La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 273
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Capítulo 273: ¿Una advertencia o una amenaza?
Tragué el nudo que tenía en la garganta. Odiaba cuánta razón tenía… Sabía que no quería formar parte de ese mundo…, ¡y aun así…!
—Entonces no hay razón para que me cuentes cómo te fue en tus asuntos privados porque no es de mi incumben… —. Contuve el aliento cuando tiró de mí para acercarme, y la falda se me subió hasta dejarme casi medio desnuda.
Soltó el encaje, y un azote seco resonó en la habitación, mientras un escozor agudo me recorría. «¡Eso va a dejar marca!».
—Sé lo terca que puedes llegar a ser, nena.
Nena. Ese apodo en particular tenía un efecto muy fuerte en mí. Me vienen imágenes, y no me refiero a revelaciones divinas, sino de esas que aparecen cuando estoy completamente a su merced y él puede hacer conmigo lo que quiera.
Me tensé aún más cuando su mano se cerró alrededor de mi garganta, inmovilizándome por completo. Su autoridad emanaba de él y yo me encogí.
—No quiero que te involucres. ¿Queda claro?
«Joder, Catherine, ¿qué coño te pasa? No puedo evitar derretirme».
Ni de lejos me sentía intimidada, pero reconozco que estaba un poquito asustada.
—¿Es una advertencia o una amenaza?
Me atrajo hacia él de un tirón, obligándome a abrir las piernas hasta que sentí su bulto justo contra mis bragas, con nuestros rostros a centímetros de distancia. Supe que quería devorarme los labios por la forma hambrienta en que los miraba, como si fueran su manjar favorito, pero se limitó a las palabras.
—¿He sido claro? —repitió.
—Sí —respondí con descaro.
Ares retrocedió. —Baja de la mesa.
—¡Tú me subiste aquí!
—Baja. Ya.
Poniendo los ojos en blanco, me agarré al borde y me deslicé hacia el suelo, donde mis tacones repiquetearon. Lo fulminé con la mirada y él me la devolvió, pero la suya era mucho más intensa.
—Inclínate.
«¡Mierda!».
Mi cuerpo se movió antes de que pudiera detenerme y, cuando intenté mirar hacia atrás, Ares ya estaba sobre mí; la sensación de su cuerpo presionando el mío era alucinante.
Apoyé las manos en la mesa para mantener el equilibrio, pero su mano me presionó la espalda y me obligó a bajar, con la mejilla pegada a la fría superficie. Gemí cuando su mano me acarició el muslo, pero no se detuvo ahí: agarró mis bragas y las hizo trizas.
—Cuenta.
El aire fresco me acarició la piel y, con él, llegó el duro impacto de su palma. El sonido seco restalló en el aire y mi cuerpo se abalanzó hacia adelante con cada azote.
No me estaba dando fuerte, como si quisiera que lo disfrutara al máximo, y así fue.
—¿Cuántos?
—V-Veinte… —jadeé, con los pulmones llenos de aire caliente. Cuando me apretó el trasero, gemí, y mis labios se curvaron en una sonrisa al sentir su beso.
—¿Te ha dolido?
—No.
Me atrajo hacia su pecho.
—No has hecho que duela.
¡Zas!
Solté un grito ahogado, sobresaltándome. «¡Eso sí que ha dolido!».
Ares se rio entre dientes mientras caminaba hacia su sillón de cuero y se sentaba, dando golpecitos en su muslo.
Intenté bajarme la falda, pero me detuvo.
—Déjala.
Fui hacia él y me senté en su regazo. Una de sus manos se deslizó hasta mi cintura, mientras la otra me acariciaba el coño.
Clavé los dedos en su hombro y se me erizó la piel mientras el placer me invadía.
—Se te ha retrasado el periodo.
Abrí los ojos de golpe. —¿Qué?
—Que se te ha retrasado.
—N-No, qué va… A veces mi ciclo no es regular.
Intenté concentrarme, pero era difícil cuando sus dedos seguían provocándome en lugar de hundirse en mí como yo deseaba.
—Pediré cita con el ginecólogo. De hecho, lo tenía apuntado para hoy —expliqué, cerrando las piernas para atrapar su mano allí.
—No lo hagas.
Sus palabras repentinas me desconcertaron.
—¿Q-Qué quieres decir con que no lo haga?
Ares hundió dos dedos en mí antes de que pudiera pensar en nada más.
~☆~
Cogí el mando y apagué los dibujos, mirando a Esme profundamente dormida.
Sonreí y me acerqué para arroparla bien. Me senté a su lado y le aparté el pelo de la cara, con la mente puesta en lo que Ares me había dicho horas antes.
Dijo… «No lo hagas». ¿Significaba eso que quería otro bebé? No tuve la oportunidad de preguntárselo después de que me follara sin piedad con los dedos.
—Oh, Cattttt… —se oyó una voz cantarina.
«¡Espera, es…!».
Apagué rápidamente la luz principal y salí a toda prisa de la habitación de Esme, cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido.
Avancé por los pasillos hasta el lugar desde donde podía ver el segundo piso.
—¡Hola! —canturreó Atenea—. Estás preciosa con ese conjunto. Tengo que hacerme con uno igual… —Señaló mi camisón—. ¿Es de Lily? Sus creaciones son una pasada.
—¿Cómo has entrado?
—¡Fácil! Mi hermano está obsesionado contigo. ¿Dónde está?
Después de llegar al ático, Ares me dijo que tenía trabajo.
—Vaya, esa cara lo dice todo. ¿Qué ha pasado esta vez?
Me ajusté la bata de seda y bajé las escaleras. —Has vuelto pronto.
—Me llamaste y he acudido. —Dejó caer el bolso sobre la mesita de café y se quitó los guantes de cuero blanco.
—¿Cómo fue la sesión de fotos? ¿Acabaste dándole una patada en los cojones a alguien? —pregunté, divertida.
—Pues de hecho, sí. Al director en persona. Me encantó cómo se le salieron los ojos de las órbitas.
—Habría sido raro que no lo hicieras.
Soltó una risita que me recordó a Esme. Ahora sabía de dónde había sacado esa risa tan mona.
Hubo una pausa, y entonces atraje a Atenea hacia mí para abrazarla.
—¿A qué viene esto? —preguntó.
—No lo sé… —admití, abrazándola con más fuerza.
Simplemente sentí que lo necesitaba.
Puede que me lo preguntara, pero sentí cómo su cuerpo se estremecía con mi gesto, casi como si no estuviera familiarizada con algo así.
—Vale… ¿vas a arrancarme la cabeza de un mordisco o qué?
Solté una risita y me aparté. —No, eso debería preguntártelo yo a ti, que fuiste la que me persiguió por el bosque como una loca.
—¡Jo! ¡Pensaba que ya habíamos superado eso con creces!
—Y así es.
La sonrisa de Atenea se ensanchó, pero se fue desvaneciendo lentamente. —Ares te lo ha contado, ¿verdad?
Asentí. —Sí.
—Eso es bueno. Eres la primera persona con la que se sincera sobre el tema. Me alegro.
—Hay algo que me inquieta.
—¿El qué?
—¿Por qué coño sigue viva Agatha?
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