La Estrella Número Uno en la Era Interestelar - Capítulo 510
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Capítulo 510: POR UN LARGO, LARGO TIEMPO
ASTRID miró a Wulfric, que conducía muy concentrado. La forma en que el otro fruncía el ceño era graciosa, pero de un modo adorable. Ya que ahora estaban solos, por fin podía preguntarle aquello que le causaba curiosidad desde la noche anterior.
—Y bien, ¿cómo te fue en la charla con la Hermana Ellis? —preguntó.
Sinceramente, no podía preguntarle a Ellis. Ya era bastante embarazoso haberla puesto en esa situación sin darle tiempo para prepararse. Si encima se ponía a indagar en su conversación con Wulfric, sería un poco descarado por su parte. Así que preguntarle a Wulfric era la mejor alternativa.
—Salió bien —respondió Wulfric—. Me preguntó cuán sincero era contigo y, por supuesto, le demostré mi sinceridad. Luego me dio algunas advertencias, todas por tu bien. Las acepté de buen grado, como debía. Y después, yo también le di unas cuantas advertencias. En general, fue una conversación muy productiva.
Astrid no supo exactamente cómo reaccionar. Probablemente porque no se esperaba en absoluto una respuesta tan sincera de Wulfric. Pensó que el otro reflexionaría un rato sobre qué responderle. Pero, inesperadamente, Wulfric respondió con rapidez. Y parecía que no había maquillado nada y simplemente le había contado sin rodeos lo que había pasado.
Bueno, eso era muy típico de Wulfric, así que en realidad no debería sorprenderse tanto.
—Me alegro de que saliera bien.
Y de verdad se alegraba de que la conversación entre ellos hubiera transcurrido sin problemas y no hubiera tomado derroteros extraños. No necesitaba preguntar qué tipo de advertencias se habían dado mutuamente. Conociéndolos a los dos, no era muy difícil de adivinar. El hecho de que todo hubiera transcurrido de forma tan pacífica era más que suficiente.
No es que esperara que Ellis perdiera los estribos, la preocupación era más bien si Wulfric sería capaz de controlar su genio. Cosa que, muy probablemente, hizo.
De hecho, durante la última semana, Astrid fue testigo del gran autocontrol que tenía el otro. Algo que al principio pensó que era inexistente. Bastaba con ver la paciencia que tuvo con Reas. Cualquiera pensaría que habría estallado por la forma en que Reas había sido sarcástico y casi irrespetuoso con él. Pero no, se lo tomó con mucha calma.
Y Astrid no creía que fuera por consideración hacia él. No, Wulfric parecía disfrutar genuinamente del pique. Como alguien que ha encontrado un hermano pequeño con el que discutir.
Se alegraba de que ahora se llevaran bien. Una de sus preocupaciones cuando Wulfric se le declaró fue cómo reaccionaría Reas. Con lo sobreprotector que era su hermano, ya había supuesto el peor de los escenarios. Pero, sorprendentemente, no ocurrió nada de lo que había imaginado.
De hecho, ocurrió todo lo contrario. Cosa que le alegraba enormemente. No estaba seguro de si se debía al esfuerzo de Wulfric por llevarse bien con Reas o si, simplemente, los dos congeniaron sin que ellos mismos lo supieran o lo esperaran.
Sin embargo, sintió un poco de envidia.
Astrid se detuvo en seco cuando ese pensamiento le cruzó la mente. ¿Envidioso? ¿Por qué iba a sentir envidia, aunque solo fuera un poquito? ¿Porque se llevaban bien? ¿No debería estar completamente feliz?
Desde luego, estaba feliz por esa mejora en la relación de ambos. Pero, sorprendentemente, una pequeña parte de él sentía envidia. Soltó una risita para sus adentros al darse cuenta.
Parecía que sus sentimientos por Wulfric eran mucho más profundos de lo que pensó en un principio. Quizá no tardarían mucho en estar al mismo nivel que los del otro. Aunque, para que sus sentimientos alcanzaran tal nivel, probablemente se necesitaría un gran esfuerzo por parte de Wulfric.
Esperaría con emoción cualquier otra sorpresa que el otro le diera.
—Es una buena agente.
El comentario de Wulfric sacó a Astrid de su ensimismamiento.
Él asintió y dijo: —Sí. Tengo suerte de tenerla como mi agente.
