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La Esposa Rechazada del CEO y su Heredero Secreto - Capítulo 149

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Capítulo 149: Capítulo 149: Historia de amor de Olivia

Punto de vista de Aria

—¿Estuvo aquí? —se echó hacia atrás, con los ojos como platos—. ¿Qué dijo?

—Que eres increíble, brillante y que haces que quiera ser mejor —sonreí al verla sonrojarse—. Y que nunca se ha sentido así por nadie. Liv, va en serio contigo.

—Lo sé. —Se dejó caer en una silla, con la mirada aturdida—. Aria, yo también voy en serio con él. En plan, aterradoramente en serio. Llevamos viéndonos unas semanas y yo… —Se detuvo—. Creo que me estoy enamorando de él.

—¿Que lo crees? —enarqué una ceja—. Olivia, estás enamorada de Lucas Hayes. Ni se te ocurra negarlo, ya no es un simple capricho como dijiste una vez, ni siquiera un gusto pasajero.

—Está bien. —Levantó las manos en señal de rendición—. ¡Estoy enamorada de él! ¿Contenta? Estoy completa, ridícula y perdidamente enamorada de Lucas Hayes y es aterrador porque, ¿y si lo arruino todo?, ¿o si se da cuenta de que no soy tan genial como cree?, o…

—Respira. —Me senté frente a ella—. Liv, él cree que eres perfecta y tú crees que él es perfecto. Se hacen felices el uno al otro. ¿Qué podría salir mal?

—¡Todo! —gimió—. Nunca me he sentido así por nadie, Aria. Es como… como si viera todo de mí y aun así me quisiera. Mis partes caóticas, mis partes rotas, las partes que suelo ocultar. Y yo… —se le quebró la voz—. No quiero perder esto, no quiero perderlo a él.

—No lo harás. —Le tomé las manos—. Liv, Lucas es de los buenos. Es amable, leal y está claro que te adora. Simplemente… permítete ser feliz. Deja de esperar a que todo se vaya al traste y simplemente disfrútalo.

—Mira quién habla —rio entre lágrimas—. La señorita «Tengo miedo de ser feliz con Damien».

—Estoy en ello —sonreí—. Las dos lo estamos. Y, Liv, verte así de feliz, así de enamorada… me da esperanza. Esperanza de que todos podemos encontrar a nuestra persona y construir algo de verdad.

—Me hace reír. —Se secó los ojos—. O sea, reír de verdad. De esas risas que te duelen las abdominales. Y me escucha cuando hablo del trabajo, me escucha de verdad en lugar de esperar su turno para hablar. Y… —se sonrojó—. El sexo es increíble.

—¡Olivia! —reí—. ¡Demasiada información!

—¡Tú preguntaste! —sonrió—. Pero en serio, Aria. Soy feliz. De verdad, muy feliz. Y yo… —hizo una pausa—. Creo que podría pedirme matrimonio pronto.

—¿Qué te hace decir eso? —Intenté mantener una expresión neutra.

—Ha estado actuando raro. Nervioso. Y me preguntó mi talla de anillo la semana pasada, como quien no quiere la cosa, pero no soy tonta. —Me miró con recelo—. ¿Tú sabes algo?

—Puede ser. —No pude evitar sonreír—. Pero aunque lo sepa, no te lo voy a decir. Algunas sorpresas deben seguir siéndolo.

—¡Aria! —Me lanzó un cojín—. ¡Dímelo!

—Nop. —Atrapé el cojín—. Pero, ¿Liv? Pase lo que pase, te pida lo que te pida… solo sigue a tu corazón. Te mereces ser feliz.

—Tú también. —Se estiró para apretarme la mano—. Y me alegro de que lo seas. Con Damien, por fin están haciendo las cosas bien.

—Lo intentamos —sonreí—. Tomándolo con calma, saliendo como es debido, construyendo algo real en lugar de precipitarnos.

—Bien. —Se recostó en su asiento—. Ambos se lo merecen. ¿Y, Aria? Me alegro mucho de que Lucas hablara contigo. Odiaba ocultártelo, pero él quería asegurarse primero de que a ti te parecía bien.

—Porque es un buen tipo que respeta nuestra amistad. —Asentí—. Y Liv, para que conste: me parece más que bien. Estoy encantada. Hacen una pareja perfecta, recuerda que incluso la primera vez que me dijiste que te gustaba, te apoyé e incluso intenté juntarlos durante el cumpleaños de Noah.

—¿Sí? —sonrió, con un gesto tierno y esperanzado.

—Sí —le devolví la sonrisa—. Y cuando te lo pida, porque lo hará, sin duda, más te vale llamarme inmediatamente después de decir que sí.

—¿Cómo sabes que diré que sí? —preguntó, fingiendo estar ofendida.

—Porque estás enamorada de él, él está enamorado de ti y ambos son demasiado listos como para dejarlo pasar. —Me levanté—. Ahora, fuera de aquí. Tienes que volver a una reunión y yo tengo que revisar los documentos de la fusión.

—Vale. —Me abrazó en la puerta—. Pero, ¿Aria? Gracias. Por alegrarte por mí. Por no hacer de esto algo raro. Por… por ser tú.

—Siempre —le devolví el abrazo—. Para eso están las mejores amigas.

Cuando se fue, volví a mi escritorio con una sonrisa. Lucas y Olivia. La verdad es que tenía todo el sentido del mundo. Ambos eran brillantes, ferozmente leales y ambos ocultaban un corazón tierno bajo un exterior duro.

Mi teléfono vibró.

Damien: ¿Comemos? Hay un sitio nuevo de sushi que quiero probar.

Yo: Son las 10 de la mañana.

