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La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 271

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Capítulo 271: El nombre

—Por favor, Don King… no es necesario que haga eso. Después de todo, en aquellos tiempos, los hijos mataban a sus padres para tomar el poder. Yo estaba al tanto de su conflicto con su hermanastro y de las condiciones que le impusieron si quería siquiera una pequeña parte de su herencia. Elias jugó un juego peligroso al hacer eso. Se lo advertí, pero no me escuchó. Supongo que finalmente perdió los estribos e hizo lo que tenía que hacer para obtener sus derechos.

Sobreestimé su talento para obtener información. No sabe tanto como creía. No maté a Elias por la herencia. Todo era ya mío.

Carlo chasqueó los dedos y trajeron las bebidas. Colocaron el vaso de whisky y el decantador sobre la mesa. El camarero sirvió el vodka.

—Todavía no entiendo por qué ha venido hasta aquí. Apenas ha dicho una palabra. Por favor, Don King, soy todo oídos.

—Su utilidad —dije.

Hubo un brillo en sus ojos marrones, como el de un perro al que por fin se le ha dado un propósito.

—Mi utilidad… —murmuró, apurándose la bebida de un trago.

Se rio entre dientes, y le temblaron los hombros a pesar de tener más peso sobre ellos.

—Sus palabras me honran.

—Usted sabe más sobre Constance King, de antes de que dejara Midnight hace años, y ahora ha vuelto. De una forma u otra, debe de haber obtenido información delicada a lo largo de los años.

—Sé unas cuantas cosas, sí. Es el primero en preguntar, así que está de suerte.

Tomé un sorbo del vaso antes de dejarlo.

—Sus ojos… el telescopio invisible que ha estado pendiendo sobre mi cabeza desde que se fue de Midnight hace años. Una forma de vigilar a su familia.

Su sonrisa se volvió forzada.

—¿Qué sabe de esa persona…? Necesito un nombre.

—¿Cuánto está dispuesto a darme por esa información?

El sonido de las pistolas al ser amartilladas llenó el lugar. Carlo se estremeció, con los ojos desorbitados fijos en mis hombres, que le apuntaban con sus armas.

—¿Qué le hizo pensar que vine a comprar información?

Abrió la boca, pero no pudo articular palabra, le resultaba difícil y solo conseguía balbucear.

—Y-y-y-yo… p-pensé…

—Puede que Elias le pagara por su utilidad, pero yo no soy él. Se enorgullece de este canal porque el dinero de mi familia le ha puesto redondo y gordo en su vejez. Pero no se equivoque, Carlo… yo no soy como ellos…

—S-Somos socios, ¿no? ¿Para mantener la buena fe?

—…

Tragó saliva. —E-Entonces mi utilidad para usted tomará un rumbo diferente, pero espero que me beneficie en… —Miró detrás de mí por un instante, y ahí pude ver su vida pasar ante sus ojos—. Lo digo de buena fe y para su beneficio. Solo para su beneficio, Don King.

Me recliné en mi asiento y crucé las piernas. Oí un murmullo a mi espalda, mis hombres retiraban sus armas y Carlo respiró hondo, aliviado.

—H-Hay una inauguración… una muy importante. Me gustaría que asistiera y me apoyara.

Entrecerré los ojos.

—Para ser sincero, nadie espera que se deje ver, al igual que no lo ha hecho en los últimos años. Este sería un buen momento y… —Hizo una pausa.

—Continúe.

Ahora parecía feliz. —No solo le beneficiaría a usted, sino también a su recién estrenado estado de casado. Aparecer con su esposa sería maravilloso, y…

—Con que me presente yo es suficiente. La declaración de intenciones estará hecha.

—P-Por supuesto… como el Don desee. Su sola presencia será toda una declaración.

Se puso tenso cuando clavé mi mirada en la suya… estaba temblando, y yo sabía que quería apartar la vista, pero no encontraba el valor para hacerlo.

—Dígame lo que necesito saber. Y sobre esa… inauguración suya.

~☆~

Salí del speakeasy. El tiempo había cambiado, las nubes se arremolinaban, tragándose la luz y volviéndolo todo sombrío.

Me abrieron la puerta del coche, pero no entré. Le di una última calada a mi puro antes de arrojar el resto al suelo.

Solté el humo por la nariz, digiriendo todo lo que Carlo me había dicho. Acabó soltando más de lo que yo quería, una buena cantidad de información.

Estaba muy ansioso por que asistiera a su inauguración e incluso mencionó los beneficios. A Carlo solo le importaban los beneficios… Me equivoqué al pensar que era un perro leal; era más bien un glotón leal.

Me abrieron el paraguas mientras la lluvia caía a cántaros. Miré mi reloj, todavía era temprano, pero el tiempo hacía que pareciera que nos dirigíamos hacia la noche.

Entré en el coche y cogí mi iPad para revisar la transmisión.

Catherine estaba ahora sentada en mi escritorio, con las piernas cruzadas mientras sus ojos recorrían los papeles que organizaba, con un bolígrafo sobre la oreja. Admiré lo espontánea y cómoda que se sentía en mi espacio.

Cogí mi teléfono y le envié un mensaje.

Yo: Volveré pronto, cariño.

Observé cómo su atención se desviaba hacia su teléfono, pero la puerta del otro lado se abrió y entró Nico.

—Jefe…

Inhalé, guardándome el teléfono en el bolsillo.

—No pareces muy contento. ¿Carlo no ha hablado? Habría apostado a que no lo haría.

—Lo hizo. —Apagué la transmisión.

—Esas son malas noticias. ¿Te ha dado un nombre?

—Reed Cross.

Nico se quedó helado antes de que su rostro se tiñera de asombro. —T-Tiene que estar mintiendo… Reed es un capullo, pero no tiene cojones para ser un topo.

Ante mi silencio, Nico maldijo. —¡Joder! ¿Trabajando para tu abuela? Esto no me lo esperaba.

Ni yo tampoco.

Esto me hizo echar más humo, pero, al mismo tiempo, no estaba tan cabreado como cuando Carlo me dio su nombre.

He tenido mis sospechas desde lo de Penrose.

—Era leal… y hábil. Se convirtió en alguien en quien podía confiar… —dije, con amargura en el tono.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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