La expareja destinada del Alfa - Capítulo 110
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110: CAPÍTULO 110.
Encontrar la verdad 110: CAPÍTULO 110.
Encontrar la verdad *Selena*
Damon esbozó una sonrisa arrogante mientras se acercaba a mí, con la mirada fija en la mía mientras yo fruncía el ceño ante su inesperada presencia.
¿No se suponía que estaba trabajando?
¿Cómo había aparecido aquí tan de repente?
Al mirar a Harper, lo comprendí.
Quizás ella le había enviado un mensaje y él se había teletransportado hasta aquí.
—Entonces, todo era verdad.
Arabella existe de verdad —concluí, girándome para mirar el cuadro una vez más.
Nadie podía encontrar ninguna diferencia entre nosotras.
Ni siquiera yo.
El cuadro parecía muy antiguo y el atuendo que llevaba en él parecía pertenecer a alguna época remota.
La pintura era una obra maestra, y no pude evitar elogiar mentalmente al artista.
Había plasmado de verdad la belleza de la dama del cuadro, y me pareció incluso más hermosa que la realidad…
o quizá ella era más hermosa que yo.
Pero aún no podía creer que fuera verdad y que Arabella existiera de verdad.
Porque cuando Damon me habló por primera vez de Arabella, pensé que simplemente estaba coqueteando conmigo, usando su popular historia para impresionar a una chica.
Pero ahí estaba yo, contemplando el cuadro de Arabella ante mí.
—Siempre te dije la verdad, Selena, pero, por desgracia, nunca me creíste —chasqueó la lengua, con un deje de decepción.
Pero mi mente bullía con otros pensamientos y posibilidades.
¿¡Era Arabella esa pieza del puzle que me faltaba y que estaba buscando!?
—Vale, entiendo que Arabella es idéntica a mí —dije, mirándolo con aire interrogante—.
¿Fue ella también tu pareja destinada?
¿Y cómo puede ser una coincidencia que yo también sea tu pareja destinada?
—Arabella fue mi reina, mi pareja destinada y el amor de mi vida en una vida anterior, y el destino ha querido que ahora tú seas mi pareja destinada —explicó él con su tono frío.
—¿Estoy emparentada con Arabella de alguna forma?
Quiero decir, ¿fui yo Arabella en mi vida anterior?
—pregunté con curiosidad.
Su intensa mirada me atravesó como si intentara leerme la mente.
—¿Acaso te importa?
—replicó él.
—Claro que me importa.
Tengo derecho a saberlo todo sobre ella si está conectada conmigo de algún modo —insistí.
—Es solo una coincidencia que te parezcas a ella.
No hay ninguna conexión entre tú y Arabella —dijo él con desdén, girándose para mirar el cuadro con la misma adoración que me dirigía a mí.
—¿Ah, sí?
—lo desafié, y la mirada de Damon se volvió escéptica.
Sentí que había algo más.
—Sí.
Tienes que empezar a confiar en mí —enfatizó él.
Asentí, decidiendo dejar el tema por el momento.
Insistir podría levantar más sospechas.
—Por cierto, ¿qué haces aquí en mi habitación?
¿Ya te has decidido y quieres mudarte?
—preguntó, tomándome desprevenida.
—Ejem…
¡no!
—mascullé, y él reaccionó arqueando una ceja—.
Estaba aburrida, así que pensé en dar una vuelta por tu castillo.
Espero no haberte ofendido, Rey Vampiro —dije, dedicándole una mirada inocente.
—Por supuesto que puedes pasear por el castillo.
También es tu castillo, mi pareja destinada —aseguró él.
—Es muy amable de tu parte, Rey Vampiro, pero aún no estamos unidos en matrimonio, así que no puedo asumir oficialmente el título de tu reina —repliqué, con la voz teñida de un toque de resistencia.
—Podemos solucionarlo mañana mismo y casarnos, si das tu consentimiento —respondió, con una sonrisa pícara danzando en sus labios.
Me di la vuelta, poniendo los ojos en blanco.
—Eres increíblemente impaciente —mascullé por lo bajo.
—Culpable, mi pareja destinada —admitió él, ahora más cerca, mientras sus manos se posaban en mi cintura.
Un escalofrío me recorrió la espina dorsal cuando su contacto me provocó un hormigueo.
—Apenas puedo contener mi impaciencia, Selena —murmuró, inclinándose para depositar un tierno beso en mi nuca.
El corazón se me aceleró, asediado por una avalancha de emociones desconocidas.
—Ejem, lo sé, Damon, pero todavía necesito algo de tiempo —dije, girándome hacia él y dando un paso atrás para crear algo de distancia.
—Lo entiendo, bebé —respondió él, con la voz más grave y ronca.
—Entonces, ¿cuál es tu historia con Arabella?
—pregunté con impaciencia.
Damon se me quedó mirando durante un largo minuto antes de hablar.
—Te lo contaré más tarde.
Ahora mismo, quiero llevarte a un sitio.
—¡Eh!
—Me quedé estupefacta cuando me agarró de la mano y me llevó a saber Dios dónde.
Me condujo a una sala parecida a una de conferencias, donde muchas personas, ataviadas con trajes caros, estaban reunidas en torno a una gran mesa.
Miré a Damon perpleja.
Él sonrió antes de dirigirse a los presentes.
—Caballeros, permítanme presentarles a mi pareja destinada y reina, Selena.
Quiero que cada uno de ustedes detalle los preparativos para la próxima celebración y se adapte a cualquier ajuste que ella desee —proclamó Damon con autoridad.
—Damon, vas demasiado rápido en nuestra relación.
Por favor, ve más despacio —murmuré, mientras un destello de irritación aparecía en sus ojos por un brevísimo instante.
—Mis queridos súbditos esperan con ansia la gran celebración en tu honor, Selena —continuó él con su actitud serena pero distante.
Yo asentí, echando un vistazo a los cortesanos reunidos.
—Se lo agradezco sinceramente a todos, pero de verdad que no es necesaria tanta extravagancia —respondí amablemente.
—Mi Reina —tomó la palabra Silas, a quien recordaba como uno de los ministros de confianza de Damon—, es para nosotros un inmenso placer darle una cálida bienvenida a nuestro reino.
Asentí con una sonrisa.
—De acuerdo, decidme, ¿en qué puedo ayudar?
—pregunté, intentando integrarme.
Sus rostros se iluminaron de entusiasmo mientras compartían con avidez sus planes, pintando imágenes vívidas con sus palabras.
Yo absorbí cada detalle que revelaban, ofreciendo mis ideas y sugerencias donde lo consideraba oportuno.
Fue gratificante ver cómo el rostro de Damon también se iluminaba de satisfacción ante mi participación activa.
Sin embargo, en medio del torbellino de conversaciones y emoción, mi mente no dejaba de volver a Arabella.
Ella era la pieza que faltaba en el puzle, la clave para desentrañar la verdad que se escondía detrás de todo.
Necesitaba descubrir sus secretos, su conexión con la historia real.
Y para ello, sabía que tenía que ganarme su confianza, especialmente la de Damon.
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