Damien: Estoy planeando con antelación. Además, te echo de menos.

Yo: Me has visto esta mañana.

Damien: Aun así, te echo de menos. ¿Eso es un sí a lo de comer?

Yo: no, estoy un poco ocupada

Damien: Vale, cariño, pasaré a recogerte cuando termines por hoy.

Yo: vale

Dejé el teléfono, con el corazón lleno. Lucas había encontrado a su persona. Olivia había encontrado a la suya. Y yo… yo había encontrado de nuevo a la mía, reconstruyendo lo que se había roto para convertirlo en algo más fuerte. Todo estaba encajando por fin.

Esa noche

Estaba revisando unos contratos cuando sonó mi teléfono. Lucas, otra vez. —¿Te has olvidado de algo? —respondí, sonriendo.

—Pues la verdad es que sí —sonaba sin aliento, emocionado—. Le acabo de pedir matrimonio a Olivia.

—¡¿Qué?! —Me incorporé de golpe—. ¿Ahora? ¡Pensaba que habías dicho que este fin de semana!

—No podía esperar —rio—. Estábamos cenando y ella estaba hablando de un caso en el que está trabajando, y era tan apasionada y brillante que yo, simplemente… saqué el anillo y le pedí que se casara conmigo allí mismo, en medio del restaurante.

—¿Y bien? —Estaba al borde de mi asiento.

—Gritó que sí tan fuerte que todo el restaurante aplaudió. —Su voz estaba cargada de emoción—. Aria, ha dicho que sí. Se va a casar conmigo.

—¡Lucas, eso es increíble! —Se me llenaron los ojos de lágrimas—. ¡Estoy tan feliz por los dos!

—Sé que es rápido —sus palabras se atropellaban—. Sé que la gente pensará que estamos locos, que deberíamos esperar, pero…

—Pero cuando lo sabes, lo sabes —terminé por él—. Y Lucas, tú lo sabes. Ambos lo saben. Así que no dejes que nadie te diga que es demasiado rápido o demasiado pronto. Simplemente sé feliz.

—Lo soy —rio de nuevo—. Estoy tan feliz que apenas puedo respirar. Y Aria, gracias. Por tu bendición, por tu comprensión, por… por ser una buena amiga. Para los dos.

—Siempre —sonreí entre lágrimas—. Ahora ve a celebrarlo con tu prometida. ¡Y dile a Liv que me llame!

—Lo haré. ¿Y, Aria? Más le vale tratarte como la reina que eres, o lo destruiré.

Reí, reconociendo el eco de la amenaza anterior de Olivia. —Lo hace. De verdad que lo hace.

—Bien. Te lo mereces.

Después de colgar, me quedé sentada un momento, procesando la información. Lucas y Olivia, prometidos. Construyendo su propio futuro, su propia historia de amor.

Era perfecto. Mi teléfono volvió a sonar: esta vez era Olivia, gritando al otro lado de la línea sobre pedidas de mano, anillos y que no podía creer que esa fuera su vida.

Y mientras escuchaba a mi mejor amiga balbucear sobre su felicidad, sentí que mi propia felicidad crecía.

Por fin todos estábamos teniendo nuestros finales felices.

De los de verdad.

De los que se ganan.

De los construidos sobre la honestidad, la vulnerabilidad y el elegirse mutuamente cada día.

Y era absolutamente perfecto.

Cuando Olivia por fin colgó, todavía riendo y llorando al mismo tiempo, dejé el teléfono y me recliné en la silla. Mi mejor amiga estaba prometida. Lucas había encontrado a su persona. Ambos eran tan felices.

Miré el reloj. Casi las nueve de la noche. Debería irme a casa. Noah ya estaría durmiendo, y el ama de llaves probablemente se habría quedado dormida en el sofá viendo sus telenovelas otra vez.

Pero no me moví. Me quedé allí sentada, pensando. Unos golpes en la puerta me hicieron levantar la vista. Damien estaba en el umbral, con la corbata aflojada y la chaqueta colgada del brazo. Parecía cansado, pero de algún modo seguía viéndose impecable.

—¿Trabajando hasta tarde? —preguntó.

—Solo estoy terminando —dije—. ¿Qué haces aquí?

—Te dije que pasaría a recogerte —entró y cerró la puerta tras de sí—. Te he echado de menos.

—Yo también te he echado de menos —dije, poniéndome de pie—. Lucas le ha pedido matrimonio a Olivia esta noche.

Damien se detuvo en seco, con las cejas disparadas hacia arriba. —¿Espera, qué? ¿Lucas y Olivia? ¿Cómo es que no sabía nada de esto? ¿Qué me he perdido?

Me reí de su expresión de confusión. —Llevan semanas saliendo. Pero Lucas me lo ha contado hoy.

—¿Semanas? —Damien dejó la chaqueta en la silla, negando con la cabeza y una sonrisa—. Y yo que pensaba que estaba al tanto de todo.

—Aparentemente, no de todo. —Rodeé mi escritorio hacia él—. Querían mantenerlo en secreto al principio.

—Bueno. —Su sonrisa se ensanchó—. Por fin. Después de todos tus intentos de emparejarlos, encontraron el camino el uno hacia el otro.

—Yo no intenté emparejarlos —protesté.

—Por favor. —Me dedicó una mirada elocuente.

—Quizá un poco —admití—. Pero ellos hicieron el resto.

—No podía esperar. —Dejó la chaqueta en la silla.

Me acerqué a él. —¿Cuando lo sabes, lo sabes, verdad?

—Verdad. —Sus ojos siguieron mi movimiento, oscureciéndose ligeramente—. Aria, ¿qué estás…?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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