La Esposa por Contrato del Diablo CEO - Capítulo 280
- Inicio
- La Esposa por Contrato del Diablo CEO
- Capítulo 280 - Capítulo 280: Una Vixen de mi lado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 280: Una Vixen de mi lado
ARES
—Todavía no has tenido la oportunidad de reaparecer y ya hay alguien llamado Vixen haciendo ruido en el bajo mundo. Es un tema candente —dijo Nico al otro lado de la línea.
Vixen. Había estado escuchando ese nombre bastante. Y eso que yo todavía no había hecho acto de presencia…
—¿Qué has podido averiguar sobre este… Vixen?
—Ese es el problema, Jefe. Nada. Por más que investigo, no encuentro nada. Sabe cubrir bien su rastro…
Mi atención se desvió hacia el suave chasquido de unos tacones contra el suelo. Catherine apareció en mi campo de visión y me dejó sin aliento.
Llevaba un vestido de noche largo hasta el suelo de suntuoso terciopelo azul oscuro. Se ceñía a cada una de sus curvas, adhiriéndose deliciosamente a su cuerpo. El escote tenía una decoración plateada en el pecho que parecía ramas de cristales y le añadía un toque de brillo.
Mientras posaba con una mano en la cintura, me percaté de la abertura de su vestido, que le llegaba hasta el muslo.
—Algunos dicen que es un hombre, mientras que otros dicen que es una mujer. Dicen puras tonterías, la verdad… —la voz de Nico vibró desde el altavoz, recordándome que todavía estaba en una llamada.
—Te llamo luego… —lo interrumpí antes de colgar.
—¿Ocupado? —preguntó en voz baja, sosteniendo un liguero de pedrería—. Se me está complicando un poco…
No necesité decir ni una palabra; la mirada en mis ojos fue suficiente para que se moviera. Cuando estuvo a mi alcance, la sujeté por la cintura y la aprisioné contra mi cuerpo.
—Estás preciosa, cariño.
Ella soltó una risita. —Gracias, cariño. Y ahora, ¿una ayudita?
Mis ojos se posaron en la pedrería. Lo tomé y me senté en el sofá, y antes de que pudiera hacer el amago de ponérselo, ella colocó su tacón justo en mi pecho, sonriendo con picardía.
Tiré de su pierna y ella soltó un jadeo, cayendo sobre mi regazo.
—Deberíamos saltarnos lo de esta noche… —dije, abrochándole el liguero, encantado de cómo hacía brillar su muslo.
Menos mal que no era tan visible cuando caminaba.
—No, no podemos, ¿recuerdas…? —dijo Catherine, jugando con mi corbata.
—Quiero tenerte solo para mí.
—Me temo que tendrás que compartir, solo por esta noche. Además, deberías ver a Esme, está preciosa con su vestido y le encanta.
—¿Estás segura?
Al instante comprendió a qué me refería.
Íbamos a asistir a un evento benéfico para niños, y Esme vendría con nosotros en su primera aparición en público. Yo era el mayor patrocinador y Catherine me había convencido de que debíamos hacerlo como una familia.
Últimamente, los rumores se estaban volviendo más desagradables, y tratábamos de evitar que fueran a más, pero quería estar seguro de que esto era lo que ella quería.
—Sí, es mejor que lo hagamos nosotros mismos a que lo haga otro. Darles la verdad en lugar de rumores. No quiero que eso afecte a Esme. La gente hablará, pero solo empeora cuando dicen cosas que no son.
—Estoy de acuerdo.
—No me digas que ya tienes a tus hombres en el evento.
Me levanté y ella soltó una risita porque la levanté conmigo, llevándola hacia la cama.
—¡Cariño, vamos a llegar tarde!
—Pueden esperar cinco minutos.
—¿Cinco?
—¿Quieres que sea más? —pregunté, deshaciendo mi corbata.
—Solo si no me arruinas el maquillaje.
—No puedo prometerlo —la besé, haciendo exactamente eso.
Su pintalabios se estaba corriendo por todos mis labios, pero eso solo hizo el beso más ardiente.
Mi mano rozó su muslo y me quedé helado cuando toqué su coño desnudo.
—¡Iba a ponerme unas, lo prometo!
—Mentirosa.
¡Zas!
Jadeó cuando le di una palmada en el coño.
¡Zas!
Se agarró con fuerza a mis hombros, intentando retorcerse para escapar, pero le metí un dedo para mantenerla quieta.
—Sigue moviéndote y lo alargaré a una hora.
—¡¿Una hora?!
—¡MAMÁ!
Me detuve en seco al escuchar la voz de Esme.
—¡No encuentro mis zapatos!
—Parece que no va a poder ser, señor King.
Catherine me apartó de un empujón, mirando de reojo mi bulto, que se marcaba contra la tela de mis pantalones.
—Busca otra manera de deshacerte de eso… —dijo entre risitas, echándome las sábanas por encima.
