La Estrella Número Uno en la Era Interestelar - Capítulo 458
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Capítulo 458: MIRABELLE CARTER
Al ver que Kiran luchaba por controlar su genio, Astrid se interpuso estratégicamente entre los dos sin que pareciera que lo hacía a propósito.
—Hola —saludó a la chica—. Soy amigo de Kiran, me llamo Astrid Townsend. No pretendo ser grosero, pero…
—Ah, el modelo de la valla publicitaria que vi antes era idéntico a ti —dijo la chica de repente, cortando lo que fuera que Astrid iba a decir. Ladeó la cabeza—. ¿Eres tú? ¿O alguien que solo se te parece?
—Sí, soy yo. Por cierto…
—Lo sabía. ¿Cómo puede haber dos personas con una apariencia tan espectacular? —lo interrumpió la chica de nuevo—. Si estás aquí, entonces eres un artista de Polaris, ¿verdad? ¡Yo también! ¿También eres de la división de música? Pero, ¿cómo es que no te había visto hasta ahora? Sin duda habría recordado esa cara.
—Soy de la división de actuación…
Astrid se detuvo y parpadeó. La razón por la que había intervenido entre los dos era para poder ayudar a Kiran. Pero con el rumbo que tomaba la conversación, parecía que le estaba siguiendo el ritmo a la chica. No, se lo estaba siguiendo por completo.
Miró a esa «señorita Carter». La chica desprendía un aura como si flotaran flores rosas a su alrededor. Igual que esos personajes de anime diseñados para ser unos despistados natos. Pero no del tipo molesto. Algunos incluso podrían encontrarla adorable y encantadora. Aunque podía entender por qué a Kiran le costaría tanto tratar con ella.
—¡Ah, la división de actuación! —dijo la chica, dando una palmada—. Con razón no te había visto. Debes de ser muy famoso. Siento no conocerte.
La chica lo dijo sin malicia alguna. Aunque una persona sensible podría pensar que estaba siendo sarcástica. Pero, en opinión de Astrid, no era el caso en absoluto. Parecía que de verdad sentía no conocerlo.
Así que él también dijo con despreocupación: —No pasa nada. Yo tampoco te conozco. Y no te preocupes, en realidad no soy tan famoso.
Como era de esperar, la chica no se ofendió por lo que dijo y lo aceptó como si fuera de lo más natural.
—Yo tampoco soy tan famosa. Estoy empezando como cantante. Ah, y me llamo Mirabelle Carter.
—Encantado de conocerla, señorita Carter —dijo Astrid con una sonrisa—. Como he dicho antes, me llamo Astrid Townsend.
—Ah, qué sonrisa más bonita tienes —dijo Mirabelle, sin venir a cuento. Y luego añadió, como si tal cosa—: Puedes llamarme Mira o Belle. Cualquiera de los dos está bien. Aunque no puedes llamarme «Mimi». Ese está reservado para Kiki.
Astrid se giró instintivamente hacia Kiran y vio cómo los músculos de la cara de su amigo se crispaban al oír el apodo «Kiki». Debía de odiar de verdad ese nombre.
—Disculpa, pero se nos está acabando el tiempo. De verdad que tenemos que irnos ya —dijo Kiran con los dientes apretados.
Y entonces, tiró rápidamente de Astrid hacia el ascensor. Esta vez, Mirabelle no pudo interponerse para detenerlos.
—Espera, Kiki, ¿y la canción? —preguntó ella antes de que la puerta del ascensor se cerrara.
—Hablamos de eso mañana —dijo Kiran.
La puerta del ascensor por fin se cerró y este comenzó a descender. Astrid oyó a Kiran soltar un suspiro de alivio, como si acabara de superar una terrible experiencia.
—Parece que no te cae bien la señorita Carter —comentó Astrid.
Kiran puso una expresión complicada. —No es eso. No es que me caiga mal. Es solo que… es difícil de tratar.
—Bueno, he podido ver que es sin duda… peculiar. Pero no creo que sea tan difícil congeniar con ella —dijo Astrid, totalmente en serio.
Kiran suspiró una vez más. —Eso es porque tú tienes más habilidades sociales que yo.
Y como si se hubiera abierto una presa, Kiran empezó a volcar toda su insatisfacción.
—Esa chica no sabe leer el ambiente en absoluto. Es como si para ella todo fuera un camino de rosas. Como si no pudiera concebir que una persona pudiera tener una opinión o una emoción negativa. Y luego está su manía de no dejar que la gente termine de hablar. En serio, me sorprende que haya llegado a adulta sin sacar de quicio a todo el mundo.
—Pero eso no es lo peor. Esa chica, en serio, no sabe lo que es el espacio personal. Desde que nos conocimos, y de eso hace solo unos días, que conste, no ha parado de invadir mi espacio personal como si nada. No me importaría si fuéramos cercanos, ¡pero si a duras penas se la puede considerar una conocida y ya me está abrazando del brazo y por la espalda como si nos conociéramos de toda la vida!
—Sería tolerable si fuera plana como una tabla. Pero no, esas cosas que tiene son como melo…
Kiran se detuvo y de repente toda su cara se puso roja como un tomate, como si solo en ese momento se hubiera dado cuenta de lo que estaba a punto de decir.
Astrid lo miró con interés y diversión. Quizá Kiran aún no se había dado cuenta de que la razón por la que no podía «lidiar» con Mirabelle no era por las cosas que había enumerado, sino por algo completamente diferente. Algo que probablemente nunca había imaginado que fuera posible.
—No, no hablemos más de eso —dijo Kiran, zanjando rápidamente el tema de «Mirabelle Carter»—. Por cierto, ¿qué te trae por aquí?
Astrid sonrió. —He venido a traerte el almuerzo.
Por fin, la expresión de Kiran se iluminó. —¿De verdad? Vaya… no deberías haberte molestado. Pero me alegro de que hayas venido. Si no lo hubieras hecho, probablemente me habría quedado atrapado con Mirabelle en el estudio toda la tarde.
Astrid sonrió para sus adentros al ver la naturalidad con la que llamaba a Mirabelle por su nombre. Probablemente, ni él mismo se había dado cuenta. —¿Es ella la cantante para la que estás escribiendo una canción?
—No. Es para otra cantante. Pero me oyó por casualidad tocar una de las canciones cuando estaba en el estudio e insistió en que quería ser ella quien la cantara —dijo Kiran, refunfuñando—. Y probablemente alguien de la directiva estuvo de acuerdo, porque al día siguiente recibí un mensaje para que la dejara cantar la canción que compuse.
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