Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La expareja destinada del Alfa - Capítulo 24

  1. Inicio
  2. La expareja destinada del Alfa
  3. Capítulo 24 - 24 CAPÍTULO 24
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

24: CAPÍTULO 24.

Ramen de medianoche 24: CAPÍTULO 24.

Ramen de medianoche Selena
Suspiré, sabiendo que tendría que irme a la cama con hambre.

Pero justo cuando estaba a punto de resignarme a mi suerte, Lola se me acercó con una expresión compasiva.

—Selena, Eden es malvada, pero toma, he guardado un trozo de pan para ti.

Siento que tengas que trabajar con solo un trozo de pan —dijo, con la voz llena de auténtica preocupación.

—Gracias, Lola —sonreí agradecida, dando gracias en silencio a la Diosa Luna por la amabilidad de Lola.

Estaba a punto de comer cuando oí el llanto de un niño.

Picada por la curiosidad, me giré y vi al hijo de una omega angustiado.

—¿Qué ha pasado?

—pregunté, acariciándole suavemente la cabeza.

—Se quedó dormido cuando empezó el evento y ahora se ha despertado con hambre.

Ya se ha acabado todo y no queda comida —explicó su madre.

Con el corazón lleno de empatía, le ofrecí al niño el pan que tenía.

—Cariño, no llores.

Toma este pan.

Espero que te llene la barriguita —dije, tendiéndole el trozo de pan.

—Gracias.

Con esto le basta —sonrió la madre del niño, con la gratitud brillando en sus ojos.

—No es nada —le devolví la sonrisa, suspirando.

Mi propia hambre pareció disiparse mientras veía al niño comerse el pan, con el rostro iluminado de satisfacción y felicidad.

En ese momento, me di cuenta de que, aunque había sacrificado mi propia comida, la alegría que sentía en mi corazón era mucho más gratificante de lo que cualquier alimento podría ser jamás.

Hoy, echaba de menos a mi bebé más que nunca.

Recé en silencio a la Diosa Luna para que mantuviera a mi hijo a salvo hasta que completara esta tarea, y me prometí que, cuando volviera, nunca más dejaría solo a mi pedacito de corazón.

La impotencia de una madre pesaba sobre mí, haciendo flaquear mi determinación.

Ansiaba volver, abrazarlo fuerte.

¿Cómo podía estar viviendo sin su madre?

Todavía era tan pequeño.

Con la desesperación oprimiéndome el pecho, abrí mi dispositivo.

Habían pasado dos días, pero mi cliente anónimo aún no se había puesto en contacto conmigo.

De repente, la pantalla cobró vida y, en cuestión de segundos, apareció un mensaje de texto del cliente anónimo.

Mi corazón se llenó de esperanza al leer las palabras:
«La ayuda está ahí.

Vuelve a la acción».

Me recliné en la silla, asimilando la gravedad de esas pocas palabras.

Esa noche era la noche, el momento en el que tenía que demostrar mi valía infiltrándome en el sistema más seguro del mundo.

Era un desafío que solo una hacker genial como yo podía asumir.

Con un sentimiento de determinación ardiendo en mi pecho, supe que tenía que aprovechar esta oportunidad.

El tiempo pareció ralentizarse mientras miraba el reloj de mi escritorio.

Podía sentir el nerviosismo intentando aflorar de nuevo en mi corazón, pero lo reprimí al darme cuenta de que tenía ayuda en la casa de la manada que se encargaría de que el cruel Rey Alfa no llegara hasta mí.

Se acercaba la medianoche, la hora crítica en que cambiaba el turno de los guardias de seguridad.

Era la ventana de oportunidad perfecta para ejecutar mi plan.

Ya había estudiado meticulosamente los protocolos de seguridad y trazado cada detalle de la distribución del edificio.

Ahora, era el momento de poner a prueba mis habilidades, y estaba decidida.

Mientras esperaba en la oscuridad de mi habitación, los minutos parecían horas.

El silencio se rompió por un repentino estrépito de utensilios en la cocina.

La frustración creció dentro de mí mientras maldecía en voz baja.

¿Quién en su sano juicio estaría despierto a estas horas intempestivas?

Impulsada por la curiosidad y la necesidad de silencio, suspiré y cerré mi dispositivo, dejando atrás el brillo de la pantalla.

Me dirigí sigilosamente hacia la cocina, decidida a investigar el alboroto.

Al acercarme, vislumbré una figura que se movía.

Encontré al gran Rey Alfa Zander Blake ocupado en la cocina de la manada, con la atención centrada en la encimera mientras rebuscaba entre varios objetos.

La decisión se cernía ante mí, amenazando con romper el delicado equilibrio entre la cautela y la ambición.

Sabía que cualquier retraso podría poner en peligro mi misión, pero la curiosidad se encendió en mí y me acerqué a él con cautela, con los ojos fijos en cada uno de sus movimientos.

—Alfa —lo llamé, y su cabeza se giró bruscamente hacia mí, mirándome brevemente antes de volver a posar la vista en la encimera donde continuaba su búsqueda.

Sin acusar recibo de mi presencia, masculló algo entre dientes que no pude oír, dejándome insegura de cuál era mi lugar en la situación.

—¿Cómo puedo ayudarlo, Alfa?

—inquirí con el tono firme y obediente de una omega.

De nuevo, permaneció en silencio, con la concentración inalterable.

Miré a mi alrededor.

¡¿Dónde diablos estaba mi supuesta ayuda?!

Respiré hondo para reprimir mi molestia y mantuve una expresión neutra.

Decidida a ser de ayuda, di unos pasos más, acortando la distancia entre nosotros.

—Si me dijera lo que está buscando, podría ayudarlo a encontrarlo —ofrecí, con un tono lleno de seriedad.

Zander finalmente respondió, su voz cargada de su característica frialdad.

—Tengo hambre, así que me estoy preparando algo de comer.

Sus palabras despertaron mi interés.

El gran Rey Alfa, famoso por su poder y autoridad, se estaba preparando su propia comida.

Era como si el sol hubiera salido por el oeste, desafiando todas las expectativas.

—¿Ha cocinado alguna vez en su vida?

—susurré con sorna, incapaz de reprimir la intriga.

Pero de inmediato me di una bofetada mental al darme cuenta de que, como hombre lobo, podía oír hasta los susurros más leves.

Para mi sorpresa, permaneció en silencio, con la atención centrada en el contenido del frigorífico y los recipientes de comida.

Su determinación por encontrar lo que necesitaba era evidente en su mirada inquebrantable.

Respirando hondo, reuní valor y volví a hablar, ofreciéndole mi ayuda.

—Dígame qué quiere comer y se lo prepararé, Alfa —ofrecí amablemente.

—¡Ramen!

—Su respuesta me pilló por sorpresa.

¿Había oído bien?

¿Ramen?

Los recuerdos inundaron mi mente, transportándome a la época en que estábamos casados.

Zander nunca había mostrado interés alguno por el ramen, a pesar de mi propia afición.

Yo tenía un antojo particular por comer ramen a medianoche, y cada vez que lo cocinaba, él me miraba como si me estuviera deleitando con la comida más repulsiva del mundo.

Y ahora, ahí estaba él, deseando ramen.

Tanta ironía y giros del destino me dejaron momentáneamente desconcertada.

Reprimiendo todas las emociones que inundaron mis recuerdos, me volví hacia él con una leve sonrisa.

—Por favor, siéntese ahí —indiqué con un gesto un pequeño taburete junto a la barra de desayuno, a una distancia prudencial de mí—.

Lo tendré listo pronto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo