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La expareja destinada del Alfa - Capítulo 214

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Capítulo 214: Capítulo 214. Explicación

*Selena*

Justo cuando estaba a punto de salir, Maddox apareció en el umbral, bloqueándome el paso.

—¡Luna, espera! ¿A dónde vas? —preguntó, con la confusión grabada en su rostro.

Apreté la mandíbula, sin ganas de dar explicaciones.

—Luna, tengo órdenes del Alfa. Me dijo que te detuviera…, va a venir a casa para hablar contigo —dijo con tono firme, obedeciendo a su Alfa como el leal Beta que era.

Solté una risa amarga. —Dile que se vaya al infierno. No me importa lo que tenga que decir…, me voy, y es mi última palabra.

Maddox exhaló con fuerza, con expresión dividida. —Por favor, Luna —suplicó—. No te vayas sin hablar antes con él.

Lo fulminé con la mirada, con los ojos ardiendo por el dolor que a duras penas contenía. —¿Acaso sabes lo que me hizo? —espeté, con la voz temblorosa.

Maddox dudó antes de responder. —Luna, no sé lo que viste o lo que crees que pasó —admitió, con clara sinceridad en su voz—. Pero sí sé una cosa: el Alfa te ama más que a nada. Él no te haría algo así.

Negué con la cabeza, mofándome con amargura. —¿Y esperas que le dé una oportunidad para explicarse?

Sus ojos se suavizaron. —Sí. Por favor, Luna.

La desesperación en su voz me hizo flaquear. Con un suspiro de agotamiento, volví a entrar en la habitación, arrojé las maletas sobre la cama y me derrumbé sobre ella.

Las lágrimas corrieron libremente mientras hundía la cara en la almohada, dejando que el dolor de mi corazón me consumiera.

—¡Mamá! —la dulce voz de Austin atravesó la pesadez de mi pecho, aliviándome como un bálsamo sobre una herida abierta.

Me sequé las lágrimas rápidamente antes de que pudiera verlas, pero sus ojos curiosos parpadearon, mirándome con confusión mientras corría hacia la cama y se subía a mi lado.

Lo atraje a mis brazos, abrazándolo con fuerza. —No es nada, mi niño —murmuré, forzando una sonrisa—. Solo estaba viendo una película triste y me ha emocionado.

Austin suspiró de forma dramática. —¡Oh, Mamá! —gruñó, con una expresión tan adorable que me hizo soltar una risita a pesar de que aún tenía los ojos húmedos—. Las películas no son de verdad. No deberías llorar por ellas.

—Está bien, sabiondo —reí entre dientes, besándole la mejilla.

Justo en ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Mi cuerpo se tensó en el instante en que Zander entró.

—¡Papá! ¡Has vuelto! —El rostro de Austin se iluminó de emoción—. ¿Qué tal si vamos al espectáculo de luces láser junto al lago? ¡Ha pasado tanto tiempo desde que tuvimos una salida familiar! —se quejó, haciendo un pequeño puchero.

Pasé mis dedos con cariño por su suave cabello.

Zander, sin embargo, se mantuvo serio. —Iremos en otro momento, Austin —dijo con firmeza—. Ahora mismo, necesito hablar con tu mamá de algo importante.

El rostro de Austin se ensombreció por la decepción y se volvió hacia mí con ojos esperanzados. Se me encogió el corazón al ver su expresión.

Le ahuequé el rostro con delicadeza. —Ve a jugar un rato con la tía Blair y yo iré a buscarte pronto. Luego iremos al lago, ¿vale? —le prometí.

Sus pequeños hombros se relajaron y asintió. —Vale, Mamá.

Se deslizó de mi regazo y salió corriendo por la puerta en dirección a la habitación de Blair.

En cuanto nos quedamos solos, Zander se dio la vuelta y cerró la puerta con llave tras de sí.

Pero mi resolución se mantuvo firme: no iba a perdonarlo tan fácilmente.

*Zander*

—Selena, cariño, confía en mí. —Di un paso para acercarme, pero ella levantó una mano y me detuvo.

—No te acerques más —espetó—. Termina rápido lo que tengas que decir. —Su mirada ardía de furia, e incluso Lyon me miraba con ira. ¿Cómo pude cometer un error tan estúpido?

Esa tarde, había recibido un mensaje de Anne, que decía que necesitaba discutir algo urgente sobre su manada. Quería evitar reunirme con ella, pero insistió en que no llevaría mucho tiempo y que de verdad necesitaba mi ayuda. Exigió privacidad, y cuando fui a verla al hotel, solo bebí un vaso de whisky y, de repente, perdí el conocimiento.

Pero sabía, en lo más profundo de mi alma, que no pudo haber pasado nada entre Anne y yo. Ni siquiera inconsciente podría traicionar a mi pareja destinada.

—Cariño, le pedí a Maddox que analizara el whisky y encontraron restos de plata. Eso fue lo que me hizo perder el conocimiento. Pero créeme, no me acosté con Anne —supliqué, con voz desesperada.

Selena apretó la mandíbula. —¿Estabas inconsciente? ¿Cómo sabes que no pasó nada entre tú y Anne? —desafió, con la voz afilada por la acusación.

Exhalé, pasándome una mano por el pelo. —Tuve que ser duro con Anne y finalmente confesó —admití, dudando antes de terminar—. Lo hizo porque… porque me ama y quería que me casara con ella.

—¿De verdad confesó? —Los ojos de Selena se abrieron de par en par, pero aún podía ver la incredulidad en ellos.

—Sí, tengo mis propios métodos —asentí.

Al principio, Anne había insistido en que debía responsabilizarme de ella después de haberme acostado supuestamente con ella. Pero cuando exigí un examen médico, se puso pálida. Nerviosa y acorralada, finalmente reveló sus verdaderas intenciones: lo había orquestado todo para crear un malentendido entre Selena y yo. Solo se derrumbó por completo cuando usé mi tono de Alfa.

Selena me miró fijamente durante un largo momento antes de hablar por fin. —¿Por qué debería creerte?

Suspiré, encontrándome con su mirada. —¿Quieres que haga que Anne confiese delante de ti? —ofrecí con seguridad. No tenía nada que ocultar, y si eso era lo que hacía falta para demostrar mi inocencia, estaba más que dispuesto.

—No es necesario —negó con la cabeza.

Me acerqué más, escrutando su rostro. —¿Entonces qué es lo que quieres, pareja destinada? —pregunté, inclinando ligeramente la cabeza.

Levantó la barbilla con aire desafiante. —Cuéntamelo todo —exigió—. Todo…, incluida la verdad sobre el Alfa Oscuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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