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La Ex Esposa Guerrera Contraataca - Capítulo 356

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Capítulo 356: Capítulo 356 Votos en el ayuntamiento

Selina le lanzó una mirada escéptica a Allen. —¿Hablas en serio? Evelin está perdidamente enamorada de Jimmy. No hay forma de que puedas destruir lo que tienen.

—¿Cuál es tu plan? ¿Sobornar a algún funcionario del Ayuntamiento? ¿O quizá montar un secuestro dramático?

Allen la miró como si se hubiera vuelto loca. —¿De verdad te parezco esa clase de escoria? Solo estaba hablando por hablar. No me puedo creer que te lo hayas tragado.

Selina se quedó en silencio. «¿De verdad se puede bromear con algo así?», se preguntó.

—Vamos a ver qué está pasando —dijo Allen, dirigiéndose hacia la entrada del Ayuntamiento. Selina se apresuró para seguirle el ritmo.

Dentro, les llegaron fragmentos de conversaciones. —¿Habéis visto a esa pareja que está en la zona de la ceremonia? Él es absolutamente despampanante —susurró alguien.

—Y también está completamente entregado a ella. Cuando se le desató un cordón, se arrodilló y se lo ató. ¡Qué romántico! —añadió otra voz.

—Hacen una pareja perfecta. Mirad ese pedazo de diamante que lleva en el dedo. Si es de verdad, deben de ser una de esas parejas ricas y poderosas que se casan —observó una tercera persona.

—¿Una boda de millonarios no saldría en las noticias? Aunque últimamente no he visto nada sobre el tema —comentó otra persona.

Selina y Allen intercambiaron una mirada cómplice. La pareja que atraía toda esa atención tenía que ser Evelin y Jimmy. Sin dudarlo, ambos se dirigieron hacia la zona de la ceremonia.

Llegaron justo cuando la voz de Jimmy resonó en el lugar: «Sí, quiero».

El oficiante se volvió hacia la novia. —¿Señorita Elysia, acepta al señor Jimmy como su legítimo esposo?

——

POV de Evelin

Sostuve la mirada de Jimmy y, mientras sonreía, un calor se extendió por mi pecho. —Sí, quiero.

Por el rabillo del ojo, vi que Allen observaba con una leve sonrisa en los labios. Esa expresión era para mí: una felicidad genuina por que yo hubiera encontrado el amor de verdad.

A pesar del dolor que pudiera sentir, él quería mi felicidad. Aunque no pudiera ser él quien me la diera.

—Ahora, por favor, reciten sus votos matrimoniales juntos —anunció el oficiante.

Jimmy y yo nos pusimos hombro con hombro e intercambiamos una mirada tierna antes de hablar al unísono: «Nos elegimos para ser marido y mujer, a partir de hoy…».

Nuestras palabras llenaron la sala de la ceremonia de solemnidad y significado.

Era nuestro juramento de compartir toda una vida. Nuestra promesa de un para siempre.

Cuando terminamos y el oficiante nos entregó el certificado de matrimonio, Selina se acercó con una sonrisa radiante. —¡Felicidades!

—¡Gracias! —le respondí, radiante.

Allen también se adelantó. —Felicidades, Evelin. —Su atención se desvió hacia Jimmy, con la mirada fija—. No la decepciones. Se merece ser feliz, así que no lo estropees.

Jimmy le sostuvo la mirada a Allen. —Eve será feliz conmigo. Le daré más alegrías de las que ha conocido nunca; más de las que nadie podría darle.

Los dos hombres se miraron fijamente, y una tensión eléctrica llenó el espacio entre ellos. —Bueno, ya que estáis oficialmente casados, ¿por qué no lo celebramos con una cena? —intervino Selina, intentando aligerar el ambiente.

—Perfecto —respondí con una sonrisa. Tanto Jimmy como Allen aceptaron el plan.

Al salir del Ayuntamiento, Allen sacó una cajita y me la tendió. —Esto es para ti, un regalo de bodas. Espero que te encante.

