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La Evolución de un Goblin hacia la Cima - Capítulo 385

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Capítulo 385: Relajación

Souta, Isabella y Lydia estaban dentro de la habitación que el señor de la ciudad había preparado. Souta le preguntó a Isabella si quería algo, pero ella dijo que estaba bien y que no necesitaba nada.

Ella era así, así que Souta le preguntó al señor de la ciudad si tenían algún libro sobre elaboración de pociones. También pidió que les trajeran algo de comida.

¿Pedírselo así a un señor de la ciudad? Otros no se atreverían, pero Souta era diferente. Para ellos era como un héroe por haber derrotado al ejército de los invasores.

Si le pidiera dinero al señor de la ciudad, este no dudaría en darle una enorme cantidad solo para ganarse su favor. El favor del Caballero de clase maestra más fuerte lo valía.

Souta tomó un sorbo de una taza de café con una expresión satisfecha y suspiró. Hacía mucho tiempo que no probaba un buen café.

—Veo que estás disfrutando… —dijo Lydia a su lado.

—¿Y por qué no? Nos dejan quedarnos aquí gratis, así que ¿por qué no disfrutarlo antes de partir a nuestro próximo destino? —le respondió Souta. Luego miró a Isabella—. Tú también, Isabella. Solo sé sincera con tus deseos y te sentirás renovada.

—E-Está bien. En ese caso, quiero dar una vuelta por la ciudad —dijo Isabella, mirando de reojo a Souta.

—Solo eso. Puedes pedirle a Lydia que te acompañe. Además, puedes ir de paseo si quieres. Has aprendido lo básico en los últimos meses y eres extremadamente talentosa —le dijo Souta, arqueando las cejas.

Le había enseñado algunas técnicas de combate en los últimos meses, y era muy talentosa. Captó con facilidad la esencia de las técnicas que él le enseñaba. Aparte del entrenamiento constante, su nivel de poder ya había alcanzado la cima del Rango E.

Un poco más de entrenamiento y alcanzará el Rango D. Después de eso, el Rango C, o Nivel de Caballero en este mundo, y luego el Rango B, el de Caballero de clase maestra.

Básicamente, era más fuerte que la gente corriente de este mundo. Incluso a los soldados normales les costaría derrotarla.

—Sí, eres muy talentosa. No lo creería si no lo viera con mis propios ojos. Creo que algún día alcanzarás mi nivel —dijo Lydia con un deje de asombro.

Lo que ella no sabía era que en el juego Isabella se convertía en una poderosa de nivel divino a quien llamaban la Mujer sin Rostro. El motivo era que su aspecto cambiaba drásticamente cuando adoptaba su forma de batalla.

La Isabella del juego tenía una especie de armadura de carne que podía cambiar fácilmente su aspecto. En esa forma, parecía un monstruo con hileras de dientes afilados como navajas.

Souta ni siquiera sabía si era el resultado de artes de combate, un hechizo o algún tipo de equipamiento. Lo único que sabía era que ella era la única que poseía esa cosa de carne.

Él también quería saberlo. Qué había experimentado exactamente en esta guerra para convertirse en lo que era en el juego.

Pero una cosa era segura: no se convertiría en lo que fue en el juego.

En el momento en que decidió rescatar a Isabella, su camino y su destino se desviaron de lo que estaba escrito. Ahora se dirigía por una senda desconocida.

—¿Quieres que alguien te acompañe? —le preguntó Souta a Isabella.

—S-Sí —asintió Isabella.

—Te aburrirás si vas sola, así que… —dijo Souta, mirando de reojo a Lydia.

Lydia suspiró y dijo: —Iré con Isabella. Sé que es fuerte, pero es mejor que la acompañe.

—Bien. Y llévense a Yuko —dijo Souta, poniéndose en pie.

El grupo salió de la habitación y fue a la de Yuko. Yuko tenía su propia habitación y, dentro, descansaba sobre una alfombra con la boca abierta. A su lado, dos mujeres le colocaban frutas en la boca.

¡Menudo estilo de vida! Parecía que Yuko estaba disfrutando de su estancia en este lugar.

Yuko abrió los ojos al sentir que su maestro había entrado en la habitación.

—Yuko, tengo algo que pedirte. ¿Puedes acompañar a Isabella y protegerla, por favor? —le dijo Souta a Yuko.

Se puso de inmediato sobre sus cuatro patas al oír las palabras de Souta. Sacó la lengua y le lamió las mejillas.

—Está bien, te recompensaré más tarde —dijo Souta, dándole una palmada en la cabeza.

Una vez zanjado el asunto, Isabella, junto con Yuko y Lydia, salió a recorrer la ciudad. Al parecer, quería ver sitios diferentes, ya que el único lugar en el que había estado en su vida era el Estado de Buckshawn.

Souta se alegró de que Isabella se estuviera abriendo a él poco a poco. Antes, se habría limitado a callar sin decir nada. Ni siquiera probaba bocado hasta que él le decía que comiera.

