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La Esposa Rechazada del CEO y su Heredero Secreto - Capítulo 136

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Capítulo 136: Capítulo 136: Enfrentando a Marcus

Punto de vista de Aria

—No es negociable —dijo, repitiendo mis palabras—. ¿Quieres que seamos socios? Pues esto es ser socios. No puedes protegerme manteniéndome al margen.

Estudié su rostro: la determinación, el miedo, la negativa absoluta a echarse atrás. —De acuerdo —dije en voz baja—. Juntos.

—Juntos —asintió él.

El resto del día fue una vorágine de preparativos. La sala de entrenamiento olía a aceite de armas y a sudor. El chaleco antibalas me oprimía las costillas. Sesiones informativas tácticas del FBI, entrenamiento con armas (rechacé una pistola, pero acepté un espray de pimienta y un botón de pánico), memorizar el plano del almacén, repasar posibles escenarios.

Cuando cayó la noche, estaba agotada y con los nervios de punta al mismo tiempo.

—Deberías comer —dijo Olivia, apareciendo con comida para llevar sobre las seis de la tarde—. No puedes rescatar a tu terrible hermana con el estómago vacío.

—¿Cómo es que…?

—Me ha llamado Richards. Me dijo que estabas haciendo algo estúpido y valiente, y que podrías necesitar asistencia médica. —Dejó la comida china sobre la mesa—. Así que aquí estoy. Lista para remendarte cuando esto, inevitablemente, salga mal.

El olor a comida china inundó la habitación. Normalmente tendría hambre, pero se me revolvió el estómago. —Tu confianza es abrumadora —dije con sequedad, pero la abracé.

—Aria, no tienes por qué hacer esto. —La voz de Olivia era seria—. Vivian tomó sus propias decisiones, no le debes esto.

—Lo sé. —Me aparté—. Pero me lo debo a mí misma, a la persona que quiero ser. No puedo ir pregonando piedad y perdón y luego abandonarla cuando de verdad me necesita, sabiendo que fui yo quien la puso en una posición en la que Marcus pudo capturarla…

—¿Incluso si eso significa meterte en una trampa?

—Sobre todo entonces. —Esbocé una ligera sonrisa—. Además, tengo un equipo táctico del FBI, a las fuerzas de seguridad de Damien y sé que Marcus quiere hablar antes de matar. Eso nos da una ventaja.

—O le da tiempo a torturarte —dijo Olivia sin rodeos—. Pero sé que es inútil discutir contigo cuando has tomado una decisión. Solo… —Se le quebró la voz—. Solo vuelve. Noah necesita a su madre y yo necesito a mi mejor amiga.

—Volveré —prometí—. Soy demasiado testaruda para morir.

—Ese es el espíritu. —Me apretó la mano—. Ahora come, necesitas fuerzas para esta noche.

A las diez de la noche, estaba de pie en nuestro dormitorio, mirando mi reflejo. El chaleco antibalas me hacía parecer más corpulenta, más imponente. Ropa oscura, el pelo recogido, ninguna joya salvo mi anillo de compromiso. Parecía que iba a la guerra.

—No tienes por qué hacer esto. —Damien apareció en el espejo detrás de mí y posó las manos en mis hombros—. Dilo y encontraremos otra manera.

—No hay otra manera. —Me giré para mirarlo—. Marcus me quiere a mí. Si no aparezco, matará a Vivian. Y aunque me ha traicionado más veces de las que puedo contar, no soy de las que dejan morir a la gente cuando puedo evitarlo.

—Lo sé. —Me atrajo hacia él—. Es una de las cosas que amo de ti. Tu compasión, tu fuerza, tu negativa a volverte una amargada a pesar de tener todos los motivos para serlo. Eres… —Se le quebró la voz—. Eres todo lo bueno que hay en mi vida, Aria. Y la idea de que te adentres en el peligro…

—Tendré cuidado —prometí—. Y tendré a todo un equipo del FBI cubriéndome las espaldas.

—Aun así. —Me acunó el rostro con las manos—. Si pasa algo…, si Marcus intenta hacerte daño…

—Entonces, tú y el equipo de Torres lo detendréis. —Cubrí sus manos con las mías—. Pero no va a pasar nada. Vamos a sacar a Vivian, a arrestar a Marcus y a volver a casa con nuestro hijo. Ese es el plan.

—Los planes cambian. —Su mirada estaba atormentada—. Ya te he perdido una vez, Aria. No puedo… si te perdiera de nuevo, de verdad esta vez…

—No me perderás. —Lo besé con delicadeza—. Te lo prometo. Voy a volver contigo.

—Más te vale. —Me estrechó en un abrazo feroz—. Porque no he terminado de demostrarte lo que valgo. No he terminado de demostrarte cada día que soy digno de tu amor. Para eso necesito décadas, no días.

—Entonces supongo que tendré que sobrevivir —dije contra su pecho—. No puedo dejarte con asuntos pendientes.

A las once y media de la noche, nos reunimos en la furgoneta táctica a tres manzanas del Muelle 47. El agente Torres repasó el plan una última vez.

—Aria entra sola a medianoche. Lleva un micrófono; lo oiremos todo. Los equipos de francotiradores están apostados en los edificios que rodean el almacén. Los equipos de tierra entrarán a mi señal. —Torres me miró—. Tu trabajo es hacer que Marcus siga hablando. Cuanto más hable, más tiempo tendremos para localizar a Vivian y planear nuestra incursión.

—Entendido. —Comprobé el micrófono oculto bajo mi chaleco.

—¿Y si te exige que te quites el chaleco o el micrófono? —preguntó Torres.