—¿Suerte? Aster solo se merece lo mejor. Además, tu agente tiene más suerte de tenerte a ti, el futuro actor número uno del Imperio.
Astrid se rio al oír eso. —No te adelantes tanto o acabarás por gafarme.
—El gafe no es rival para el talento celestial de nuestro Aster —dijo Wulfric con una expresión de sumo orgullo.
Astrid no pudo evitar reírse de nuevo, porque lo que acababa de decir era algo que probablemente diría su padre.
—–
No tardaron mucho en llegar a su destino.
Era un restaurante llamado [Cabaña en la Ciudad]. Cuando miró por la ventanilla del coche y vio el restaurante, comprendió de inmediato por qué tenía ese nombre.
Era un edificio de tres plantas con un diseño del tipo «cabaña en el bosque». Desde la arquitectura hasta el pequeño jardín de la entrada, pasando por las vallas de estacas, era como viajar en el tiempo a una casa de campo europea del siglo XIX. Y lo más curioso de todo era que estaba en pleno centro de la ciudad.
En cierto modo, le recordaba a [Bliss], la boutique donde lo habían preparado para asistir al evento de EMMA. ¿De verdad era tan solicitado ese estilo retro?
—Cuando acabes, puedes llamarme para que venga a recogerte —dijo Wulfric—. Eso si tus amigos no se ofrecen a llevarte a casa.
Astrid volvió a mirar al otro, dándole vueltas a algo. Cuando por fin se decidió, dijo: —¿Quieres subir conmigo y conocer a mis amigos?
Wulfric se quedó quieto y luego parpadeó, como si le sorprendiera que se lo propusiera. A decir verdad, a él mismo le sorprendía mucho haber sopesado esa idea e incluso habérsela propuesto directamente a Wulfric.
Era solo que, puesto que ya conocía a Ellis, ¿qué tenía de malo que conociera también a sus amigos? Además, no era como si Nieve y Kiran fueran a ir por ahí contándole a la gente que habían conocido al príncipe del Imperio. Los conocía lo suficiente como para estar seguro de que no harían algo así.
Pero de lo que Astrid no se daba cuenta era de que, al hacer esto, ya estaba pensando inconscientemente que Wulfric formaría parte de su vida durante mucho, mucho tiempo.
A WULFRIC le sorprendió la sugerencia de Aster. La verdad, nunca se le pasó por la cabeza que el otro lo invitaría a conocer a sus amigos. Ni siquiera era su objetivo que lo invitara cuando le ofreció llevarlo. Pero eso no significaba que fuera a rechazar su invitación.
—¿Está bien que los conozca?
Por supuesto que quería conocerlos. Aster no era el tipo de persona que se hace amigo de la gente a la ligera. Si se hacía amigo de alguien, esa persona formaría parte de su vida a largo plazo. A menos que surgiera algún problema por el camino. Lo cual era muy poco probable. Porque si eran amigos de Aster, lo más probable es que fueran gente íntegra.
Si iba a formar parte de la vida de Aster, los conocería tarde o temprano. Así que, ¿qué más daba si los conocía ahora?
Pero aun así tenía que preguntarle a Aster. Es mejor dejarlo claro. No quería imponerse cuando el otro podría estar preguntando solo por cortesía.
—Sí —dijo Astrid.
—Vale. Y no te preocupes, me iré en cuanto me presente —le aseguró Wulfric al otro.
Astrid se rio entre dientes. —Al menos, tómate un té.
La comisura de los labios de Wulfric se alzó. —Vale.
—Pero primero, necesitas un disfraz.
—Bueno, sí que tengo una mascarilla y una gorra aquí —dijo Wulfric, sacando los dos objetos de la piedra espacial de su anillo—. No es que viniera preparado ni nada por el estilo.
Astrid cogió la gorra y se la puso a Wulfric. —Claro que no.
———-
Kiran esperaba en la mesa que había reservado en [Cabaña en la Ciudad]. La mesa estaba en el tercer piso, dentro de un pequeño y adorable rincón. Eligió este sitio para que al menos tuvieran un poco de privacidad.
El rincón estaba enclavado junto a una de las rústicas paredes de madera, creando una sensación de intimidad y recogimiento. Arriba, una lámpara colgante de estilo vintage con un brillo cálido y suave pendía, arrojando una luz delicada sobre la mesa.