Cuando me quité la manta de encima, Catherine ya se había ido, y me dejó solo para que me encargara de mi problema.
Un sutil gruñido vibró en mi pecho mientras me levantaba de la cama, usando el pañuelo para limpiarme la boca. Me llevé el teléfono a la oreja después de marcar un número.
—Jefe… —respondió Nico.
—¿Están listos los preparativos para esta noche?
—Sí. ¿Y qué hay de Vixen?
—Me encargaré de eso después… ¿Qué hay de Reed? ¿Sigue bajo vigilancia?
Estaba todo planeado. Dejé escapar a Reed, contando con que se arrastraría de vuelta a Constanza y daría una declaración suficiente como para que yo pudiera hundirla.
—Sí… pero solo hasta la semana pasada. No contactó con tu abuela como estaba previsto. Corren rumores de que se metió en problemas con Vixen o algo así.
¿Otra vez este Vixen?
—Ah, una cosa más. Vixen afirma ser tu socio secreto. Todo el mundo parece creerlo.
No solo se había metido en mi plan, ¿sino que además afirmaba ser mi socio?
Me miré en el espejo, donde vi a Catherine de pie en el umbral de la puerta, esperando.
Era hora de hacerse cargo de las cosas. Estaba planeando aprovechar esa oportunidad que mencionó Carlo, pero todo se estaba descontrolando demasiado.
—Memento mori…
—Sí, Jefe —respondió Nico, captando mi mensaje.
Colgué la llamada.
—¿Qué ocurre? —preguntó Catherine, percibiendo mi cambio de humor.
Me guardé el teléfono en el bolsillo del traje y la miré.
—Las cosas se van a poner ajetreadas a partir de ahora —respondí.
Se acercó a mí para arreglarme la corbata. Sus dedos se deslizaron bajo el nudo, lo aflojaron y alisaron la tela.
—¿Tus asuntos privados?
—Sí.
—¿Está todo bien?
—He estado posponiendo las cosas…
—¿Posponiendo las cosas?
—He estado ausente los últimos años… Y eso está causando muchas cosas no deseadas.
Las manos de Catherine se movieron con precisión, apretando el nudo y ajustándolo hasta que quedó perfectamente colocado contra el cuello de mi camisa.
—No tienes que preocuparte por Esme y por mí, ¿sabes? Ambas sabemos que, pase lo que pase, vas a volver a casa con nosotras.
—Quiero más tiempo.
—Tienes todo el tiempo del mundo —tiró suavemente de mi corbata, que quedó en su sitio, y luego su mano bajó por mi traje, haciendo que su anillo de diamantes captara la luz—. No voy a ninguna parte.
Deslicé mi mano hasta su nuca para inmovilizarla. —No te dejaría llegar muy lejos si lo intentaras.
Sus labios se curvaron en una sonrisa. —Lo sé.
[Música: The Hills x Ciudad Medianoche por TommyMuzzic]
Salimos del coche y los flashes parpadearon rápidamente, el ruido era casi ensordecedor. Ya había dado la orden de que restringieran a los medios. No podían hacer sus preguntas porque estaban tras una barricada más alejada de la alfombra roja. Una buena distancia que permitía un enorme espacio en el centro.
Esme se colocó entre nosotros, sujetando con fuerza nuestras manos mientras caminábamos hacia el edificio.
Una sonrisa se dibujó en mis labios al ver lo asombrada que estaba Esme con todo. A pesar de ver a sus compañeros por ahí, se mantuvo cerca, deleitando la vista tanto como quiso, sobre todo fascinada por la enorme lámpara de araña que colgaba en el centro del vestíbulo principal.
Las miradas se posaron en nosotros, murmurando entre ellos, con la atención fija en Esme. Unos cuantos estaban conmocionados, mientras que otros no, sobre todo los que seguían los rumores de una hija ilegítima.
Pero al ver a mi mujer y a mi hija a mi lado, no habría motivo para habladurías, porque lo hemos hecho oficial.
Nos recibió el anfitrión del evento benéfico, que principalmente expresó su agradecimiento por mis generosas donaciones. Algunos otros se acercaron a saludarnos; con la mayoría había hecho negocios. Yo no les hice caso, pero Catherine sí, respondiendo educadamente.
—Va al mismo colegio que mi hija, y no tenía ni idea.
—¡Qué bien! Esme, ¿la conoces? —preguntó Catherine.
Esme asintió, saludando con la mano a la hija de la mujer, que le devolvió el saludo.
—Estamos en la misma clase.
—Oh, qué mona es.
—Gracias.
—Papi, ¿puedo quedarme con Chloe? Algunos de mis amigos también están allí —me preguntó Esme.
—Por supuesto, ángel.
Esme sonrió radiante mientras tomaba la mano de su amiga y caminaban hacia donde estaban los otros niños, con una torre de dulces extendida sobre la mesa.