Estaba acostumbrada a la vida de esclava, y era difícil cambiar eso. Sus modales y su actitud tenían que cambiar. No le gustaba que actuara como si todavía fuera una esclava.

En fin, estaba seguro de que recuperaría la confianza en sí misma en el futuro.

Souta volvió a la habitación para descansar un rato. Ya no estaba agotado físicamente, pues había descansado antes de llegar a la ciudad, pero sí lo estaba mentalmente.

En los últimos dos meses, aparte de entrenar, no había hecho más que matar. Ya había matado a decenas de miles de personas. Necesitaba calmar su mente, aunque solo fuera por un día.

Por hoy, se olvidaría de todo y simplemente disfrutaría de lo que la ciudad podía ofrecerle. Ya le había dicho al señor de la ciudad que quería relajarse, por eso este ni siquiera lo molestó.

Mientras Isabella, Lydia y Yuko estaban fuera, Souta habló con Lumilia y los demás usando el talismán de transmisión. Escuchó lo que le contaron sobre la situación de allí.

Le dijeron que la Ciudad Ladro se estaba recuperando lentamente del desastre que acababa de sufrir. Era una gran noticia, pero el Instituto no iba a reabrir de inmediato, así que el director había decidido dividir a los estudiantes por ahora y dejar que se unieran a otras escuelas.

—¿Ah, sí? Entonces, ¿qué escuela eligieron? —preguntó Souta con interés.

—Alea nos invitó al Imperio Eterno. Vamos a ir allí como estudiantes de intercambio —le respondió Lumilia.

Entonces oyó la voz de Brando a través del talismán.

—¡Esa chica es una princesa! ¡No me lo esperaba para nada!

—¿Ah, sí? ¿Así que Alea es una princesa…? —dijo Souta con una sonrisa. Ya lo sabía, pero tenía que fingir que no.

—Sí, es una princesa… —dijo Lumilia. A continuación, se oyó la voz de Bryan, como si le estuviera hablando a Brando.

—¿Qué? ¿No sabías que era una princesa, Brando? Siempre anda diciendo eso de: «Yo, Alea, Princesa de la Luna de Sangre Crepuscular, desciendo sobre esta tierra desde el castillo de la Luna de Sangre».

Souta soltó una risita, pues podía imaginarse a Bryan imitando la pose de Alea al decir esas palabras.

Ninguno de ellos había creído esas palabras, excepto Bryan, pero al parecer Alea era de verdad una princesa. Una princesa de un gran país, el Imperio Eterno.

—En realidad, solo Lynn, Bryan y yo iremos al Imperio Eterno. Yujin y Brando van a la academia militar de la capital real del Reino de Hebrei —le dijo Lumilia.

—¿Ah, sí? Conque van a separarse —dijo Souta.

—Sí, vamos a separarnos por un tiempo. Pasará un tiempo hasta que el Instituto Ladro vuelva a la normalidad —le respondió Lumilia.

Habló con ellos durante una hora antes de cortar la comunicación. Hablaron de muchas cosas sobre lo que estaba ocurriendo allí. No tenía por qué preocuparse por ellos; Bryan, Lumilia, Lynn, Brando y Yujin eran bastante fuertes.

Ya era bien entrada la noche cuando Isabella, Lydia y Yuko regresaron. Traían muchas cosas consigo. Lo extraño era que no tenían dinero, así que ¿cómo habían podido comprar recuerdos?

Bueno, era fácil de adivinar. Cuando llegaron a este lugar, mucha gente se fijó en ellas, así que probablemente las reconocieron.

A juzgar por sus caras, parecía que se lo habían pasado bien recorriendo la ciudad. La ciudad era enorme y un día no bastaba para visitarla entera, pero como ya era de noche, tuvieron que regresar.

Souta las reunió en su habitación y creó una barrera para que nadie pudiera escuchar a escondidas su conversación.

—¿Qué has hecho? —preguntó Lydia, mirando a su alrededor. Como era de esperar, sintió que el aire de la habitación se tensaba.

—Solo he puesto una barrera alrededor de la habitación para evitar que nos espíen —le respondió Souta.

—Tienes algo que decirnos —supuso Lydia.

—Sí —asintió Souta mientras se sentaba en el sofá. Luego miró a Isabella y dijo—: Isabella, a decir verdad, no soy de este mundo. Me refiero a que Yuko, Alice y yo no procedemos de este mundo.

Isabella y Lydia se quedaron atónitas al oírle decir esas palabras tan de repente.

—No eres de aquí… —susurró Isabella, atónita.

Lydia tampoco podía creerlo. —¿Eres como yo…? ¿Pero de dónde? ¿Y cómo? —musitó.

—Bueno, pues esta es mi verdadera apariencia… —dijo Souta mientras se quitaba el brazalete de la mano. Su piel se tornó lentamente de un color verde oscuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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