La expareja destinada del Alfa - Capítulo 48
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48: CAPÍTULO 48.
Cita desastrosa 48: CAPÍTULO 48.
Cita desastrosa Selena
—Te contaré todo sobre Arabella —respondió con un tono juguetón y pícaro—.
Pero primero, tienes que almorzar conmigo.
Puse los ojos en blanco, incapaz de reprimir una sonrisa.
Era innegablemente un coqueto y, aunque intenté que no me afectara, había algo en su encanto que era difícil de ignorar.
Había oído hablar del encanto de los vampiros y ahora podía decir que los rumores eran ciertos.
Amablemente, me abrió la puerta del copiloto y me ayudó a acomodarme en el confortable asiento.
Con un toque delicado, me abrochó el cinturón de seguridad, mostrando una faceta caballerosa que no esperaba de un poderoso príncipe vampiro.
Tras cerrar la puerta y dirigirse al asiento del conductor, introdujo la llave en el contacto con destreza y puso el coche en marcha hacia nuestro destino.
El coche se deslizó con suavidad y pronto llegamos a un lujoso hotel de cinco estrellas donde se alojaba el Príncipe Damon.
No pude evitar mirarlo con recelo, insegura de lo que me deparaba aquel almuerzo.
Se rio, como si estuviera leyendo mis pensamientos.
—No te preocupes, no me aprovecharé de ti después de emborracharte —dijo, encogiéndose de hombros con picardía.
—No podrías, porque no bebo —mentí, tratando de medir su reacción.
—Oh, qué mala suerte la mía —suspiró con fingido pesar, añadiendo un toque juguetón a su tono de remordimiento.
Dentro del hotel, me guio a una mesa que ya había reservado y, mientras observaba el opulento ambiente y escuchaba la música suave, los recuerdos de mi primera cita con Zander inundaron mi mente.
Este lugar tenía un valor sentimental, recordándome la vez que me trajo aquí e incluso reservó el hotel entero para que estuviéramos a solas.
Darme cuenta de que ahora el interés de la gente se centraba en que el Príncipe Damon estuviera aquí con una chica me provocó una punzada de resentimiento.
Odiaba a Zander.
Sí, lo odiaba.
Ya no éramos parejas destinadas, y él ya había pasado página y estaba a punto de casarse.
Entonces, ¿por qué no podía yo hacer lo mismo?
¿Por qué me resultaba tan difícil dejar que un hombre se me acercara?
Se sentía como una maldición, estar atrapada en las secuelas de haber amado a un demonio cruel.
Damon me sonrió, con los ojos llenos de curiosidad y encanto, mientras me veía inspeccionar el lugar.
—Y bien, ¿qué te gustaría pedir?
—preguntó con su voz aterciopelada.
Con el menú en la mano, examiné las exquisitas propuestas antes de decidirme por algunos de los mejores platos que ofrecía el hotel.
Los sabores prometían ser extraordinarios, un reflejo perfecto del lujoso entorno en el que nos encontrábamos.
Mientras saboreábamos el delicioso almuerzo, nos sirvieron mi postre favorito: una creación celestial conocida como «Delicia Euforia».
El propio nombre parecía apropiado, ya que el primer bocado envió oleadas de placer a mis papilas gustativas.
La textura cremosa, combinada con la mezcla perfecta de sabores, lo convertía en un manjar inolvidable.
—Selena, me gustas —soltó Damon de repente, y su voz adoptó un tono más serio al hablar.
Su declaración me pilló por sorpresa.
Parpadeé, atónita, tratando de procesar su repentina confesión.
—Damon, tú… —vacilé, buscando las palabras adecuadas—.
No me conoces.
Yo soy… —Pero antes de que pudiera continuar, me interrumpió con una afirmación tranquila pero firme.
—Lo sé todo sobre ti, Selena.
Sé que eres la expareja destinada del Alfa Zander y la antigua Luna de esta manada —confesó, dejándome sin palabras.
Me quedé sentada, completamente conmocionada por la revelación de que Damon ya sabía sobre mi pasado con Zander.
Mientras el silencio se alargaba entre nosotros, finalmente recuperé la voz.
—Escucha, si intentas acercarte a mí solo para vengarte de Zander, no funcionará.
Él ya no siente nada por mí —dije con el ceño fruncido, queriendo dejar clara mi postura.
—No, no tiene nada que ver con Zander ni con nuestro pacto de paz —respondió, con sinceridad en la mirada y suavidad en la voz—.
Me gustaste la primera vez que te vi y, en aquel entonces, no sabía nada de que fueras la expareja destinada del Rey Alfa.
Sus palabras me pillaron desprevenida, y no pude evitar sentir una mezcla de curiosidad e incertidumbre sobre sus verdaderas intenciones.
Sin embargo, la sinceridad de su mirada me hizo querer creerle, confiar en que era genuino.
—Pero no tienes ni idea de lo que siento por ti.
Si te dijera que te amo —hizo una pausa, con una sonrisa cálida y genuina—, no me creerías.
Los nervios se apoderaron de mí y solté una risita para aliviar la tensión.
—¿Amor?
¿No es demasiado pronto?
—pregunté, con el corazón latiéndome más rápido.
—¿Por qué?
¿No has oído hablar del amor a primera vista o de ese tipo de amor que trasciende los límites de la vida, la muerte y el universo?
—me desafió, clavando sus ojos en los míos, sin dejar lugar a dudas de que hablaba desde el corazón.
Sus palabras resonaron en lo más profundo de mi ser y me dejaron sin habla.
Hablaba de un amor que parecía un sueño lejano, uno en el que yo había creído antes de que Zander me destrozara el corazón.
—Selena, quiero que vengas conmigo cuando termines tu trabajo aquí —exigió con expresión seria.
Fruncí el ceño, tratando de procesar sus palabras.
¡¿Lo sabía?!
Mi mente se aceleró, preguntándome cuánta información había logrado reunir sobre mí y mi propósito aquí.
—¿Cómo sabes por qué estoy aquí?
—inquirí, sorprendida de que lo supiera.
—La Señorita Avery me dijo que eras su gobernanta y… —dejó la frase en el aire, encogiéndose de hombros con indiferencia.
Asentí, dándome cuenta de que había sido Avery quien había revelado mi presencia aquí.
—Selena, ven conmigo.
Mereces que te traten como a una reina, no como a una omega —insistió con seriedad.
¿Pero podía confiar en él?
¿Era esta mi oportunidad para dejar atrás mi pasado con Zander?
Mi mente era un torbellino de dudas e inseguridades.
Lo escruté con atención; era innegablemente apuesto y encantador, el tipo de hombre que podría tener a cualquier mujer que deseara.
Entonces, ¿por qué quería que me fuera con él?
¿Era genuino ese amor del que hablaba?
—Necesito tiempo —respondí, casi de forma involuntaria, buscando un momento para ordenar mis emociones.
—Por supuesto —respondió, con la voz ligeramente tensa—.
Estoy aquí y no me iré a ninguna parte hasta que me des una respuesta.
—Pero, hablando en serio, Selena —continuó, con voz suave y sincera—, quiero que nos des una oportunidad.
Quiero que sientas que esta conexión es real y que es la única verdad.
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