La mesa en sí era de una rica madera oscura con un diseño ornamentado, que evocaba una sensación de elegancia del viejo mundo. Un mantel de encaje caía con gracia sobre la mesa, añadiendo un toque de encanto vintage. En el centro había un jarrón con flores frescas.
El interior del rincón tenía enredaderas y flores talladas, pintadas de un color muy vivo, que las hacía parecer reales. Continuaba por el alféizar de la ventana, dando un cierto encanto mágico al rincón.
Todo el restaurante tenía el mismo tipo de ambiente. Por eso, cuando vio este lugar por primera vez, le gustó de inmediato.
Conocía el lugar gracias a la Señorita Rose. Una noche le pidió un favor: que tocara en este restaurante una noche. Había un evento especial en el restaurante y necesitaban un pianista en vivo. Al que habían contratado le surgió una emergencia repentina y no pudo venir. Así que el dueño le preguntó a la Señorita Rose si conocía a alguien. Y la Señorita Rose, a su vez, se lo pidió a él.
Kiran no pudo negarse. No después de lo amable que había sido con él. Y así fue como llegó a este lugar.
Su primer pensamiento después de tocar música aquí una noche y probar su comida fue invitar a Astrid y a Nieve. Estaba seguro de que les gustaría el lugar tanto como a él.
Había planeado invitarlos a los dos tan pronto como pudiera. Pero todos habían estado ocupados, con horarios que no terminaban de coincidir. Cuando recibió su paga de Polaris, pensó que tal vez por fin podrían venir. Sobre todo porque últimamente sus horarios no habían sido tan ajetreados.
Pero aun así acabaron posponiéndolo. En fin, lo importante era que por fin habían conseguido tener el mismo día libre. Esperaba que tanto a Astrid como a Nieve les gustara el sitio.
Mientras pensaba en eso, vio a Nieve subiendo al tercer piso, siguiendo a un camarero. El camarero lo guio hasta el rincón. Cuando sus ojos se encontraron con los de Nieve, inmediatamente agitó la mano. El otro también le dedicó una pequeña sonrisa.
Nieve se sentó a su lado en cuanto llegó al rincón.
—Es un lugar muy bonito —dijo Nieve mientras miraba a su alrededor.
—¿A que sí? Y la comida también es igual de buena —prosiguió Kiran—. ¿Pero no pasa nada si no llevas disfraz? Podrían reconocerte.
—No, qué va —dijo Nieve con una risita—. Todavía no tengo ese nivel de fama.
—Bueno, la gente se te quedará mirando de todas formas porque eres demasiado guapo —dijo Kiran con naturalidad.
Nieve se rio. Si no lo conociera mejor, podría pensar que el otro estaba coqueteando con él. Pero sí que lo conocía. Y sabía que Kiran no lo decía con ninguna doble intención. Simplemente lo decía tal como era.
Justo en ese momento, ambos recibieron un mensaje de Astrid. Les decía que estaba delante del restaurante y que traía a un amigo para presentárselo. Y que este amigo se iría después.
—¿Un amigo? —preguntó Kiran, confundido—. ¿Sabes quién podría ser?
Nieve negó con la cabeza, preguntándose también quién podría ser ese «amigo».
No tardaron mucho en encontrar la respuesta.
Vieron a Astrid, con disfraz y todo, guiado por otro camarero. Detrás de él iba un hombre alto con un aura muy imponente. El hombre llevaba una gorra y una mascarilla que le cubrían la mayor parte de la cara. Ni siquiera se le veían los ojos.
Nieve y Kiran tuvieron el mismo pensamiento cuando vieron al otro: «¿Este es el amigo?».
Astrid los saludó con la mano y caminó hacia el rincón. El imponente hombre lo siguió.
—Perdón, no llego tarde, ¿verdad? —se disculpó Astrid mientras se sentaba en el asiento de enfrente.
—No, llegas justo a tiempo —dijo Kiran, antes de lanzar una mirada no muy discreta al hombre.
—Yo también acabo de llegar —dijo Nieve, haciendo lo mismo, pero de forma más discreta.
El hombre se sentó al lado de Astrid. Entonces, se bajó un poco la mascarilla y levantó lentamente la cabeza para mirarlos.
—Hola. Soy Wulfric.
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