—¿Un regalo? —Tomé la caja, la abrí y me quedé sin aliento. Dentro había un pergamino antiguo que había visto una vez en una subasta. Le había mencionado a Allen de pasada lo mucho que lo admiraba.

—Esto es demasiado valioso —protesté, recordando que el precio en la subasta había alcanzado unos 2,5 millones de dólares.

—Si te hace feliz, quédatelo —dijo Allen sin más.

—Pero solo lo mencioné de pasada, nunca esperé que lo compraras de verdad —dije.

—Lo sé —respondió Allen con una sonrisa amable.

Podía verlo en sus ojos: quería que yo tuviera todo lo que deseara. El dinero, claramente, no le importaba. Si con ello podía conseguir una sonrisa mía, probablemente se gastaría hasta el último céntimo.

—Lo compré pensando en ti desde el principio, es perfecto como regalo de bodas. No me digas que vas a rechazar un regalo mío —dijo Allen en tono juguetón.

—Además, sabes que estoy forrado. Un pergamino como este apenas afecta a mis cuentas —añadió.

—Está bien, gracias —dije, aceptando el regalo con una sonrisa.

De camino al restaurante, llamé rápidamente a Gregorio y a Rex para contarles la noticia de que Jimmy y yo lo habíamos hecho oficial en el Ayuntamiento.

La risa de Gregorio se oyó a través del teléfono antes de exigirme que se lo pasara a Jimmy. Le soltó su clásica advertencia: «Como alguna vez hagas infeliz a Eve, volaré hasta allí y te haré pagar».

La voz de Rex sonaba genuinamente arrepentida. —Siento no haber podido estar ahí hoy.

—Conseguir la licencia no es la boda en sí, podréis venir a la celebración de verdad —le aseguré.

—Y, Rex, lo más importante ahora mismo es que te quedes con Alice durante su tratamiento —continué.

Los viajes internacionales eran agotadores, sobre todo para Gregorio a su edad.

No quería que se agotara con viajes constantes.

Además, las secuelas de aquel ciberataque al Grupo Thor todavía estaban causando el caos. Últimamente, Gregorio estaba ahogado en trabajo de la empresa.

Lo único que podía hacer por ahora era identificar cada debilidad de la seguridad, solucionarlas y reconstruir por completo nuestros sistemas de defensa.

Pero la seguridad actual del Grupo Thor ya estaba obsoleta; otra brecha era inevitable. Una reforma completa ya no era una opción, era esencial.

Ya había hablado de esto con Gregorio y Rex.

Esos días, Rex estaba en Valdoria, compaginando el cuidado de Alice con la búsqueda de especialistas en TI para la renovación.

—Cuando Jimmy y yo celebremos la boda de verdad, tenéis que venir a visitarme y quedaros un tiempo. Quiero que pasemos tiempo de calidad juntos —dije durante la videollamada.

—Por supuesto —respondieron Gregorio y Rex al unísono.

Para cuando colgamos, el coche se había detenido frente a un exclusivo club privado.

Este club tenía fama en toda la ciudad por su cocina excepcional, y yo ya había cenado aquí con Jimmy antes; me encantaba su comida.

Los cuatro entramos en el comedor privado y nos acomodamos. Los ojos de Allen se fijaron en el anillo de diamantes que adornaba mi dedo. —¿Así que ese es el anillo de bodas?

—Desde luego, y es perfecto —me interrumpió Jimmy antes de que pudiera responder. Con evidente orgullo, me tomó de la mano y exhibió nuestros anillos a juego justo delante de los ojos de Allen.

Allen bufó. —¿En serio? ¿Cuándo te has vuelto tan inmaduro, Jimmy? ¿Ahora presumes de anillos?

—¿Crees que esto es presumir? Allen, en serio, necesitas ampliar tus horizontes —replicó Jimmy.

Vi a Selina poner los ojos en blanco ante su comportamiento, y casi pude oírla pensar en lo infantiles que se estaban comportando. Se suponía que eran los principales ejecutivos de Bonnie y, sin embargo, ahí estaban, discutiendo como adolescentes aburridos.

De repente, alguien abrió de un empujón la puerta de nuestro reservado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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