Mis ojos se dirigieron a la multitud, localizando a algunos de mis hombres, y con un seco asentimiento, comprendieron mi mensaje.
—Por ahora, todo bien… —me dijo Catherine en cuanto nos quedamos solos—. No tenemos que preocuparnos por ningún rumor dañino. Son sorprendentemente acogedores.
—Yo no contaría con eso…
—¿Qué? —preguntó—. Tienes todo el lugar vigilado.
La miré fugazmente. —¿Lo sabes?
—Es muy fácil distinguir a tus hombres y saber que hay al menos veinte.
—Veinte son para Esme, el resto para nosotros… —respondí con indiferencia mientras cogía una copa de champán de un camarero que pasaba.
—¡Es demasiado! —susurró—. Déjame adivinar, Nico los dirige.
—Nico está muy ocupado.
Parpadeó. —¿Entonces quién?
Con un gesto de mi cabeza, uno de mis hombres se acercó a nosotros. Se detuvo, con las manos entrelazadas al frente.
—Scott Wells, señora King —se presentó.
—H-hola…
Con un seco asentimiento, volvió a su puesto.
—Él es… —dudó Catherine, buscando la palabra adecuada.
—Gay.
Me lanzó una mirada fugaz. —¿Vale? Pero no iba por ahí.
—Es tu nuevo guardaespaldas.
Catherine parpadeó, soltando mi brazo. —No necesito un guardaespaldas.
—Voy a estar ocupado, cariño. Necesito a alguien que te vigile mientras no estoy.
—Puedes vigilarme todo lo que quieras. Tienes tus putas cámaras… Además, disfruto más quedándome en el ático que saliendo.
—Conozco a Scott desde mucho antes que a Nico, y ellos fueron los primeros.
—¿Los primeros en… qué?
—Los primeros en apoyarme. Scott se encargaba de mis negocios en Nueva York. Tuve que traerlo.
Los necesitaba más cerca ahora, sobre todo en este momento.
—No deberías haber hecho eso… —dijo Catherine con severidad—. No necesito un guardaespaldas. —Esa palabra en particular estaba cargada de tanto desdén que supe que su mente se había desviado hacia Reed.
Había esperado que me preguntara por él desde que nos fuimos a Rosevale, pero no lo había hecho. Me preguntaba de dónde venía ese repentino odio.
—Ares…
Miré por encima del hombro y me encontré con Agatha.
—Esperaba que estuvieras aquí… —dijo con una sonrisa en los labios, haciendo avanzar a Adrian, quien corrió a abrazarme como suele hacer cada vez que me ve.
Dio un paso atrás, sonriendo de oreja a oreja.
—Hola, Adrian…
La voz de Catherine me sacó de mis pensamientos. Se inclinó hacia él, acunando su rostro con ternura. —¿Te acuerdas de mí?
Adrian frunció el ceño. —¿Sí…?
De repente, Agatha tiró de él hacia atrás, con las manos en sus hombros para mantenerlo quieto.
—Catherine… —dijo ella.
—Agatha… Ha pasado tanto tiempo.
—Cinco años… Esperaba que no tuviéramos que volver a vernos.
—¿Por qué? ¿Pensabas que me habría ido para toda la vida?
Forzó una sonrisa antes de mirarme, sus ojos de distinto color clavándose en mi alma como si pudiera verlo todo.
—Sabía que Ares encontraría la forma de traerte de vuelta. Él se apega. Ese lado suyo es raro, pero cuando lo hace, nunca deja ir.
Mi mano en la parte baja de la espalda de Catherine se crispó, y los nervios de mi cuerpo hicieron que me sintiera agitado.
—Sí, tienes razón… —respondió Catherine, y me vi obligado a mirarla, descubriendo que había tenido los ojos puestos en mí todo el tiempo.
—Eso es una de las cosas que amo de él…
Desvió la mirada de nuevo hacia Agatha, con una expresión dura como la piedra, y apenas pude reconocerla. —Pero algunos apegos pueden ser… cortados… para hacer sitio a otros nuevos.
Agatha se burló de sus palabras.
—¿Nos vamos, cariño? No podemos hacer esperar a Esme mucho tiempo. Quiere demasiado a su papi.
Catherine deslizó su brazo en el mío y nos alejó de allí.
El resto de la velada, permanezco en silencio. Mientras la subasta continuaba, Catherine se tomó la libertad de levantar la paleta cada vez que le apetecía.
Esme también se divirtió a su manera, sin tener ni idea de que estaba pujando por las opciones más grandes. No me importa. Puede levantar su pequeña paleta tanto como quiera.
Forcé mi mano a posarse sobre el muslo de Catherine, expuesto a mi vista; fue el mayor movimiento que había hecho desde que me encontré con Agatha.
Mi pulgar acariciando su piel, sintiéndola bajo las yemas de mis dedos, me hizo sentir más anclado, borrando la inquietud.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com