La expareja destinada del Alfa - Capítulo 127
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127: CAPÍTULO 127.
Magia Negra 127: CAPÍTULO 127.
Magia Negra *Zander*
Aparté los arbustos y me abrí paso.
—¡Oh mi diosa!
—jadeó Maddox cuando un círculo iluminado apareció de la nada entre los arbustos—.
¿Qué es esto?
—murmuró de nuevo.
—Sinceramente, no lo sé, Maddox, pero mi instinto me dice que aquí puedo encontrar respuestas a mis preguntas —dije, respirando hondo mientras daba un paso adelante.
En cuanto mi pie aterrizó en el círculo iluminado, se hundió en el suelo y la tierra a su lado se desplazó para revelar un camino descendente.
—¡Qué coño!
—parpadeó Maddox, asombrado.
Tras lanzarle una mirada, observé el camino recién abierto en la tierra y di un paso decidido hacia adelante, sin saber a dónde me llevaría.
Pero sabía que tenía que hacerlo.
Para mi sorpresa, unas escaleras aparecieron abruptamente bajo mis pies y el hueco se iluminó con un brillo etéreo.
—¡Oh mi diosa!
Es un pasadizo secreto a algún lugar subterráneo —murmuró Maddox.
—Eso parece —suspire profundamente y empecé a descender.
Maddox me siguió de cerca y continuamos bajando sin que las escaleras parecieran tener fin.
El aire se volvió más frío a medida que descendíamos, y cada paso resonaba en el vasto vacío de abajo.
La luz parpadeante que emitían sus paredes penetraba la densa oscuridad de forma espeluznante, proyectando sombras en las ásperas paredes de piedra.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, salimos a una vasta cámara subterránea.
Me detuve en seco, asombrado por la escena que teníamos delante.
Ante nosotros se extendía lo que parecía el centro de un antiguo templo, cuya grandeza era a la vez sobrecogedora e intimidante.
Enormes columnas de piedra, grabadas con intrincadas runas y símbolos, se alzaban desde el suelo para sostener un techo que se perdía en las sombras de lo alto.
Las paredes estaban adornadas con murales desvaídos que representaban escenas de adoración y rituales arcanos, y sus colores, aunque apagados, todavía eran visibles.
En el centro del templo se erigía una colosal estatua de una entidad divina, con su rostro severo mirándonos desde arriba.
Sus ojos, aunque tallados en piedra, parecían seguir cada uno de nuestros movimientos.
Alrededor de la estatua había altares y mesas de ofrendas, ahora cubiertos de polvo, pero que aún conservaban los restos de antiguos sacrificios.
Caminé lentamente por la cámara, con mis pasos resonando en el silencio.
Las paredes contaban una historia a través de los grabados que las cubrían.
Parecía como si la entidad fuera el Dios de los brujos, y que el rey y su pueblo solían adorarlo.
Maddox se movió a mi lado, con el rostro reflejando una mezcla de asombro y aprensión.
—Este lugar…
es increíble —dijo, apenas en un susurro—.
Y esto parece un ritual —señaló una historia representada en los grabados.
—El Rey le ofreció algo al Dios, y le fue concedido su deseo —murmuré mientras lo examinaba—.
Pero ¿cuál pudo haber sido el deseo y cómo terminó condenado el reino?
—No pude evitar preguntármelo.
También había algo escrito en la antigua lengua de los brujos, que no pudimos descifrar.
Así que parecía que el reino de los vampiros fue una vez el reino de los brujos en la antigüedad.
Maddox sacó su teléfono y tomó algunas fotos.
—Se las enviaré al equipo de investigación a ver qué encuentran —masculló mientras fotografiaba todos los rincones del templo.
—Imagina el poder que debió ejercerse aquí, los secretos que estas paredes han presenciado.
—Miré a mi alrededor, sintiendo aún la poderosa magia en el aire.
«Zander, sal de este lugar inmediatamente», gruñó Lyon de repente en mi mente.
«¿Qué pasa?», me comuniqué por el vínculo mental, mientras mis ojos registraban los alrededores una vez más en busca de alguna señal inusual.
«Mi instinto de lobo percibe peligro aquí», dijo Lyon con urgencia, y entonces pareció que las sombras a nuestro alrededor comenzaban a moverse.
De repente, oí un siseo en el aire y mis sentidos hicieron que mi cabeza siguiera el movimiento.
—¡Maddox, cuidado!
—grité, abalanzándome sobre Maddox y cayendo al suelo, llevándomelo conmigo antes de que la flecha de plata lo alcanzara.
Atravesó el aire y se clavó en la pared detrás de Maddox.
¡Joder!
Estuvo cerca.
Pero ¿por qué el lobo de Maddox no pudo sentir el ataque?
Mis ojos se abrieron de par en par al darme cuenta.
¡La magia negra!
La magia en el aire estaba bloqueando nuestros sentidos.
Sin embargo, no podía afectar a Lyon.
Me puse de pie y le tendí una mano a Maddox, ayudándolo a incorporarse.
—¿Atacando desde las sombras?
Muéstrate, cobarde —gruñí con mi voz de Alfa.
Maddox me miró conmocionado, luego alzó la vista para mirar por encima de mi hombro.
Respirando con dificultad, me giré para seguir la mirada de Maddox mientras una sombra tomaba forma física.
A medida que la figura emergía de las sombras, todo cobró sentido.
El tridente dorado en su mano era la prueba de que sus intenciones no eran nada buenas.
—Así que esto era una trampa para mí —lo desafié, alzando la cabeza con orgullo.
—No tengo ningún problema contigo, Alfa.
Pero fuiste tú quien intentó llevarse a mi pareja destinada y empezó esto.
Tu curiosidad te ha llevado a la tumba —se burló Damon, resoplando y gesticulando a su alrededor con los brazos.
—¿Y te haces llamar Rey?
—me burlé—.
Atacando desde las sombras como un cobarde.
—Zander, no me parezco en nada a ti, y tus provocaciones no funcionan conmigo —dijo Damon con el ceño fruncido y aire de suficiencia.
—Así es, no te pareces en nada a mí.
Tengo sangre Alfa y soy un hombre de verdad, no un cobarde que carece de valores morales —gruñí, enseñando los dientes.
—¡¿Valores morales?!
—se rio con sorna—.
¿Hablas en serio, joder, Alfa Zander?
¿Qué gano yo con los valores morales?
Ni siquiera me darán la victoria —añadió con arrogancia.
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