su nombre libre y salvajemente, sabiendo que toda la habitación estaba insonorizada, así que podía ser espontánea con mi marido.
—¡Joder! —maldijo Ares cuando me corrí mientras me embestía hasta el fondo.
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