—Gano tiempo. Digo que lo haré cuando vea a Vivian viva e ilesa.

—Bien. —Torres asintió—. Recuerda: si ves un arma, tírate al suelo de inmediato. No intentes hacerte la heroína.

—Ni se me ocurriría —dije con sequedad.

Damien había permanecido en silencio durante la sesión informativa, pero en ese momento me agarró del brazo. —¿Podemos tener un minuto?

Torres asintió y Damien me llevó a un lado. —Necesito que sepas algo —dijo en voz baja—. Antes de que entres ahí, por si acaso…

—No lo hagas. —Le toqué los labios—. No te despidas, esto no es un adiós.

—Déjame terminar. —Me tomó la mano y la apretó contra su corazón—. Te amo. Completa, desesperada y, probablemente, enfermizamente. Eres la razón por la que aprendí a ser humano de nuevo. La razón por la que creo que puedo ser mejor que mi padre, que el monstruo que fui. Y si algo pasa ahí dentro…

—No va a pasar nada…

—Si algo pasa —continuó con firmeza—, necesito que sepas que amarte, ser amado por ti, ser el padre de Noah… ha sido el mayor privilegio de mi vida. Hiciste que quisiera ser digno. Y pasaré cada día que me quede intentando ser el hombre que mereces.

Tenía un nudo en la garganta. —Damien…

—Lo digo en serio, Aria. Cada palabra. —Su mirada era intensa—. Así que vuelve a mí. ¿Me oyes? Vuelve porque no he terminado de amarte. Nunca terminaré de amarte.

—Volveré —susurré—. Te lo prometo.

Entonces me atrajo hacia él, deslizando una mano por mi pelo y la otra aferrándose a mi cintura como si temiera que fuera a desaparecer. Por un momento, nos quedamos así, con las frentes pegadas, respirando el mismo aire. Luego me besó.

No fue un beso tierno. Fue desesperado, feroz y lleno de todo lo que no podía decir. Sus labios se aplastaron contra los míos como si intentara memorizar mi sabor, mi tacto. Le devolví el beso con la misma fuerza, aferrando su camisa con mis puños, atrayéndolo más hacia mí a pesar de que el chaleco se interponía entre nosotros.

Su corazón martilleaba contra mi palma cuando apoyé la mano en su pecho. El beso se intensificó: urgente, casi doloroso. Cuando por fin se apartó, los dos temblábamos. Los dos respirábamos con dificultad. Su pulgar recorrió mi labio inferior, ahora con suavidad, con reverencia. —Vuelve a mí —susurró contra mi boca.

—Lo haré. —Lo besé una vez más, esta vez con suavidad—. Lo haré.

—Es la hora —anunció Torres—. Aria, ¿estás lista?

Miré a Damien una vez más, memorizando su rostro. Luego me giré y caminé hacia el almacén. —Tan lista como puedo estarlo.

El almacén se cernía ante mí, oscuro y amenazante contra el cielo nocturno. Todas las ventanas estaban rotas, todas las superficies cubiertas de grafitis y óxido, como el lugar perfecto para un espectáculo de terror.

Caminé hasta la entrada principal, intentando parecer segura a pesar de que el corazón me martilleaba en el pecho. La puerta estaba entreabierta y el pomo metálico me quemó la palma con su frío. La empujé y entré.

Dentro, el olor me golpeó: moho, agua estancada y podredumbre. Estaba mucho más oscuro de lo que esperaba. Mis ojos luchaban por acostumbrarse. La única bombilla que colgaba sobre mi cabeza se balanceaba ligeramente, haciendo que las sombras se movieran. El goteo de agua en alguna parte se mezclaba con el gemido del metal. Cada sonido era demasiado fuerte. Podía oír mi propia respiración, entrecortada e irregular. Oía los latidos de mi corazón en mis oídos como tambores. El almacén era enorme: tres pisos de espacio vacío con una sola luz que colgaba en el centro, iluminando una silla.

Vivian estaba atada a ella. —¡Aria! —Su voz era ronca, su rostro estaba amoratado—. No deberías haber venido… ¡Es una trampa…!

—Ya sé que es una trampa. —Avancé lentamente—. Por eso he traído amigos.

—Qué tierno. —La voz de Marcus resonó desde algún lugar en lo alto—. La hermana viene a salvar a la hermana, muy conmovedor.

Escudriñé las sombras, pero no pude verlo. —Estoy aquí, Marcus. Deja ir a Vivian.

—Todavía no. —Salió a la luz en una pasarela del segundo piso—. Primero, hablamos. Tú y yo. Sobre la familia, la traición y la justicia.

—De acuerdo. —Mantuve la voz firme—. Hablemos. Pero primero, demuestra que Vivian está bien.

—Está bien. —Marcus hizo un gesto y Vivian levantó la cabeza. Estaba magullada, pero consciente—. ¿Ves? Viva y relativamente ilesa. Por ahora.

—¿Qué es lo que quieres? —pregunté.

—Lo que siempre he querido. —Marcus empezó a bajar las escaleras—. Hacer sufrir a Damien, ¿y la mejor manera de hacerlo? —Llegó a la planta baja, sonriendo con frialdad—. Es destruir todo lo que ama.

Sacó una pistola y me apuntó directamente a la cabeza. —Empezando por ti.

A través del micrófono, oí a Torres gritar órdenes. Oí a Damien gritar mi nombre. Pero mantuve los ojos fijos en Marcus y me obligué a sonreír. —Entonces te vas a llevar una decepción —dije con calma—. Porque no soy tan fácil de destruir.

—Ya veremos eso. —Marcus amartilló la pistola—. Ya veremos eso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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